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Historias de Entre Rios
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 Libro II Intro Cap 1 Cap 2 Cap 3 Cap 4 Cap 5 Cap 6 Cap 7 Cap 8 Cap 9 Cap 10 Cap 11 Cap 12 Cap 13 Cap 14 Cap 15
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Libro I
Capítulo 13

Historias Oficiales y Pasado Verdadero


 

La Historia Oficial es una deformación de la realidad del pasado para sustentar el orden social presente. Es una herramienta necesaria en todos los paises del mundo para justificar legalmente la posesion de un territorio y el sistema de gobierno dentro de sus dominios. Ningún país podría sobrevivir sin el reconocimiento oficial de los demás gobiernos e instituciones internacionales de reconocido prestigio.

Los Historiadores Oficiales son como los abogados defensores que justifican ante la comunidad internacional y nosotros mismos la presente Soberanía Nacional del País. Al igual que un buen abogado defensor, el Historiador Oficial no puede mentir y tiene que presentar hechos probados e irrefutables. Pero no queremos que diga toda la verdad porque nos puede perjudicar. También necesitamos que exagere un poco y ponga énfasis en los hechos que más nos puedan beneficiar.

Podemos aceptar la razón de ser de La Historia Oficial como una justificación del presente orden social establecido dentro de nuestro territorio. Fue una herramienta útil para conseguir que nuestro país tenga fronteras aceptadas por nuestros vecinos, gobernantes reconocidos internacionalmente y por nosotros mismos.

Lo terrible de la Historia Oficial es que la terminemos creyendo como cierta y verdadera en toda su extensión para sacar conclusiones en base a premisas falsas.

Colón no descubrió América, Cabral no descubrió Brasil, Solís no descubrió el Río de la Plata y si nos adelantamos un poco más en nuestro pasado, los entrerrianos tampoco declaramos la independencia el 9 de Julio de 1816. En todas las escuelas les estamos llenando la cabeza de mentiras a nuestras futuras generaciones. Para reforzar esas enseñanzas, descansamos en días feriados para conmemorar acontecimientos falsos.

El escritor y crítico francés Rémy de Gourmont (1858-1915) quien fuera uno de los principales exponentes del simbolismo, dijo que "cuando un error entra en el dominio público ya no sale nunca más de él; las opiniones se trasmiten hereditariamente y al final eso se convierte en la Historia." Dentro de este contexto, podemos afirmar que gran parte de la Historia que nos han enseñado desafía nuestra inteligencia y no resiste un análisis crítico.

  La Historia como Ciencia independiente

Hace unos dos mil quinientos años, los griegos se negaron a aceptar que perder una guerra o adquirir una enfermedad eran castigos de los dioses. Entonces crearon dos ciencias que tienen como objeto de estudio al Hombre en sí mismo: la Historia y la Medicina, Ver la Cultura Griega

La intención de Heródoto y Tucídides al inventar la Historia como Ciencia, era evitar la mala suerte colectiva, aprendiendo de los errores cometidos en el pasado. Querían que la humanidad y sus líderes fueran capaces de adquirir experiencia en la toma de decisiones.

Casi al mismo tiempo, la intención de Hipócrates al inventar la Ciencia de la Medicina fue que la humanidad adquiera experiencia en curar a los enfermos.

Todos sabemos que la medicina es un éxito en continua evolución a medida que aumenta nuestra tecnología. Ya se han alcanzado niveles notables de experiencia y existe un optimismo generalizado con respecto a los milagros científicos que serán capaces de curarnos en el futuro.

Los médicos ya no nos curan con ungüentos, sin embargo, los gobernantes todavía siguen consultando a la sacerdotisa Pitia (tirándose las cartas, leyéndose las manos o interpretando a las estrellas) antes de declarar una guerra o tomar cualquier otra decisión importante. El antiguo oráculo de Delfos fue reemplazado por modernas encuestas de una opinión pública mediáticamete inducida. Tampoco hay indicios de que esta situación vaya a mejorar en el futuro inmediato.

La Historia es en el presente, el mayor y único fracaso de todas las Ciencias Griegas.

Si hacemos un análisis de la "Historia de nuestra Historia", veremos que la forma en que se han narrado los mismos acontecimientos del pasado ha ido variando en el tiempo. En vez de usar la Historia como Ciencia para aprender a tomar decisiones, en todas la épocas se ha difundido una Historia Oficial para enseñar y demostrar lo bien que se estaban tomando las decisiones en el presente.

Al referirse a las modificaciones en los planteamientos histográficos, Pedro Pérez Herrero dice que cada época analiza su pasado en función de las preocupaciones del presente (1). Entre los años 1500 y 1700 los historiadores querían definir si los habitantes nativos americanos eran o no seres humanos. Entre los años 1700 y 1800 discutían si el beneficio de la economía colonial debía seguir quedando mayormente en América o si debía ser para la Metrópolis. A partir del año 1800 el punto de vista se centró en resaltar cómo la sociedad americana había sido oprimida por los invasores españoles para justificar la independencia y el autogobierno de las sociedades iberoamericanas. En el siglo XX se destacaba el fracaso económico de América Latina como la consecuencia de una cultura heredada de sometimiento al imperialismo. Siguiendo con el mismo criterio, entonces podríamos decir que en el tercer milenio vamos a escribir nuestra propia historia en función de las desigualdades sociales y la inequitativa distribución de la riqueza entre los habitantes.

Aprender a tomar decisiones acertadas en base a la Historia que nos enseñan es una utopía porque cada presente tiene una Historia Oficial diferente para explicar un mismo pasado. La Historia Oficial es una herramienta para demostrar que todo está muy bien como está. Las respuestas que estamos buscando en nuestro Pasado Verdadero es lo que hay que cambiar para mejorar nuestro presente.

Este concepto es descorazonador, porque implica que si bien hubo un solo Pasado Verdadero, en cada época tendremos una Historia Oficial diferente en función de nuestras propias necesidades colectivas. Por lo tanto, jamás alcanzaremos a tener una enseñanza, porque toda nuestra información y fundamentos van cambiando a lo largo del tiempo con cada generación.

Si cada uno de nosotros podríamos volver en una máquina del tiempo para observar algún acontecimiento del pasado, lo contaríamos de una manera diferente según nuestros propios puntos de vista individuales. Eso está claro, pero también existe la Historia enciclopédica sin adjetivos.

Una cosa es opinar sobre los hechos del pasado y otra muy distinta es negar algo que verdaderamente pasó o inventar algo que nunca ocurrió. Por ejemplo, algún europeo fue el primero en llegar navegando al Río de la Plata. Si Américo Vespucio llegó en 1502, entonces no deberíamos enseñarle a nuestros niños que Solís lo descubrió en 1516.

Lo que hay que enseñarle a las nuevas generaciones es que Calos V prohibió desde 1520 llamar América a nuestro continente porque lo consideraba un nombre protestante. Por lo tanto Américo Vespucio fue "borrado" de la Historia Oficial de España por trecientos años y se decía que Solís fue el primero en llegar al Río de La Plata y lo seguimos diciendo por costumbre. El resto de los Europeos enseñan que el primer europeo en llegar navegando al Río de la Plata fue Américo Vespucio.

La Historia Oficial cambia a lo largo del tiempo según las estrategias políticas de cada época. La Historia científica también puede ir cambiando con el tiempo y eso es positivo si nos va acercando cada vez más a nuestro Pasado Verdadero. Para conseguirlo hay que encontrar todas las incongruencias en la Historia que nos contaron, hay que buscar todos los documentos que nos ocultaron y se debe escuchar como todos los demás pueblos cuentan la misma Historia que nos enseñaron a nosotros. Generalmente la Historia oficial de cada país es sinónomo de Historia Nacional y cada cual la cuenta a su manera deformando la información que se enseña en las escuelas a los futuros ciudadanos. Por lo tanto, acercar la Historia al Pasado Verdadero es mejorar la calidad de la población.

Los historiadores no han sido personas libres. Había temas que de eso no se hablaba y hasta ignoraban documentación existente que contradecía la Historia Oficial de cada época. Desde 1492 hasta 1897 pasaron cuatro siglos en que todos los historiadores aceptaban incuestionablemente que Colón descubrió América.

Cuando instituciones serias como "The Geographical Journal" de Londres y la "Societé Geográfica Italiana" empezaron a hablar abiertamente del tema, inmediatamente aparecieron Jaime Cortesao (1902), Solidonio Leite (1912) y Enrique de Gandía (1935) entre otros, con documentación y conclusiones que prueban que los portugueses estuvieron en Brasil medio siglo antes que Cristóbal Colón llegara a la Isla de San Salvador.

Por la fuerza bruta o por simple temor al desprestigio oficial, los historiadores nos estuvieron barriendo lo que sabían bajo la alfombra por muchísimo tiempo. No podemos estar seguros que muchos prestigiosos historiadores no sigan haciendo lo mismo en el presente. La única forma de descubrirlo es poniendo en duda a todo lo que nos cuentan. Un verdadero científico de la Historia no le debe tener miedo a ningún tema. Si los mapas de Piri Reis son inexplicables, hay que decir que existen y que son inexplicables. De nada sirve "olvidarse" de mencionarlos.

Nunca vamos a conocer nuestra propia esencia por medio de la Historia Oficial que nos enseñan en las escuelas reguladas por la moderna Inquisición del Estado. La clave de las soluciones que necesitamos en nuestro presente están en nuestro Verdadero Pasado sin adjetivos. La Historia como Ciencia no puede estar subordinada a la Diplomacia, a las Relaciones Internacionales y a la Política Interna de los Gobernantes de turno.

No se puede analizar el pasado respetando ciegamente al bronce de nuestras estatuas.

La teoría atómica de los griegos, el modelo de Bohr, la física cuántica, la ecuación de Srodinger y hasta la mismísima relatividad de Einstein, también eran puras especulaciones intelectuales del mundo occidental hasta que finalmente explotó Hiroshima.

Los filósofos de la naturaleza fueron capaces de separar lo que es permanente de lo que cambia o fluye y lo explicaron magistralmente. Empédocles hizo la síntesis entre el racionalismo de Parménides (todo permanece) y el experimentalismo de Heráclito (todo fluye, todo cambia). La tierra se transforma en árboles y el agua se transforma en peces, pero todo está formado por átomos permanentes e inmutables que por odio (repulsión) se separan destruyendo los árboles y por amor (atracción) se vuelven a unir para formar la tierra. Lo que era árbol es tierra y lo que era agua se hace pez. Nada se gana, Nada se pierde, Todo se transforma, Todo permanece.

En el estudio de la Historia como Ciencia, también hay que saber separar lo temporal de lo permanente para llegar a conocer nuestra propia esencia.

Las mayorías silenciosas de la edad media, de la época colonial, de los siglos independientes y en el tercer milenio, a veces eran agua y después se transformaban en peces. Los dirigentes medievales, cortesanos trastámaras, hacendados, virreyes, caudillos y presidentes a veces eran tierra y después se convertían en árboles. Todo permanece (fundamentalismo), Todo cambia (pragmatismo), Todo fluye en nuestro pasado. El desafío es encontrar los átomos de nuestra esencia que son permanentes en el tiempo, indeformables en la adversidad y que están ocultos en nuestro propio Pasado Verdadero.

Los mismas partículas fundamentales están en el Cid Campeador, en Carlos V, en Rosas, en Perón y en nuestros presidentes de turno. Los átomos de las mayorías silenciosas siempre exigen líderes fuertes, o en su defecto, un entorno de acero alrededor de una figurita de cartón, como Alvaro de Luna, el Cardenal Cisneros o López Rega. Todo cambia, Todo pernanece, Nada se gana, Nada se pierde.

Los mismos componentes débiles de nuestras flojas instituciones requieren líderes influyentes en la Corona, en la Casa de Contratación y en la Cámara de Diputados. Las mismas pasiones y ambiciones desenfrenadas se combinan una y otra vez para que los árboles se vuelvan tierra, los peces agua y todo se repita de nuevo con una apariencia distinta, pero con un mismo núcleo permanente.

En nuestra realidad Iberoamericana, a lo largo de todos los tiempos, hemos aceptado frágiles pactos sociales donde unos hacen como que gobiernan y otros hacen como que les obedecen. Los dirigentes aparentan que promueven el bien público y los ciudadanos hacen como que pagan impuestos.

Nunca vamos a conocer nuestra propia esencia por medio de la Historia Oficial, llena de héroes y villanos, que nos enseñan en las escuelas reguladas por la moderna Inquisición del Estado. La clave de las soluciones que necesitamos en nuestro presente están en nuestro Pasado Verdadero, donde nuestros dirigentes eran gente de carne y hueso. Nunca la vamos a conocer exactamente, pero a medida que nos acerquemos a la verdad del pasado, vamos saber mejor lo que debemos cambiar ahora para mejorar nuestra convivencia colectiva.

Mejorar el conocimiento Pasado Verdadero es necesario para aumentar nuestra calidad de vida. Hace dos mil quinientos años los griegos tuvieron un tremendo avance porque pusieron en duda todo lo que sabían hasta el momento y se pusieron a investigar con espíritu crítico todas las verdades que "no cerraban". Veamos algunos ejemplos notables de las equivocaciones de nuestra Historia, que todavía aceptamos con acostumbrado consenso.

  ¿Cuándo los Europeos llegaron a América?

La pregunta referida al predescubrimiento de América por parte de los portugueses está ampliamente documentada, tanto para demostrarla como para tratar de desmentirla. Por muchos siglos fue un tabú hablar de este tema, debido a los conflictos diplomáticos internacionales que podía provocar.

Durante toda la Edad Media se mencionaban míticas islas en el Océano Tenebroso, al Oeste del Ëstrecho de Gibraltar o Columnas de Hércules. La más famosa de todas era La Atlántida, mencionada desde la época de los griegos y que finalmente le diera su nombre al Océano Atlantico. Entre los años 1325 y 1492 los mapas mencionan las islas atlánticas Brandani, Diculi, Mayda, Isla Verde, Antilia, São Brandão, Reylla, Salvagio, Man Satanaxio, Stokafixia, Bentusla, Reylla, De Las Siete Ciudades y otras. Posteriormente se pudo comprobar que no todas eran fantasías medievales.

La más trascendente resultó la Isla de Brasil, porque recibía su nombre debido a un árbol que crecía en ella llamado Palo Brasil (Caesalpinia echinata) . De su madera se extraía un extracto tintóreo rojo como la brasa que se usaba para teñir las telas.

Este árbol sólo crecía en el Continente Americano. ¿Cómo era conocido en Europa?

Palo Brasil La Isla de Brasil aparece con ese nombre en los mapas de Angellinus Dalorto de Génova (1325), Dulcert (1339), Laurenziano-Gaddiano (1351), Pizigani (1367), Carta Catalã (1375), Portulano Mediceu (1381), Carta Catalã (1384), Portulano de Mecia de Vila Destes (1413), Giraldo (1426), Beccario (1426), Juan de Napoli (1430), Beccario (1435), Andrea Bianco (1436), Valsequa (1439), Andrea Bianco (1448), Pareto (1455), Fra Mauro (1457), Carta Catalã (1480), Anónimo de Weimar (1481), Benincasa (1482) y el Atlas veneziano del Museo Británico (1489).

Cuando Cristóbal Colón llegó a la Isla de San Salvador el 12 de Octubre de 1492, el árbol llamado Palo Brasil, que crecía exclusivamente en el Continente Americano, hacía por lo menos 167 años que ya era conocido en Europa.

Como dato curioso, los portugueses defendieron la existencia de la Gran Isla Brasil hasta 1750, afirmando que se encontraba separada del continente americano por los ríos Orinoco, Paraguay, Paraná y el Río de la Plata, pretendiendo el derecho de posesión de todos los territorios dentro de esa supuesta mesopotamia.

Paradógicamente se empezó a hablar abiertamente y comenzaron a salir a la luz innumerables documentos muy antiguos, gracias a una publicación que negaba los hechos del predescubrimiento portugués. Fue como si distinguidos historiadores estuvieran esperando el momento oportuno para publicar lo que sabían y pensaban. En menos de tres décadas se dieron a conocer los grandes secretos guardados durante cuatro siglos. Cien años después, todavía seguimos casi indiferentes con respecto al verdadero "descubrimiento" europeo del continente Americano.

En 1897 "The Geographical Journal" de Londres, en las páginas 185 a 210 del Tomo I, publicó "The supposed discovery of South America before 1448 and the critical methods of the historians of geographical discoveries" (El supuesto descubrimiento de Sudamérica antes de 1448 y los críticos métodos de los historiadores de descubrimientos geográficos). El largo alegato firmado por J. Batalha Reis, refutaba otra información del "Memorie della Societé Geográfica Italiana" Volumen V, I, páginas 202 a 225 publicado Roma en 1895. El artículo de Carlo Herrera se llamaba "Della carta di Andrea Bianco del 1448 e di una supposta scoperla del Brasile nel 1447" (Carta de Andrea Bianco de 1448 y de un supuesto descubrimiento de Brasil en 1447).

Por supuesto que no existen documentos oficiales portugueses que ratifiquen las afirmaciones de Andrea Bianco, pero los datos, descripciones y mapas de su carta eran exactos. No podemos dejar de comparar esta situación con la de Américo Vespucio, que nunca hizo un viaje oficial pero escribió cartas con datos, descripciones y mapas exactos, que son los únicos documentos que respaldan sus descubrimientos (ver más adelante). Si aceptamos a uno debemos aceptar el otro. Por lo tanto podemos afirmar que los portugueses estuvieron en el Continente Americano en 1447, o sea, 45 años antes de la llegada de Colón. Veamos los antecedentes y documentación que lo confirman.

Fortunato de Almeida se atrevió a publicar "La decouverle de l'Amerique" en 1913. Fidelino de Figueiredo publicó en Lisboa en 1915 "Dom Joao II e a rena scenca Portuguesa" donde se refería a los conocimientos clandestinos del embajador portugués Duarte Pacheco Pereira durante las negociaciones del Tratado de Tordesillas. En la "Revista de Historia", Lisboa, 1925, Volumen XIV, páginas 135 a 151 Fidelino de Figueredo se refiere a una carta de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón fechada en 1493, donde le informan que "los delagados portugueses suponían que entre el Cabo de la Buena Esperanza y la demarcación de Alejando VI podían existir islas y hasta un continente".

El castillo portugués del promontorio de Sagres, muy cerca del cabo San Vicente, significó para la navegación oceánica en el siglo XV, el equivalente a la NASA durante la carrera espacial del siglo XX. La carbela inventada en Sagres en 1440, fue el Sputnik de la navegación oceánica que todos los países y reinos europeos copiaron para dominar casi todo el resto del mundo. Ver Libro I Capítulo 9

La revolución industrial no hubiera sido posible sin el oro y la plata de América, que repuso con creces la falta de circulante en Europa. Sin la navegación oceánica tampoco hubieran sido posibles las conquistas internacionales de territorios coloniales, ni el transporte que abastecería desde todo el mundo las materias primas necesarias para el desarrollo industrial europeo (2) .

Portugal era un reino pequeño y debía proteger sus nuevos conocimientos de Castilla y otros reinos poderosos de Europa, practicando la política del monopolio y la exclusividad de los descubrimientos, que se mantenían tan secretos como fuera posible. Por razones de seguridad nacional, los descubrimientos se hicieron con el más grande sigilo (3). El rey Alfonso V llegó al extremo de promulgar un decreto por el que se ordenaba que todo navío que se viajase más allá de las islas Canarias, fuese confiscado y sus tripulantes arrojados al mar para que no pudiesen divulgar datos sobre las tierras descubiertas.

Hacía cincuenta años que los portugueses habían inventado y fabricaban las naves que utilizó Colón para cruzar el Atlántico en 1492, pero sólo hacían públicos sus descubrimientos después de tener garantías jurídicas de propiedad, tales como un acuerdo con Castilla, una Bula del Papa o ambos.

En gran contraste con Portugal, hasta 1492 el reino de Castilla no tenía ninguna política, ni estrategia, ni planes específicos para sus descubrimientos oceánicos. Iba haciendo camino al andar. Un nuevo descubrimiento se ventilaba a los cuatro vientos porque el reino de Castilla era mucho más poderoso que el de Portugal.

Casi todos los famosos marinos de todas las nacionalidades que navegaron para Castilla, fueron formados en Portugal. Es el caso de Colón, Solís, Magallanes y tantos otros. La historia oficial les sigue reconociendo descubrimientos bajo bandera castellana a todos ellos. Lo correcto sería decir que Catilla hizo pública la existencia de lugares desconocidos por la sociedad europea, conocimiento que frecuentemente Portugal había mantenido en secreto hasta ese entonces.

Las exploraciones del pequeño reino de Portugal rompieron la monotonía medieval europea que duraba desde la caída del Imperio Romano. Por muchos siglos, las grandes mayorías silenciosas nacían y morían en el mismo lugar, sin llegar a conocer el peligroso y desorganizado mundo que los rodeaba más allá del horizonte. Los mapas del mundo no eran de gran utilidad práctica y hasta se dibujaban para difundir la doctrina religiosa. El último mapamundi que se conocía con cierto parecido al mundo verdadero, era del año 425 antes de Cristo.

Mapa de Herodoto

Hasta 1436 los mapamundis medievales eran circulares, centrados en Jerusalén, mostrando regiones del paraíso terrenal, del purgatorio y otras referencias bíblicas. Los monjes de los monasterios eran los autores de todos los mapas del mundo de entonces y nadie ponía en duda las certezas de las tradiciones de aquella época. Se escribían innumerables descripciones sobre las maravillas del paraíso terrenal, a pesar de que ningún autor afirmaba haberlas visto en persona. El propio Mandeville, que era el geógrafo más romántico de su época, afirmaba que había recibido sus conocimientos de otros hombres cuyas afirmaciones no podían ser puestas en duda.

Mapa Mundi de Hereford

Este típico Mapa Mundi Medieval está fechado alrededor del año 1300 y fue encontrado en la Catedral de Hereford. Es una colección de lugares inexistentes y anotaciones extravagantes. El autor pudo acomodar a Jerusalen en el centro de la Tierra. Europa se ubica en la esquina superior izquierda y Asia a su derecha. El mapa además detalla todos los territorios bíblicos relevantes.

Los portolanos eran cartas náuticas que servían como referencia para navegar de un sitio conocido a otro. Los mapamundis medievales tenían buenas referencias sobre las costas conocidas del Mar Mediterráneo, el Mar Báltico y el Mar Negro. Las precisiones geográficas se hacían imprecisas y fantasiosas a medida que se alejaban del centro, donde predominaban toda clase de sitios bíblicos con descripciones descabelladas. En el Lejano Oriente Hese ubicaba al Purgatorio en las antípodas de Jerusalén. Marignolli afirmaba que los habitantes de Ceilán estaban a 60 kilómetros del Paraíso y que en días de buen tiempo se podía oír caer el agua desde el Edén. Isidoro afirmaba que el Paraíso estaba rodeado por una cortina de fuego que llegaba hasta el cielo y nadie la podía atravesar en vida.

Gracias a la labor de Enrique el Navegante y a la fortuna heredada de los Templarios, en 1440 los portugueses ya habían contratado en Sagres toda clase de sabios astrónomos, cartógrafos, navegantes, marinos de todas las nacionalidades. Comenzaron a construír los mejores instrumentos de navegación y confeccionaban los mapas más precisos y detallados de ese tiempo. El astillero del puerto de Lagos fabricaba nuevas embarcaciones experimentales. Establecieron un completo sistema de información y pesquisa de noticias, así como un amplio servicio de intérpretes.

Dentro de toda esa acumulación de talentos, quedó documentado que Andrea Bianco recibió pagos de la Corona de Portugal entre 1448 y 1459, por servicios de colaboración cartográfica con Fra Mauro en la isla de Murano. También está registrado como oficial en la marina de Flandes en 1446, 1449 y 1451. El único año no documentado como navegante fue el 1448, cuando firmó un mapa fechado en Londres. Según los archivos de la República, la Flota de Venecia lo tuvo enlistado entre 1437 y 1451, como Ammiraglio y Uomo di Consiglio en viajes a Tana (Mar Negro), Países Bajos, Beirut, Alejandria, Rumania y Barbary.

Como ya se mencionó, Carlo Herrera dió a conocer una carta de Andrea Bianco fechada en 1448 donde menciona que los portugueses habían llegado a Brasil en 1447. El artículo fue publicado en la "Memorie della Societé Geográfica Italiana" en 1895. Precisamente en 1448, Bianco comenzaba a recibir información cartográfica directamente del Rey Alfonso V de Portugal. Es difícil imaginar que una persona de su prestigio y conocimientos hubiera escrito una mentira tan trascendente.

Hoy existen dos trabajos cartográficos de Andrea Bianco. Uno es el atlas de diez hojas con nueve mapas fechados en 1436 que está preservado en la Biblioteca Nazionale Marciana de Venecia. El otro es la carta náutica de 1448 que está en la Biblioteca Ambrosiana de Milan. Esta última está firmada "Andrea biancho, venician, comito di galia me fexe a londra, m. cccc.xxxx.viij". En este trabajo se incluyen todos los descubrimientos portugueses sobre la costa de Africa hasta 1445, las Azores, las Islas de Cabo Verde y la Ixola Otenticha. Según Wieder esta última se trata de Santiago (4).

Mapa Mundi de Fra Mauro Por orden de Alfonso V, un Mapamundi fue dibujado por el monje Veneciano Fra Mauro y su asistente Andrea Bianco entre 1447 y 1459. Debido a las fechas en que recibieron la información de Portugal, estaba muy actualizado.
Era un planisferio circular dibujado sobre pergamino, montado sobre un bastidor de madera de unos 2 metros de diámetro. El mapa original se terminó de hacer el 24 de Abril de 1459 y fue enviado a Portugal, pero misteriosamente se perdió y ya no existe. Fray Mauro murió al año siguiente mientras hacía una copia del mismo mapa para la Signoría de Venecia. Andrea Bianco completó esta segunda copia, que fue descubierta en el monasterio de Murano, y actualmente se encuentra en la Biblioteca Nazionale Marciana de Venecia. Como se puede observar, los conocimientos geográficos del mundo verdadero ya eran notables en esa época.

La macro península Antilla aparece en el mapa de Bianco (1448) a 30º de Latitud Norte y a 1000 millas de Europa. En el mapa de Fra Mauro (1459) la posición es corregida a 25º de latitud Norte. Toscanelli (1474) la ubica a 20º N y 4500 millas. Martellus en sus mapas de 1489, 1490 y 1492 la localiza a 23º N y a 4000 millas. Recordemos que en aquella época no existía el cronómetro y la distancia Este-Oeste era calculada de manera muy aproximada. Hoy sabemos que la posición exacta de la península de Florida es 25º de latitud Norte y esta a 4200 millas de Europa. Todos habían dibujado la península Antilla casi en el mismo lugar.
El descubrimiento "oficial" de Florida se le atribuye a Juan Ponce de León en 1513.

Tordesillas Los diplomáticos castellanos no veían muy claro por qué hasta el año 1494 en Tordesillas, el monarca portugués estuvo exigiendo que línea divisoria del mundo establecida por la bula del Papa, cambiara los territorios concedidos a Portugal de cien leguas a trescientas setenta leguas al Oeste de las islas del Cabo Verde. Hoy sabemos que ese cambio les concedía una buena parte del actual territorio de Brasil a los portugueses. A cien leguas, hubieran recibido en propiedad solamente agua del Océano Atlántico. ¿Desde cuándo lo sabían los portugueses? Hasta entonces, Portugal no había declarado ninguna expedición a esas tierras.

A la vuelta de su primer viaje, Colón llegó a Lisboa el 4 de marzo de 1493 y João II se enteró antes que los Reyes Católicos de los resultados de esa expedición. El monarca portugués comenzó a reclamar que esas nuevas tierras eran suyas en función del tratado de Alcaçobas, lo que generó una gran polémica con Castilla. Para evitar la guerra entre los dos reinos cristianos, el papa Alejandro VI rápidamente firmó el 3 de Mayo de 1493 la Bula Intercaetera. Conocidos los detalles, los portugueses comenzaron con el reclamo de extender la distancia concedida por el Papa. El tratado de Tordesillas se firmó el 7 de Junio de 1494. Todo esto se hizo en un tiempo récord, teniendo en cuenta las velocidades de comunicación y de transportes de aquella época.

Colón había empezado a armar su expedición en la pequeña villa de Palos el 23 de mayo de 1492, y regresó a Lisboa nueve meses después. Todo ese tiempo le llevó organizar el viaje, ir hasta el Caribe, explorar y volver. Aunque los portugueses fueran más eficientes, entre la llegada de Colón y el comienzo de las negociaciones que concluyeron con el tratado de Tordesillas, no tuvieron tiempo material para adquirir un conocimiento tan detallado de aquellas tierras. Sin embargo estaban dispuestos a ir a la guerra con Castilla si no le concedían las 370 famosas leguas.

Corrientes del Atlántico Como se dijo en el Capítulo 9, desde 1426 los portugueses habían descubierto y estudiado la corriente de Canarias y las experiencias aumentaron desde 1440 al adoptar la carabela como navío más adecuado para las expediciones. En Sagres ya habían desarrollado los elementos de navegación esenciales para orientarse sin tener costas a la vista. En algún momento entre 1440 y 1492 se deduce que los portugueses habían llegado hasta las costas de Brasil. Aparentemente ignoraban que esas costas pertenecían a un continente, o bien lo hacían a propósito, porque hasta el año 1500, en sus documentos oficiales todavía hablaban de "la isla de Brasil". Desde medio siglo antes del primer viaje de Colón, los portugueses ya tenían los medios para navegar ida y vuelta hasta América. También son conocidas las razones del reino de Portugal para mantener sus descubrimientos en secreto. No tuvieron tiempo material para adquirir nuevos conocimientos geográficos entre el primer viaje de Colón y el comienzo de sus reclamos. Las exigencias del reino de Portugal en Tordesillas, son la evidencia concreta que era cierto que ellos ya habían llegado a América 45 años antes que Colón. La carta de Andrea Bianco no hizo más que confirmar algo que era evidente.

  El absurdo Descubrimiento Oficial de Brasil

El descubrimiento oficial de Brasil lo hizo Pedro Alvarez Cabral en el año 1500. Partió con la flota más grande que hasta ese entonces había zarpado de Portugal, con destino oficial a la India. Cuando estaban bordeando África, impulsadas por el viento y corrientes contrarias, las naves se desviaron y llegaron a Brasil accidentalmente. Ya que estaban allí con tanta gente, entonces lo poblaron. Era la primera vez que una flota portuguesa se extraviaba de semejante manera. Así de absurda es esta historia.

Al mando de marinos de grandes conocimientos náuticos, una armada de trece naves no podía extraviarse toda junta de un modo tan grotesco. Solodonio Leite, en su libro "O descubrimiento do Brasil" (5) publicado en 1921, decía claramente que los marinos portugueses eran incapaces de cometer un error semejante. Enrique de Gandía en su libro "Antecedentes Diplomáticos" (6) publicado en 1935, al referirse a esa equivocacion, decía que "esta teoría ya no encuentra sostenedores serios".

El rey Don Manuel de Portugal, el 29 de julio de 1501 le escribió a los Reyes Católicos, dándoles a conocer lo ocurrido durante el viaje de Cabral en los siguientes términos:
"El dicho mi capitán con trece naos partió de Lisboa a nueve de marzo del año pasado. En las octavas de la pascua siguiente llegó a una tierra que nuevamente descubrió, a la cual puso el nombre de Santa Cruz..." (7)

Al decir "nuevamente descubrió" el rey portugués no quería decir que lo había descubierto por segunda vez (8) sino que le informaba a Castilla en términos diplomáticos que Portugal reconocía oficialmente haber descubierto esas tierras, aunque en la corte castellana ya supieran extraoficialmente que estaban descubiertas desde mucho antes. Don Manuel (9) les presentaba entonces un hecho consumado. Si desde el principio los portugueses hubieran hecho público que Cabral estaba organizando una expedición a las costas americanas, Castilla lo habría evitado con toda clase de presiones diplomáticas, como ocurrió en muchas otras ocasiones similares de aquella época.

Sin embargo, podemos consultar cualquier enciclopedia actual y nos vamos a encontrar con que Brasil fue descubierto por Cabral el 21 de abril del año 1500. Eso es lo que todavía le enseñan a los niños en todas las escuelas brasileñas. Es un buen ejemplo de la diferencia entre la historia que nos cuentan y el pasado verdadero.

Así podemos valorar la frase de Napoleón en toda su magnitud: "¿Qué es la historia, sino una fábula consensuada?". En otras palabras, la historia es nada más un cuento que casi toda la gente ha estado creyendo que es cierto, sin analizarlo y a fuerza de repetirlo.

  La confusa Historia de Américo Vespucio

Sabemos que el Continente Americano fue bautizado con ese nombre en honor de Américo Vespucio. Este hombre es la piedra en el zapato de la Historia Oficial de Portugal, de España y de todos los países Iberoamericanos. No tiene estatuas, su nombre no se usó para nombrar ríos, montañas, ciudades, calles ni plazas.

Todas las estatuas y todos los nombres son de Cristóbal Colón. Todo, menos el nombre del continente. La frase más absurda es "Colón descubrió América". ¿Por qué no descubrió Colombia o Cristobalandia?

Oficialmente Américo Vespucio no hizo ningún viaje marítimo. Su nombre no figuraba en ninguna lista de tripulación, ni de Castilla ni de Portugal y además estos reinos no reconocían oficialmente haber llegado a un nuevo continente.

Según documentación oficial de Castilla, en febrero de 1505 se nombró capitanes de una próxima expedición hacia las Indias a Vicente Yáñez Pinzón y Américo Vespucio, aunque el viaje se canceló en noviembre de 1506. Resulta muy raro que uno de los capitanes asignados era un experimentado marino y el otro alguien que teóricamente no había navegado nunca.

En 1507, Américo Vespucio era el Primer Piloto de la Casa de Contratación de Sevilla. Nombraba a los pilotos y dibujaba las rutas de las expediciones, pero no navegaba personalmente. Murió el 22 de febrero de 1512, posiblemente contagiado por la peste que asoló Sevilla desde 1510. En la historia oficial de Castilla, el nombre de Américo Vespucio estaba condenado a ser nada más que un oscuro funcionario.

En 1503 Bartolomé Colón fue a Roma con la intención de que el Papa intercediera ante Castilla para que le encargase a su hermano la colonización y evangelización de las costas de Asia. Allí se encontró con el veneciano Alejandro Zorzi, quien hizo unos croquis de los mapas de Colón, que hoy están en la Biblioteca Nacional de Florencia. El pensamiento geográfico Castellano expresaba a Sudamérica como ¨Mundo Nuevo¨ (Tierra Desconocida) y el resto como Asia.
Croquis de Zorzi

Según fray Bartolomé de las Casas (Historia de las Indias, parte II, cap. XL) Cristóbal Colón propuso llamar Tierra Santa o Tierra de Gracia a ese "Mundo Nuevo". En 1527 de las Casas también propuso llamar Colombia al Nuevo Mundo, aunque se contradecía usando el nombre de "Indias" en su propio libro. Los alemanes acuñaron otro nombre, Behaimia e incluso Bohemia Occidental, en homenaje a Martín Behaim, pero casi nadie se enteró de esa idea.

Croquis de Zorzi En el primer mapa de la costa centroamericana del Caribe que fue copiado por Zorzi a Bartolomé Colón en 1503, se combinaban los nombres locales nativos con los nombres asiáticos de la India. El territorio de Honduras se llamaba Quiriquetana en aquella época, con dos provincias Maya y Taya. Nicaragua posiblemente era Ciguare. Costa Rica era Quicurí y Panamá tenía tres regiones: Veragua, Xaguaguara y Darién. Los nombres del grabado de Zorzi son bastante disímiles. Al mar Caribe, Colón lo llamaba directamente Océano Indico.

Mientras Américo Vespucio era Piloto Mayor de Castilla, un imprentero francés de la ciudad de de Saint Dié llamado Gauthier Lud, decidió reeditar la "Cosmografía de Ptolomeo", que era la referencia geográfica universal para todos los europeos desde la Edad Media. La enorme cantidad de recientes descubrimientos debían ser incluídos en la obra. Para realizar el trazado de los nuevos mapas, contrató a un joven geógrafo alemán llamado Martin Waldseemüller. Como documento de referencia usaron la carta Mundus Novus que Vespusio escribiera en mayo de 1503 a Lorenzo de Pier Francesco.

Libro de Martin Waldseemüller El 25 de Abril de 1507 publicaron una pequeña obra de 52 páginas. El nombre de Américo Vespucio aparecía en la tapa y en el interior se le atribuía el descubrimiento del "Nuevo Mundo". Grabaron todos sus mapas e incluyeron las descripciones y relatos de la carta. En aquella época sólo conocían los continentes de Europa, Asia y Africa. Para el cuarto continente se proponía usar el nombre de Tierras de Américus o América. Tuvo tanto éxito este folleto, que la segunda edición hecha por el mismo Ludd apareció apenas cuatro meses después, el 29 de agosto del mismo año. Speculum Orbis en el Globus Mundi Declaratio publicado en Strasburgo en 1509, ya se llama América al nuevo continente sin dar mayores explicaciones. En 1520 Petrus Apianus publicó la Polyhistoria de Solio y allí incluyó un mapamundi con el mismo nombre para el ¨"nuevo" continente. Fue aceptado por prestigiosas personas de esa época, como Stobnicza, Schöner, Apianus, Boulenguer y Leonardo da Vinci. Para el año 1520 el nombre de América ya era un hecho irreversible.

En Sevilla Martín Fernández de Enciso usó el nombre de América en la Suma de Geographia de 1519. No fue bien recibido por los españoles porque se le consideró contrario a la gloria de Colón. Carlos V prohibió y penó el uso del nombre América por ser de origen protestante y contrario a la nomenclatura oficial.

En los siglos XVI, XVII y XVIII se oficializó en España el nombre de "Indias Occidentales" para distinguirlas de las "Indias Orientales" o verdaderas. España siguió llamando "Indias" a estas tierras por tres siglos, y los nativos americanos se siguen llamando "indios" hasta en la actualidad.

Hasta el día hoy no sabemos cómo llamar indios de verdad de la India. Frecuentemente los llamamos "hindúes", utilizando el nombre de la religión mayoritaria y además suena parecido al nombre del país. Sin embargo es una ofensa llamar "indúes" a los indios budistas, musulmanes y católicos. No hay más remedio que volver a poner las cosas en su lugar y llamar indios a los habitantes de la India.

A los nativos de América los tendríamos que llamar "americanos", pero eso implicaría llamar "criollos" a la gran mayoría que es descendiente de inmigrantes. En realidad todos los que nacimos en este continente nos sentimos "americanos" sin importar el abuelo de quién llegó primero. El nombre perfecto para nuestros "indios" sería "habitantes originales" o bumiputeras, usando el término inglés que tiene el significado perfecto sin traducción al castellano.

De Américo Vespucio no se pudo hablar por trecientos años en la Historia Oficial de España, salvo para criticarlo o injuriarlo. Estaba vetado. Es inútil buscar documentos sobre él en los "Archivos de Indias" u otros documentos coloniales. Teóricamente fue un oscuro funcionario burocrático de la Casa de Contratación de Sevilla. Como fiel exponente de la Historia Oficial Española (Ver Bibliografía) el Dr. Diego Cisneros, escribía en la ciudad de México en el año 1618:

Dividieron los antiguos la tierra en tres partes principales, Asia, Africa y Europa; los modernos, que á fuerza de inmenso trabajo y atrevido ánimo se determinaron á experimentar más que no ellos, hallaron la cuarta parte, que vulgarmente se dice América ó Indias, atribuyéndose así la gloria Americo Vespucio, no habiéndola hallado él, según la más cierta opinión, sino Ruy Falero, portugués; y que fueron suyas las descripciones con que el Almirante Colón se determinó á hacer cierto este descubrimiento y nuevo mundo.

Sabemos de los viajes de Américo Vespucio, solamente porque escribió varias cartas a ciudadanos extranjeros. No existe ninguna otra referencia ni documento histórico que ratifique sus prolíficas exploraciones marítimas. Su caso es el mismo que Andrea Bianco, quien documentó detallamente su viaje al continente americano en 1447, sin que Portugal lo reconociera oficialmente.

Desde 1482 Américo Vespucio había trabajado como intendente en la Maison de Lorenzo de Pier Francesco, que pertenecía a una de las ramas de la familia Medicis. Esa casa era visitada por poetas, escritores, filósofos, científicos y pintores contemporáneos de Florencia. La familia Medicis tenía comercio en Castilla y se presentaron problemas de mala administración en Sevilla. Lorenzo de Pier Francesco decidió mandar a un hombre de su confianza para restablecer el orden y le encomendó la misión a Américo Vespucio, que se trasladó a la capital andaluza en 1492. Allí se encontró con Juanoto Berardi que también trabajaba para los Medicis y era el comerciante florentino más influyente en Andalucía.

Estaba en Barcelona cuando Cristóbal Colón fue recibido triunfalmente de su primer viaje. Desde este día, Américo Vespucio y Cristóbal Colón mantendrían relaciones comerciales y con el tiempo se desarrollaría una gran amistad entre ellos. Estando al servicio de Berardi, Vespucio afirma que viajó con la segunda flota de Colón a las Antillas, zarpando de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Al año siguiente, Bartolomé Colón, hermano del Almirante, acordó con Berardi y Vespucio un viaje para el traslado de esclavos negros. Berardi murió en 1495 y Américo Vespucio siguió con las relaciones comerciales y supuestamente emprendió varios viajes ultramarinos. Los historiadores no terminan de ponerse de acuerdo sobre cuántos viajes hizo y en qué fechas.

En una carta a Piero Solderini, que era el Magistrado supremo de la República Florentina, Vespucio le contaba que había hecho otros cuatro viajes, dos al servicio de los Reyes Católicos, y dos bajo bandera del rey Don Manuel I de Portugal. En ninguno de estos reinos hay algún antecedente sobre estas exploraciones. Vespucio afirmaba haber desembarcado en el nuevo mundo entre el 18 de mayo de 1497 y el 15 de octubre de 1498, o sea que habría llegado al continente antes de la fecha que Colón oficialmente tocara "tierra firme" por primera vez.

En otra carta a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici en Florencia , fechada en mayo de 1503, Vespucio cuenta que había partido de Lisboa el 10 de mayo de 1501, que pasaron por las Islas de Cabo Verde y finalmente desembarcaron en algún lugar que hoy estaría entre Venezuela y Brasil. El objetivo de esta exploración era encontrar un "paso" hacia el Oeste y navegaron hasta una latitud que hoy casi correspondería a Tierra del Fuego. Volvieron a Lisboa el 7 de septiembre de 1502. De ser cierto, Vespucio se adelantó 15 años a los "descubrimientos" de Solís. La carta se titula Mundus Novus porque Vespucio fue el primero en afirmar que aquello era un nuevo mundo y presentaba detallados mapas de sus costas continentales.

Croquis de Zorzi Las diversas cartas de Américo Vespucio se contradicen en las rutas que dice haber seguido, en las fechas y en el número de viajes que realizó. Sin embargo en Europa los geógrafos, cartógrafos, astrónomos y comerciantes de aquella época no dudaron de su veracidad porque aportaba datos verídicos y abundantes que eran desconocidos hasta entonces, incluyendo a la descripción de animales rarísimos, la gente, sus tribus, sus costumbres como mascar coca y algunos utensillos inconcebibles como la hamaca. Américo Vespucio fue un hombre muy bien informado. Se puede ver un ejemplo de estos documentos en el fragmento de la carta del 18 de Julio de 1500 dirigida desde Sevilla a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici en Florencia. Ver Documento

En nuestras escuelas todavía se enseña que el 12 de Octubre de 1492 Colón "descubrió" América. El primer europeo que dejó documentado que se trataba de un continente hasta entonces desconocido para la gente de Europa, fue Américo Vespucio. Cristóbal Colón no fue el primer europeo en pisar tierra firme ni fue el primero en descubrir que se trataba de un continente, al contrario, le dijo a todo el mundo que había llegado a la India. Hubo un exceso de gloria para Colón y un injusto olvido para los verdaderos exploradores.

Desde hace más de dos siglos ya no existe la presión política del reino de Castilla. Si se enseñara la verdad en el mundo actual, no se produciría ninguna repercusión internacional. ¿Por qué seguimos con lo mismo?

La explicación que da Rémy de Gourmont es la más probable: cuando un error entra en el dominio público ya no sale nunca más de él; las opiniones se trasmiten hereditariamente y al final eso se convierte en la Historia.

A lo largo de todas las épocas, existieron historiadores analíticos, respetuosos y respetables, verdaderos científicos del pasado que fueron y son muy críticos con numerosas historias difundidas masivamente alrededor del mundo. Sin embargo, nadie les presta atención y seguimos enseñando falsedades de antiguas Historias Oficiales por costumbre.

 

[Capítulo 12] [Capítulo 14]



(1) 

Pedro Perez Herrero, obra citada, Pág 13. [Volver al Texto]

(2) 

Stanley J. Stein y Barbara H. Stein, obra citada, año 2000 [Volver al Texto]

(3) 

Cf. Jaime Cortesao, obra citada, página 202, año 1912. [Volver al Texto]

(4) 

Cartas das ilhas de Cabo Verde de Valentim Fernandes (1506-1508). by A. Fontoura da Costa. Review author Manoel S. Cardozo The Hispanic American Historical Review, Vol. 23, No. 1
(Feb., 1943), páginas 102-103
[Volver al Texto]

(5) 

Cf. Solidonio Leite, obra citada, año 1921 [Volver al Texto]

(6) 

Enrique de Gandía, &obra citada, año 1935. [Volver al Texto]

(7) 

Martín Fernandez de Navarrete, obra citada, Tomo III, Pág. 95 [Volver al Texto]

(8) 

Enrique de Gandía,obra citada, Pág. 14 [Volver al Texto]

(9) 

La edad de oro de Portugal culminaría con el reinado de Manuel I (1495 - 1512) a quien con justicia se lo llamó "El Afortunado". [Volver al Texto]

 

  Bibliografía

LIBRO I
Cap 13
Pedro Perez Herrero, "Historia de España, Tercer Milenio, La América Colonial (1492 - 1763), Política y Sociedad", Volumen 18, Editorial Síntesis, Madrid.

Stanley J. Stein y Barbara H. Stein, "Plata, Comercio y Guerra. España y América en la formación de la Europa Moderna", Editorial Crítica, Barcelona, 2000

Cf. Jaime Cortesao, "Do sigilo nacional sobre os descobrimioentos", Revista Lucitana, Lisboa, fasc I. Besaude, "L'astronomie nautique au Portugal a l'epoque des grandes decouvertes", Berna, 1912.

Cf. Solidonio Leite, "O descubrimiento do Brasil, Hespanhoes e Portugueses", Río de Janeiro, 1921

Enrique de Gandía, "Antecedentes diplomáticos de las expediciones de Juan Diaz de Solís, Sebastián Gaboto y Don Pedro de Mendoza", Buenos Aires, 1935, CABAUT y Cia Editores, Librería del Colegio, Alsina y Bolívar.

Martín Fernandez de Navarrete, ¨"Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del sigo XV".

Mario Ruiz Morales y M. Ruiz Bustos, "Forma y Dimensiones de la Tierra. Síntesis y evolución histórica", Ediciones del Serbal, Barcelona, 2000.

Hernando Colón, "Vida del Almirante", Biblioteca Americana, FCE, México, 1947

Roberto Leviller, "América la bien llamada", Editorial Kraft, Buenos Aires, 1948.

Américo Vespucio, "El Nuevo Mundo, Cartas relativas a sus viajes y descubrimientos", Editorial Nova, Buenos Aires, 1951.

Arturo Ardao, "Génesis de la idea y el nombre de América", Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela, Caracas, 1980.

Dr. Diego Cisneros, "Sitio, naturaleza y propiedades de la ciudad de Méjico", impresa en Mexico, 1618



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