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Historias de Entre Rios
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  Libro III
Capítulo 5
Justo José de Urquiza (I)

 

La franja Sur del territorio encerrado por los ríos Paraná y Uruguay, fue bautizada por Don Tomás de Rocamora con el nombre de Entre Ríos, unos pocos años después de la fundación del Virreinato del Río de la Plata. El agua de abundantes lluvias forma tres grandes ríos internos que corren de Norte a Sur: el Gualeguaychú que desemboca en el Río Uruguay; el Gualeguay y el Nogoyá que descargan en el gran Delta del Paraná.

Entre Rios Colonial El suelo sube y baja formando lomas (cuchillas) y hondonadas surcadas por innumerables arroyos que descargan el agua de lluvia hasta los cinco ríos principales. En promedio, hay un arroyo cada cinco kilómetros de campo.

Hace docientos años, extensos montes bajos y espinosos cubrían todo ese inmenso territorio y eran casi impenetrables. Los caminos internos eran estrechos y en días de lluvia se forma un barro negro y pegajoso. Además había que cruzar al menos un arroyo grande o pequeño cada cinco kilómetros. Era casi imposible circular en vehículos con ruedas para llevar carga o pasajeros. El tráfico interno estaba prácticamente reducido a jinetes a caballo.

El transporte de carga era exclusivamente fluvial. Por esta razón, los inmigrantes europeos formaron los primeros cinco poblados a orillas de sus cinco ríos principales. Con clara vocación ribereña, a las primeras cinco villas les dieron el mismo nombre de sus ríos. Hoy son las ciudades de Paraná, Nogoyá, Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.

En la época virreinal, Paraná era conocido como La Bajada del Paraná, o simplemente La Bajada (de la barranca). Concepción del Uruguay se llamaba Arroyo de la China, porque originalmente estaba en la desembocadura del arroyo con ese nombre. Por razones burocráticas virreinales, Nogoyá y Paraná nunca fueron fundadas formalmente por Rocamora.

Todo el territorio entrerriano estaba habitado por unos dos o tres mil nativos originarios y una cantidad similar de inmigrantes europeos. Decenas de miles de vacunos se reproducían solos en islas y rinconadas de abundantes pastos naturales y eran el único recurso económico de aquella época.

La tierra se compraba y vendía con gran facilidad entre los europeos, porque su valor era insignificante comparado con los precios de los productos manufacturados que venían de Europa. El hombre más rico del Virreinato era Don Juan de Vergara, que vivía en Buenos Aires y tenia un centenar de trajes que valían casi tanto como todo el territorio del Partido de Entre Ríos (1).

Don Josef de Urquiza vivía en la villa Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay. Hijo de vascos, vino al Río de la Plata en 1774. Ese mismo año se casó con doña Maria Cándida García, que había nacido en Buenos Aires y desde entonces se instaló en Entre Ríos. Desde el 1 de Enero de 1801 era el Comandante General de los Partidos de Entre Ríos, con jurisdicción en la mitad oriental de la Provincia. Renunció en 1810 porque no estuvo de acuerdo con el nuevo gobierno que el 25 de Mayo de 1810 derrocó al Virrey Cisneros en la capital de Buenos Aires (2) . Emigró con toda la familia a la Banda Oriental para seguir siendo fieles al Reino de España. Regresaron en 1812.

 

Los primeros años

La familia Urquiza, era dueña de una “chácara” de varios miles de hectáreas, a la que explotaban con la ayuda de 16 peones y 30 esclavos. El 18 de octubre de 1801 nació un hijo varón del Comandante. Lo bautizaron con el nombre de Justo José de Urquiza.

Urquiza tenía 14 años cuando Entre Ríos declaró la Independencia de “España y de todo poder extranjero” el 29 de junio de 1815 en su pueblito del Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), durante el llamado Congreso de Oriente.

De niño pudo conocer a José Gervasio Artigas, llamado el Protector de los Pueblos Libres, que abarcaban el territorio que hoy componen las Provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental. Su hermano mayor, Cipriano de Urquiza, era secretario y luego ministro de Francisco Ramírez. Para ese entonces, José Gervasio de Artigas era el líder indiscutido de todos los paisanos de la campaña y tenia acorralados a los realistas en Montevideo. Eran tiempos de desacuerdos, guerra civil y además tenían que defenderse de las invasiones de los portugueses que venían desde el Brasil.

Los enemigos de la gente de la campaña eran el Virrey Elio en Montevideo y los porteños que querían centralizar todos los negocios de importación y exportación desde Buenos Aires. Era tanta la confianza que inspiraba Artigas en la gente, que toda la población de la Banda Oriental del Uruguay lo siguió en el llamado “éxodo oriental”. A lo largo de todo el territorio quemaron sus propiedades y arriaron el ganado hasta el norte de Entre Ríos y sur de Corrientes, dejando tierra arrasada a los realistas y portugueses. Eran 4000 personas las que se movilizaron con Artigas, mucha más gente que toda la población de Entre Ríos en aquel entonces. Haber conocido a semejante personaje de primera mano, fue todo un privilegio.

El niño Justo José fue educado en su propio hogar con tutores y no recibió una educación primaria formal. Cuando tuvo quince años, sus padres lo enviaron a Buenos Aires, donde cursó un par de años en el Colegio San Carlos, que había sido fundado por el ya destituido Virrey Vértiz. Allí estudió gramática, filosofía y teología. El Instituto se clausuró en 1818 y el joven Justo José regresó a Concepción del Uruguay.

A los dieciocho años se hizo “empresario”, lo cual es una forma de decir que el joven Urquiza había abierto una pulpería en aquel villorio, perdido en medio de un territorio sin valor y casi sin habitantes. Unos pocos gauchos se dedicaban a la caza del ganado vacuno para sacarles el cuero. Compró un bote que bautizó “San José”, con el que llevaba los cueros para venderlos en Buenos Aires y volvía cargado de sal, harina, azúcar, yerba y aguardiente para cambiar a los gauchos por sus cueros. Se ocupó personalmente de este negocio desde 1819 hasta 1822.

Urquiza conocía muy bien a Buenos Aires. Vivió en la ciudad un par de años en su época de estudiante y después viajaba constantemente por razones de negocios. Desde antes de tener 20 años ya estaba enterado de todos los acontecimientos nacionales de primera mano. Se confundía como uno mas entre la gente del campo, pero en la ciudad era una persona refinada, inteligente y sabía vestir con elegancia (3). Era muy, pero muy mujeriego. A los 19 años ya era padre de una hija. A lo largo toda de su vida tuvo un centenar de hijos reconocidos, más quién sabe cuantos sin confirmar.

A medida que iba prosperando, amplió sus negocios al tráfico de ganado, al abastecimiento de las tropas de la guarnición local, al oficio de notario eclesiástico y comenzó con la defensa ante el fisco nacional de los intereses de la familia y también en representación de algunos vecinos de Entre Ríos. Compró su casa propia en Concepción del Uruguay y en sociedad con su cuñado abrieron el establecimiento “San Gregorio”, con un campo de 75.000 hectáreas en la Provincia de Corrientes.

Urquiza se volvió inmensamente rico desde muy joven. No era rico por herencia, sino como fruto de sus actividades empresariales. Como muestra vale mencionar que su saladero "Santa Cándida" llegó a tener un presupuesto más grande que todo el Gobierno de la Provincia de Entre Ríos. Tuvo un ingenio de azúcar en Tucumán, minas en Catamarca y era el principal accionista del tren de Rosario a Córdoba. Formó empresas bancarias, de transporte de carros y diligencias, de navegación y una fabrica de telas en Concepción del Uruguay. En sus tierras de Entre Ríos instaló colonos suizos, franceses, alemanes, saboyanos y piamonteses. Su fortuna era constantemente reinvertida en nuevos y prósperos negocios. Con su propio dinero realizó obras públicas en la provincia y era permanentemente requerido para financiar infinidad de obras de beneficencia (4).

 

Formación política y militar

Desde 1810 los porteños querían que la Argentina continuara siendo un Virreinato sin Virrey con sede en Buenos Aires, centralizando todo el poder político, todo el poder económico y administrando todos los impuestos al estilo de los Borbones. Soñaban con vivir en opulencia, comerciando monopólicamente los productos del interior en ultramar y seguir siendo parte de la Corona de España.

El Cabildo (municipalidad) de Buenos Aires nunca trató de declarar la independencia, y mucho menos de cambiar el sistema de gobierno. Simplemente derrocaron al Virrey y lo reemplazaron por una Junta que presidía el jefe militar de entonces. En realidad, el 25 de mayo de 1810 fue el primer golpe de estado argentino.

Por muchos años, a todo el Virreinato le trataron de imponer una Junta, un Triunvirato, un Directorio, un Presidente o cualquier cosa para reemplazar al Virrey depuesto, pero siempre con sede en Buenos Aires y con los mismos poderes absolutos. Las provincias se oponían una y otra vez.

El Alto Perú y el Paraguay finalmente se separaron. El resto del territorio se gobernaba por un caótico sistema de caudillos territoriales. Después de tres siglos de dominación española, los inmigrantes europeos volvieron al sistema de gobierno de antes de la conquista, donde cada indio gobernaba con su malón.

Desde la caída del Virreinato, en estas tierras no había ni ley ni orden. La gran mayoría de la gente era ambiciosa y egoísta. Por eso Argentina no se había formado como país. En este ambiente, Urquiza creció aprendiendo cómo ser respetado, después cómo ser querido por su gente y finalmente cómo evitar ser traicionado por cualquiera. Eran tiempos muy difíciles. Para ser respetado tuvo que volverse muy rico. Para ser querido ayudó a sus camaradas y conprovincianos. Para no ser traicionado formó un ejército intimidante.

Cuando Urquiza tenía veinte años, los movimientos federalistas y autonómicos de Entre Ríos ya habían sido sofocados por Buenos Aires. Artigas estaba exilado en el Paraguay y Ramírez había muerto. En 1821 Lucio Mansilla se hizo cargo de la gobernación de la provincia, subordinado a Bernardino Rivadavia, que en ese momento era el ministro de gobierno de Buenos Aires.

En 1826 se dictó una constitución centralista de carácter unitario y Rivadavia fue nombrado presidente de Argentina. La constitución fue rechazada unánimemente por todos los pueblos del interior y en pocas semanas se terminó la efímera presidencia de Rivadavia. Como ridiculez histórica, hasta hoy se sigue considerando a Rivadavia como el primer presidente argentino. Eufemísticamente, al sillón presidencial se lo denomina “el sillón de Rivadavia”.

Al mismo tiempo en que se dictaba la constitución rivadaviana, en 1826 Justo José de Urquiza fue electo diputado a la legislatura provincial y a los 25 años inició su larga carrera política. El joven parlamentario era partidario del sistema de gobierno republicano federal. Estaba a favor de la mejora de la enseñanza pública por el método de Lancaster. Proyectaba medidas para el fomento de los pueblos y de "sana economía" en la gestión administrativa. Condenaba las exaltaciones de localismos, pero estaba a favor de las prerrogativas regionales. Adhería a la política de acuerdos entre las provincias, fomentada por el Coronel Dorrego (5).

Una vez que Urquiza finalizó el primer periodo legislativo, renunció a seguir en el cargo y reabrió su tienda en 1828. Entonces comenzó con el comercio internacional o "de ultramar", como se le llamaba entonces.

En 1828 volvió a estallar la guerra civil y las provincias del litoral acordaron que el único sistema de gobierno que aceptarían, sería el establecido en una constitución federal. Las demás provincias apoyaron a esta postura. La asamblea constituyente se pospouso para "más adelante" y se firmó el Pacto Federal de 1831. Es interesante analizar cómo Urquiza participaba activamente en todos estos acontecimientos.

Desde muy joven, integró la "Compañía de Cívicos", donde pasó por todos los grados, hasta finalmente integrar el ejército regular. El primer movimiento sedicioso en que intervino, fue contra el gobierno de Mansilla en 1823; después contra el gobierno del coronel León Solas en 1826 y 1830; y finalmente contra el gobierno de Pedro Barrenechas en 1831. Como perdía frecuentemente, sufrió procesos y embargos de bienes. Hasta tuvo que refugiarse en Santa Fe por un tiempo, bajo la protección del caudillo Estanislao López.

El coronel Pascual Echagüe, el 19 de mayo de 1932 nombró a Justo José de Urquiza como Comandante General del segundo departamento provincial, con autoridad sobre los territorios aledaños al Río Uruguay.

Cuando Urquiza estuvo al mando de las tropas, todo cambió drásticamente. Extirpó casi completamente el robo y los crímenes en la zona a su mando. Impuso una férrea disciplina, tanto en sus tropas como en la población civil. Peleó contra los unitarios en Pago Largo, Cagancha, Don Cristóbal, Sauce Grande y Arroyo del Animal. Demostró ser muy corajudo, valiente y hasta desalmado en la pelea. Muy pronto fue admirado y respetado por sus soldados. Se comenzaba a insinuar un caudillo popular en medio del caos generalizado en todo el territorio.

En 1829 el general José María Paz, aliado de Lavalle, invadió la provincia de Córdoba y derrocó al gobernador Juan Bautista Bustos. Entonces se generalizó la guerra civil en todo el país, con mucho derramamiento de sangre en todo el interior. En 1829, tras derrotar al general Lavalle, Juan Manuel de Rosas fue proclamado gobernador de la Legislatura de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1829, con el título de "Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires" y con "todas las facultades ordinarias y extraordinarias que creyera necesarias, hasta la reunión de una nueva legislatura".

El gobernador de Corrientes Genaro Berón de Astrada se rebeló contra Rosas. El gobernador de Buenos Aires le ordenó a Echagüe que atacara a Berón. Uno los jefes de división de Entre Ríos era Urquiza y el 31 de marzo de 1839 participó de la batalla de Pago Largo, cerca de Curuzú Cuatiá, derrotando al gobernador correntino que resultó muerto después de una corta persecución. Uno de los soldados sacó una lonja de piel de la espalda de Berón de Astrada con la que hizo una manea para caballos, que Urquiza le envió como regalo a Rosas. Después de la batalla, centenares de prisioneros fueron ejecutados y los correntinos acusaron a Urquiza por esos crímenes.

Echagüe invadió Uruguay, pero Rivera lo derrotó en Cagancha el 29 de diciembre de 1839. Urquiza acusó de indecisión en la batalla al general Lavalleja y desde ese momento, se deterioraron las relaciones entre Urquiza y el gobernador.

En 1340 Lavalle invadió Entre Ríos y Echagüe lo enfrentó en dos batallas con resultado incierto, mientras que Urquiza derrotaba con facilidad un coronel unitario en Arroyo del Animal, cerca de Gualeguay.

Echagüe invadió Corrientes, atacando al nuevo comandante José María Paz, que derrotó fácilmente al gobernador de Entre Ríos en la batalla de Caaguazú, el 28 de noviembre de 1841. El 15 de diciembre, la legislatura eligió gobernador a Justo José de Urquiza, que después se reeligió por dos periodos más: 1846-1850 y 1850-1854.

 

Urquiza Gobernador

El gobierno de Urquiza era paternalista y él mandaba sin consultar al pueblo. En ese sentido resultaba muy similar al de Rosas y al de todos los demás caudillos de la época. Su policía era muy cruel. A la menor falta, los delincuentes eran ejecutados sumariamente. Nunca antes hubo tantos entrerrianos honestos y esa forma de ser se extendió hasta la seguna mitad del siglo XX. Aunque parezca mentira, en aquella época la gente de Entre Ríos estaba contenta con su gobernador por muchos motivos.

La contabilidad del gasto público tuvo una precisión desconocida hasta entonces. Impuso un control fiscal estricto. Los funcionarios y empleados del gobierno eran dedicados y eficientes. Redujo el gasto público sin descuidar las funciones del estado. Publicaba meticulosamente cada mes los gastos e ingresos del gobierno (6). Protegió al trabajador rural, exigiendo la “papeleta de conchabo” de todos los peones. Florecieron las obras de infraestructura, caminos, puertos y molinos de agua. Incentivó a las empresas de transporte y el comercio en general. Durante la gobernación de Urquiza hubo un crecimiento sostenido de la economía entrerriana, independientemente del caos general y las guerras civiles que asolaban la región.

Continuó con la creación de escuelas primarias que había comenzado Echagüe. Creó la primera escuela secundaria pública en Paraná. Luego fundó el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay bajo la dirección de Alberto Larroque, que llegó a ser el más moderno de su época, y por muchos años compitió en prestigio con el de Buenos Aires y el de Córdoba. Por las aulas del Histórico pasarían alumnos ilustres como los ex presidentes Julio Roca y Arturo Frondizi entre otros.

Lo más extraño en la época del gobierno de Urquiza, era la tolerancia a la libertad de ideas que predominaba en toda la provincia. El gobernador era sanguinario con los delincuentes, pero muy complaciente con los intelectuales ¡aunque tuvieran ideas políticas diferentes a las suyas! Se publicaban tres periódicos, se fundaron teatros y bibliotecas públicas populares que todavía existen. Urquiza fundó escuelas secundarias ¡para mujeres! cuando la sociedad de aquella época las consideraba simples elementos reproductores que solamente debían cocinar, planchar, bordar y limpiar.

Emigraron a Entre Ríos varios ilustres federales expusados por el régimen rosista como Pedro Ferré, Manuel Leiva y Nicasio Oroño. Es más, también llegaban intelectuales unitarios como Marcos Sastre y muchos otros. El ambiente que se respiraba en la provincia era mucho más libre que en el resto de la confederación, especialmente en Buenos Aires.

 

Las fricciones con Buenos Aires

Los comienzos de la gobernación de Urquiza fueron muy difíciles. El territorio de Entre Ríos estaba invadido por las tropas unitarias de José Maria Paz y Fructuoso Rivera. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Don Juan Manuel de Rosas era el encargado de las Relaciones Exteriores de toda la Confederación y mantenía un conflicto con Francia e Inglaterra por querer aplicar el servicio militar obligatorio a todos los extranjeros que vivían en el territorio argentino. La flota franco inglesa bloqueo al puerto de Buenos Aires que centralizaba todo el comercio exterior del Río de la Plata. Urquiza contribuye a la victoria en Arroyo Grande el 4 de diciembre de 1842, obtenida por el uruguayo Manuel Oribe. Siguieron los combates de Cagancha, Polanco, Arroyo Sauce, Melo e India Muerta. El 27 de marzo de 1845 regresó a su provincia y el 4 de febrero de 1846 atacó en Laguna Limpia al general Juan Madariaga, hermano del gobernador de Corrientes.

Mientras tanto, se había solucionado el conflicto con los ingleses y franceses por vía diplomática. Rosas quería seguir con la confrontación interna. Pero Urquiza era partidario de olvidar agravios y que juntos, unitarios y federales acordaran las bases para una reorganización nacional.

Urquiza tuvo charlas con el hermano del gobernador de Corrientes que había capturado en Laguna limpia. Secretamente empiezan a considerar sacudirse el yugo del gobernador de Buenos Aires. En una carta fechada el 4 de mayo de 1846, el gobernador de Corrientes le dice a Urquiza: “…no trepido en asegurarle que mis deseos tienden a que Entre Ríos y Corrientes formemos una masa indisoluble, de la que usted debe persuadirse será el primer hombre…” Don Juan de Madariaga apoya a su hermano el gobernador: “No vacile, mi querido general. Llego el momento que Vuestra Excelencia de un golpe de el ser a nuestra querida patria, Entre Ríos y Corriente y se inmortalice su nombre” (7).

Los hermanos Madariaga le proponían a Urquiza que Corrientes y Entre Ríos se separen de la Confederación Argentina (como lo había hecho Paraguay) y que hasta tanto se reúna un congreso constituyente, Entre Ríos se encargue de las Relaciones Exteriores. El proyecto abarcaba una posible alianza con Paraguay y Bolivia, pero el intento resultó prematuro por falta de recursos de las provincias y del Paraguay aislado y retraído.

En el transcurso de estas negociaciones, el antagonismo entre Urquiza y Rosas se hizo público. No sólo se verifica en cartas de la época, sino que hasta se hizo público en un editorial de “La Gaceta Mercantil”. Los diarios de Buenos Aires comienzan una campaña de difamación contra Urquiza. Sin embargo, la pasividad de Rosas frente a las negociaciones entre Corrientes y Entre Ríos, aunque no hayan prosperado, son una señal de debilidad que alienta a sus numerosos enemigos.

Urquiza fue ganando tanto prestigio, que el 18 de noviembre de 1846 recibe un pedido de mediación entre los dos partidos uruguayos, interpuesto por el Ministro de Relaciones Exteriores y Defensa Francisco Magariños. Rosas monto en cólera y en una carta a Pacheco decía: “No es posible leer sin indignación esos documentos en que el General Urquiza descorre enteramente el velo de su insensata travesura” (8).

M. Deffaudis y Mr. Ouseley, ministros de Francia e Inglaterra tenían otra opinión de Urquiza al decir que era “el único hombre publico de estos países que da prueba inequívocas de civilización” (9).

Desde su exilio en Montevideo, el 19 de septiembre de 1846 Esteban Echeverría le envió a Urquiza un ejemplar de su libro “Dogma Socialista” acompañado de una nota que decía: “… nos asiste el convencimiento de que nadie en la Republica esta en situación mas ventajosa que Vuestra Excelencia para ponerse al frente de un partido patriótico nacional, para promover con suceso la fraternidad de todos los argentinos y la pacificación de nuestra tierra. Esa gloria es envidiable, y si Vuestra Excelencia la conquista merecerá, sin duda, el titulo de primer grande hombre de la Republica Argentina” (10).

El creciente antagonismo entre Urquiza y Rosas era agravado por razones económicas, el del comercio fluvial. Con motivo del bloqueo franco ingles al puerto de Buenos Aires, Rosas prohibió el trafico directo entre las provincias del Litoral y Montevideo. La medida, dañaba gravemente a las economías regionales. El derecho a la libre navegación de los ríos se instaló como un problema fundamental para las poblaciones ribereñas. El tema ocupo los titulares de todos los diarios de Uruguay, Bolivia y Paraguay.

“El Comercio del Plata” de Montevideo, dirigido por Florencio Varela, mencionó por primera vez a Urquiza en su editorial del 23 de febrero de 1846. Lo invita a constituir una liga en favor del libre comercio y la navegación. El 26 de agosto comenta su actitud de no acatar las prohibiciones de Rosas diciendo que “todo el interés publico, toda la razón, todo el derecho, están de parte de Urquiza”.

“La Gaceta Mercantil” de Buenos Aires contestaba que la prensa uruguaya ofendía a Urquiza pidiéndole “que se pierda inútilmente para todos”. Entonces Varela le contesta desde Montevideo el 15 de octubre de 1847: “Hablamos de Rosas combatiéndolo, porque él es quien representa el principio de las restricciones, del aislamiento, de la dependencia comercial de las provincias. Hablamos también de Urquiza, porque es el jefe de una de esas provincias, de aquella precisamente, que por su colocación sobre los dos ríos interiores, en la embocadura de uno y otro, está llamada a representar el primer papel en toda cuestión de navegación y comercio en los ríos; porque siendo la que mas inmediatamente sufre los perjuicios del sistema de Rosas, es también la que por causas que todos conocen se encuentra hoy con mas medios de hacer respetar los derechos que el dictador quiere privar a las provincias. Por eso hablamos de Rosas y Urquiza; sus personas no nos ocupan, sino como símbolos de las cosas, de los sistemas”.

Por causa de las interminables batallas de la época, recién en 1848 puede Urquiza hacerse cargo efectivamente de la gobernación de Entre Ríos. Hasta entonces la administración de la provincia había estado en manos de administradores designados por él. Se encuentra entonces con diversidad de problemas económicos, educativos y militares que requerían urgente atención. Entonces comienza el periodo fecundo de Urquiza gobernador, muy bien explicado en los libros “Riqueza Entrerriana” de Pedro Serrano y “Seis días con el General Urquiza” de Ángel Elías.

En contraste con las provincias del interior, Entre ríos sorprende por el aumento de su riqueza, por el avance de la ganadería, por el cultivo de sus campos y por la construcción de edificios públicos. Se fundan periódicos, teatros, bibliotecas, escuelas y colegios secundarios. Se proyecta traer colonos europeos y se fundan escuelas de agricultura. El ejército de Entre ríos, por su número y disciplina pasa a ser considerado poderoso por todos sus vecinos (11).

Faustino Sarmiento augura un porvenir grandioso a la Provincia de Entre Ríos, no bien reciba los beneficios de las leyes inteligentes de navegación.

El 31 de agosto de 1850 José Mármol le pide a Urquiza la convocatoria de un congreso, en una extensa carta donde destaca el incumplimiento del pacto del 4 de enero y el desequilibrio económico generado por el cierre de los ríos y la existencia del puerto único.

José Mármol decía textualmente a Urquiza: “El puerto de Buenos Aires continúa siendo la llave de los puerto de esa provincia, cerrados a la bandera extranjera. Y Vuestra Excelencia sabe prácticamente todo cuanto tienen que sufrir la industria y el comercio de Entre Ríos, obligando a pasar sus efectos de exportación por la aduana de Buenos Aires. La multiplicación de costos y las demoras consiguientes, dan al comercio de las provincias no sólo una pérdida considerable en relación a la exportación directa, sino también a cierta lentitud que se comunica inmediatamente al desarrollo de la industria sobre la que especula el comercio. Calcular hasta donde progresara el uno y la otra en una provincia con la riqueza y fertilidad de Entre Ríos, una vez que sus puertos fuesen abiertos al comercio directo y la riqueza de su suelo ofrecida a la inmigración, el especulador y al capital extranjero, seria casi imposible, si se atiende a lo que esa provincia ha progresado en población y riqueza con el bien solamente de algunos años de paz bajo la administración de Vuestra Excelencia, a pesar del obstáculo ruinoso que opone a su comercio el gobernador de Buenos Aires, en su sistema de tener siempre bajo la dependencia de Buenos Aires a las demás provincias de la Republica”.

 

Sigue...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Capítulo 4] [Capítulo 6]


(1) 

  Molina, Raúl A. 1950-51. Juan de Vergara, señor de vidas y haciendas en el Buenos Aires del siglo XVII. En Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Vol. 24-25, 71 [Volver al Texto]

(2) 

  Facundo Arce - Don Josef de Urquiza, Padre del Organizador de la República, Pág 15, Paraná - 1949 [Volver al Texto]

(3) 

  Vicente Gregorio Quesada - Memorias de un viejo - 2008 - "Tenia anchas espaldas y levantando el pecho; su aspecto revelaba fuerza fisica, valor, audacia. Vestia entonces siempre de frac, unas veces azul con botones amarillos; otras todo de negro. Calzaba botas de charol, el pie era pequeño como la mano. En su mirada penetrante habia algo de fascinador, su cara era imponente." [Volver al Texto]

(4) 

  Fernando Sabsay - Caudillos de la Argentina - Editorial El Ateneo - 2002 - Pág 331 [Volver al Texto]

(5) 

  Beatriz Bosch - Justo Jose de Urquiza, Diputado Provincial 1826-1827 -en Sociedad de Historia Argentina, Anuario, volumen V, Buenos Aires - 1943-1945 [Volver al Texto]

(6) 

Beatriz Bosch, Presencia de Urquiza, Pág. 9-20, Editorial Raigal 1953 [Volver al Texto]

(7) 

Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Archivo del General Urquiza. [Volver al Texto]

(8) 

Ravignani. Asambleas, Tomo VI 2da. Parte, Pág. 327-330 [Volver al Texto]

(9)  Beatriz Bosch, Urquiza, Gobernador de Entre Ríos 1842-1852 Pág. 23, Paraná, 1940 [Volver al Texto]
(10)  Alberto Palcos, Echeverría y la Democracia Argentina, Pág. 203, Buenos Aires, 1941 [Volver al Texto]
(11)  Beatriz Bosch, Urquiza, Gobernador de Entre Ríos 1842-1852 capítulos III y IV, Paraná, 1940 [Volver al Texto]
(12) 

 

(13) 

 

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(15) 

 

(16)