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Historias de Entre Rios
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  Libro III
Capítulo 10
Garibaldi

 

El mito de Garibaldi es glorificado o vilipendiado, amado por los que benefició y repudiado por los que perjudicó. Fue un hombre diferente al común de la gente. Existe una vasta bibliografía en casi todos los idiomas sobre esta persona tan controvertida en la historia de la humanidad. Hasta tuvo tiempo de escribir una extensa autobiografía, por lo que podemos conocer su propio punto de vista. Una inmensa variedad de países, tan lejanos y diferentes entre sí, tienen sus estatuas y han usado su nombre en calles, plazas, parques, reservas naturales, hoteles, ciudades, villas y barrios. A lo largo de su larga vida conoció o tuvo algo que ver con los principales personajes de su tiempo en la historia occidental.

Las muchas y variadas personas e instituciones que hicieron una radiografía tan detallada de su vida, al documentar tan extensamente la historia de Garibaldi, sus cronistas contemporáneos y posteriores historiadores nos han regalado una detallada descripción del medio que lo rodeaba. Ese es el tema que nos interesa, para poder agregar una visión fresca de nuestro propio pasado. Aparte de la guerra de la independencia, desde 1810 tuvimos infinidad de guerras civiles entre nosotros y con los países vecinos. ¿Quiénes eran y cómo peleaban? ¿Cómo era la vida cotidiana de la gente en los territorios en conflicto?

Los orígenes

Garibaldi Giuseppe Maria Garibaldi nació en Niza el 4 de Julio de 1807. Desde 1388 esta región pertenecía al territorio independiente de Saboya, que limitaba con el lago Ginebra al Norte y con la República de Génova al Sur. En año 1792, el ducado de Saboya fue ocupado por Napoleón. Por lo tanto, cuando el niño fue bautizado a los 15 días de nacer, recibió el nombre francés de Joseph Maria Garibaldi. Su padre, Domenico Garibaldi, pertenecía a una familia genovesa que se había trasladado a Niza. Siendo todavía muy joven, había comprado su primer barco y no pudo pagar las deudas contraídas, por lo que tuvo que volver a trabajar de marinero con su padre, Angelo Garibaldi, quien mas tarde le regaló el Sante Reparata, un pequeño buque de 29 toneladas. De esta manera se mantenía solvente, pero nunca hizo una gran fortuna. Su hijo Giuseppe tampoco llegaría a ser un buen comerciante.

Rosa Raimondi Su madre, Rosa Raimondi, también pertenecía a una familia genovesa trasladada a Niza. Primero tuvo una niña que murió a los dos años. En 1804 nació su primer hijo varón, al que llamaron Angelo en honor a su abuelo. Tres años después nació Giuseppe, quien tuvo otros tres hermanos menores: Michele en 1810, Felice en 1813 y Teresa en 1817. Todos los hijos de Rosa tuvieron éxito en sus diferentes vidas. Los cuatro hermanos se lanzaron al mar con diferentes rumbos. Angelo emigró a los Estados Unidos, fue un exitoso comerciante en Nueva York y murió en 1857 a la edad de 49 años, cuando era el Cónsul de Cerdeña en Filadelfia. Michele se convirtió en un capitán experimentado, muy respetado en el Mediterráneo y murió en 1866 a la edad de 56 años. Felice, buen mozo y con mucho éxito entre las mujeres, fue el menos ambicioso de toda la familia: murió en 1855, a la edad de 42 años, cuando era un empleado de escritorio de una firma Napolitana. Giuseppe tuvo una vida azaroza como soldado y revolucionario en America del Sur y Europa, pero vivió hasta los 75 años, siendo llamado “El Héroe de los Dos Mundos”, el nuevo y el viejo.

En 1814 Napoleón fue derrocado por primera vez, los Borbones volvieron al trono de Francia y el Congreso de Viena restauró todas las antiguas fronteras, por lo que Niza quedó bajo el reino de Cerdeña y Joseph Garibaldi de siete años, bajo el reinado de Víctor Manuel I se convirtió oficialmente en Giuseppe. Su familia y amigos, siempre lo llamaron Pepino.

Sitio Natal de Garibaldi

Pepino nació en una vieja casona frente al puerto de Niza , que 1897 sería demolida para permitir las ampliaciones del muelle. El niño creció cruzando la calle para visitar las embarcaciones que llegaban de alta mar. Estaba en permanente contacto con los marineros y pescadores, escuchando toda clase de historias que alimentaban su fantasía. También paseaba por horas en los bosques cercanos, donde aprendió a amar la naturaleza y los animales. El niño se compadecía de cualquier ser viviente que sufría: ser humano, animal o planta. Sin embargo, participaba y disfrutaba ir de cacería con los mayores. Toda su vida fue un hombre de guerra, participando voluntariamente en una batalla tras otra, muchas de ellas sangrientas y dando órdenes de disparar a sus tropas sin pensar en el perjuicio que ocasionaba al enemigo. Sin embargo sufría frente a cualquier soldado herido. Su compasión era emocional, no era lógica.

Con sólo ocho años de edad, Pepino salvó de ahogarse una lavandera que cayó accidentalmente al agua. A los once ayudó a salir del agua a otros niños que se les había dado vuelta el bote. Siendo ya maduro y un eximio nadador, en tres ocasiones salvó a hombres y niños de perecer ahogados.

Cuando Pepino tenía once años, su hermana Teresa estaba durmiendo con la niñera en su habitación. Por accidente la cama tomó fuego y ambas murieron quemadas, sin que nadie pudiera hacer nada porque la puerta estaba cerrada por dentro. Este brutal accidente afectó muchísimo al joven Garibaldi, pero mucho más a su madre que se volvió sobreprotectora con sus hijos. A Pepino le dio seguridad, amor y una adorable niñez. Quería que fuera cura, abogado o doctor pero no marinero como el resto de los miembros de la familia. No tuvo suerte.

Garibaldi y su tutor

Como no podían pagarle una educación superior en un gymnasium, le contrataron tres profesores particulares, dos curas y un abogado. Su idioma natal era una mezcla de italiano y francés provenzal. En sus clases particulares aprendió un poco de italiano correcto e inglés. Con el tiempo, terminaría hablando con mucha fluidez varios idiomas: italiano, español castellano, portugués y francés, además de inglés, alemán y algo de griego.

Los primeros viajes

Pepino no quería convertirse en un intelectual. En contra de la voluntad de sus padres, comenzó a estudiar por su cuenta para conseguir un certificado de marino, aprendiendo matemáticas, astronomía, geografía y leyes de comercio internacional. Practicaba gimnasia en la cuerdas de los barcos y escalando paredes, al tiempo que se hacía un experto nadador.

Cansado y aburrido de la vida escolar, Pepino se escapó con tres compañeros de su edad y zarparon en una canoa llena de víveres rumbo al Levante. Tuvieron suerte que un guardacostas los interceptó y los devolvieron sanos y salvos a Niza. Esa escapada convenció a sus padres para no interferir más con su vocación de marinero. El 21 de enero de 1824, se embarcó en el Constanza rumbo a Odessa, cuando sólo tenía dieciséis años de edad. Garibaldi recordaría cada detalle de ese viaje por muchísimo tiempo.

Volvió diez meses después y se embarcó inmediatamente a bordo del Santa Reparata, al mando de su propio padre. Repitieron muchos otros viajes a distintos puertos del mediterráneo. Con otros barcos también hizo varios viajes a Turquía y el Mar Negro. En 1827 fue a las Islas Canarias. Ese mismo año, en un viaje al Mar Negro a bordo del Cortese bajo el mando del capitán Semeria, fueron atacados por piratas griegos. El capitán ordenó a la tripulación que no resistieran y los piratas asaltaron el barco pacíficamente, con gran disgusto del joven Garibaldi, porque le robaron sus zapatos. Tocaron tierra para reaprovisionarse, zarparon y otra vez fueron atacados por los piratas. No pudieron resistirse, porque en el asalto anterior ya les habían robado hasta las armas. Cuando vieron que no quedaba nada de interés en el barco, los dejaron seguir sin dejarlos volver al puerto para advertir de su presencia a las autoridades. Al día siguiente fueron atacados por tercera vez. Los piratas estaban tan disgustados con el barco vacío, que querían pasar a degüello a toda la tripulación. Tras muchas discusiones les perdonaron la vida, pero les quitaron todas las ropas que llevaban puesta y hasta los instrumentos de navegación. Un barco inglés los encontró navegando a la deriva, desnudos, sedientos y hambrientos. Tras recibir ayuda, pudieron llegar a Constantinopla (Estambul).

Esperaron que pasara el invierno. Finalmente zarparon para el Mar Negro y ya en el viaje de vuelta tocaron puerto en Constantinopla, donde Garibaldi cayó enfermo y no pudo seguir viaje. Lo dejaron con muy poco dinero. Cuando sanó, no pudo volver a Niza porque había estallado la guerra entre Rusia y Turquía, lo que había interrumpido los viajes comerciales con Italia. Durante este tiempo recibió ayuda de la comunidad italiana y trabajó como tutor de tres hijos de una viuda. De paso, aprendió un poco de griego. Cuando pudo entender la lengua, se sorprendió de todos los problemas que tenían los griegos para conseguir la independencia de Turquía. Finalmente pudo volver a Niza en la primavera de 1831, a bordo de un barco italiano.

Antes de partir en ese accidentado viaje, Giuseppe se había enamorado de una joven llamada Francesca, a quien le había prometido matrimonio para cuando volviera del Levante. Por supuesto, con tantos problemas habían pasado cuatro años hasta que pudo volver a Niza. Al llegar a puerto, corrió a casa de Francesca y la encontró en el patio, acunando un bebé. Tenía un anillo de casada en su mano. Disimulando su sorpresa, Garibaldi la saludó afectuosamente y se despidió deseándole buena suerte.

La suerte que no tuvo en el amor, la tuvo en su carrera de marino. Finalmente recibió el diploma de oficial y fue nombrado capitán del Nostra Signora delle Grazie, el mismo barco que lo había traído de Constantinopla. Al poco tiempo, el 24 de febrero de 1832, zarpó de Niza como oficial del Clorinda un gran barco de 223 toneladas, bajo el mando del joven capitán Clary, que se ganó la admiración y respeto de Garibaldi al rechazar a cañonazos a un ataque pirata en su primer viaje al Egeo.

El movimiento pacifista de Saint-Simone

Henri de Saint-Simone Garibaldi, todavía no había participado de los movimientos e ideas tan comunes entre los jóvenes europeos de su generación. Dos formas de socialismo habían derivado de la Revolución Francesa de 1789: el socialismo revolucionario de Babeuf y Buonarroti y el socialismo pacífico de Robert Owen y Henri de Saint-Simone. Este último, un viejo aristocrático que apenas se salvó de la guillotina de Robespierre, escribió varios libros proponiendo la distribución de la riqueza y la propiedad comunitaria de los bienes. Sorprendentemente, proponía que este nuevo orden social fuera gobernado por el rey Luis XVIII.

Después de la muerte de Saint-Simone el movimiento pacifista continuó y se volvió más bizarro. Bajo el liderazgo de Prosper Enfantin, fundaron una nueva religión Prosper Enfantin que provocó un shock muy grande entre la sociedad contemporánea debido a sus nuevas convenciones sociales y morales. Promovían la igualdad de la mujer y su liberación del yugo conyual. En 1830 formaban comunidades en París, usando túnicas en vez de ropas convencionales y practicaban el amor libre. Fue el primer movimiento hippy de la historia. Afirmaban que su líder Enfantin era un rey de dios y el padre de la humanidad que estaba en búsqueda de una mujer para cohabitar con ella y transformarla en la madre de la humanidad.

Semejante exhibicionismo provocó un escándalo de proporciones en la sociedad parisina de aquella época y finalmente Enfatin y sus seguidores fueron condenados al destierro. Trece de estos revolucionarios fueron trasladados a Marsella y el 22 de marzo de 1833 los embarcaron rumbo a Constantinopla a bordo del Clorinda, donde el joven Giuseppe Garibaldi era oficial.

Los despidió en el puerto una enorme multitud cantando un himno llamado “La canción de la mujer”. El viaje duró 23 días. Garibaldi conocía poco y nada sobre esta nueva religión, pero de entrada sus miembros le habían caído simpáticos por ser un movimiento minoritario perseguido. Se hizo muy amigo de Emile Barrault, uno de los miembros de la secta de 34 años de edad, quien le explicó todas sus ideas revolucionarias. Le regaló al joven Garibaldi una copia del libro “El nuevo cristianismo” de Saint-Simon.

De estas enseñanzas proviene la frase de Garibandi: “el hombre que ofrece su espada y su sangre a la gente que pelea contra una tiranía, más que soldado es un héroe”. Fue consecuente con estas ideas en Brasil, Uruguay, Argentina, Francia e Italia.

La reacción de Garibaldi frente a estos revolucionarios mostró un aspecto típico en él, que lo diferenciaba de los intelectuales teóricos. Se impresionaba con la sinceridad y el idealismo de la gente, aceptando parte de sus argumentos y dejando pasar lo que no estaba de acuerdo con su opinión personal. Esa actitud lo llevó a hacer grandes amigos alrededor del mundo. Muchos años después tuvo la misma actitud cuando estuvo en contacto con Marx. Sus admiradores fascistas de la época de Mussolini tuvieron muchos problemas en explicar estas actitudes de Garibaldi.

Durante el viaje a Constantinopla, el domingo de pascua comieron cordero y Garibaldi faltó a la cena. Cuando Barrault le preguntó por su ausencia, le explicó que él había alimentado personalmente al corderito durante el viaje y por eso no lo podía comer. Quién hubiera dicho que Garibaldi iba a ser un macho entre los más famosos caudillos sudamericanos de aquella época. Muchos años después, al conocerlo en Montevideo, Bartolomé Mitre diría de él: La impresión que me dejó fue la de una cabeza y un corazón en desequilibrio.

El 15 de Abril los revolucionarios fueron bajados en Constantinopla, donde seguirían buscando a la prometida para Enfantin. Las autoridades turcas estaban enfurecidas. Los mahometanos no aceptaban ni a los franceses católicos, mucho menos a estos libertinos del nuevo cristianismo. Los embarcaron inmediatamente rumbo a Egipto, donde Mehemet Alí les dio acogida y los tomó a su servicio. Pocos años después, todos volvieron a Francia convencidos de que el mundo todavía no estaba preparado para sus nuevas ideas y se introdujeron al mundo capitalista. Enfantin fue director del ferrocarril París-Lyon. Los demás se convirtieron en exitosos empresarios y Barrault fue diputado liberal en el Parlamento Francés.

  Revolución de L'Italia Giovane en Cerdeña

Después de dejar a los exilados franceses en Constantinopla, el Clorinda continuó su viaje hasta el Mar Negro. Tras recalar en Odessa fueron al puerto ruso de Taganrog, donde Garibaldi visitó una taberna. Allí se encontró con una reunión política de l’Italia Giovane, donde un joven marinero estaba en pleno discurso acerca de la liberación de Italia y la doctrina de Giuseppe Mazzini. Garibaldi se sentó en una esquina del fondo y se quedó escuchando en silencio.

Giuseppe Mazzini El que hablaba era Giovanni Batista Cuneo, un joven dos años menor que Garibaldi, que había recibido instrucciones de Mazzini para hacer proselitismo entre las tripulaciones de los barcos mercantes italianos. El discurso fue seguido por una discusión general, de la cual Garibaldi no participó. Cuando todo terminó, recién se acercó a Cuneo para decirle que había quedado impresionado por sus ideas. Se encontraron varias veces más durante su estadía en el puerto y se hicieron amigos. Cuneo le dio a Garibaldi una lista de contactos en Marsella, donde Mazzini estaba exilado en esos días.
Garibaldi llegó a Niza a mediados de 1833, se fue a Marsella y contactó a un miembro de l’Italia Giovane llamado Covi, quien finalmete le presentó a Mazzini. Los dos personajes escribieron en sus memorias los detalles de este encuentro, que pasaría a formar parte de la mitología del Resorgimento italiano. En aquellos días, alrededor de 700 miembros de l’Italia Giovane se estaban preparando para comenzar una revolución en el Reino de Cerdeña. Por el Norte, cruzando el Lago de Ginebra, atacarían los exilados polacos que habían fracasado en la revolución de su país en 1831. Al mismo tiempo, los italianos atacarían desde Génova. La misión de Garibaldi era incorporarse al la Marina Real de Cerdeña para comenzar la insurrección desde dentro de la institución.

El general Ramorino estaba a cargo del ejército que atacaría desde Suiza. Había participado con honores en el ejército de Napoleón y también formó parte del alto comando de la revolución polaca. Ramoniro se llevaba mal con Mazzini y además, algunos revolucionarios lo acusaban a de haberse quedado con parte de los fondos recolectados para la causa en París. Sin embargo, Mazzini lo mantuvo al frente de las tropas del Norte. Posiblemente no tenía a nadie mejor calificado para esa posición.

La revolución fue planeada para el 31 de enero de 1834, con el ingreso de las tropas de Ramoniro, que bajarían desde el norte reclutando gente para la causa. La llegada a Génova estaba prevista para el 11 de febrero, donde los revolucionarios locales se levantarían con el apoyo de soldados desertores del Ejército Real.

Garibaldi tendría que ayudar con la sublevación de la Marina Real. Para ello se había incorporado a la armada desde el 16 de diciembre, junto con Edoardo Mutru, que también había servido en el Clorinda. Garibaldi comenzó su tarea proselitista con los integrantes de la Marina Real, entre los que estaba un joven llamado Medici, que era un perfecto oyente y además, un informador del arma que reportó las actividades de Garibaldi.

En la noche del 31 de Enero, tal cua1 estaba planeado, los polacos comenzaron a cruzar el Lago de Ginebra, pero dos barcos fueron interceptados por la policía suiza y los tripulantes terminaron en la cárcel. Al día siguiente, Mazzini y Ramorino se encontraron en la otra orilla con sólo 224 combatientes de los 700 esperados. Mazzini estaba tan nervioso que se olvidó de poner el sobretodo y terminó con gripe.

Ramorino quería abortar la revolución y Mazzini era partidario de seguir adelante. La discusión se tornó tan violenta, que Mazzini perdió la conciencia debido a la fiebre. Cuando volvió en sí, Ramorino ya estaba viajando de vuelta a Suiza con toda su gente.

La noticia sobre el intento de revolución corrió por toda Europa. Garibaldi y Mutru, que ya estaban fichados como revolucionarios, el 3 de febrero fueron transferidos al buque insignia Conte de Geneys, que era el más grande y el más vigilado de todos los barcos en la marina de Cerdeña. Allí durmieron una sola noche a bordo. Al día siguiente se hicieron los enfermos y el oficial de guardia, que no conocía los antecedentes de ambos, los dejó bajar a tierra para ver a un médico.

Fueron a la Piazza Zarzano y escucharon el rumor de un inminente ataque de los revolucionarios a los cuarteles militares. Sin embargo no veían manifestaciones, ni barricadas ni cualquier otro indicio de sublevación popular. Pasaron todo el día recorriendo la calles de Génova, pero salvo numerosas tropas reales y policías en los lugares públicos, la ciudad estaba muy tranquila. Mutru quería volver al barco, porque era evidente que ese día no iba a pasar nada. Argumentaba que haber estado ausente unas pocas horas sin permiso, era mucho mejor que convertirse en desertores. Garibaldi, en cambio era de la idea que ya estaban jugados, porque la transferencia al buque insignia fue el paso previo para la cárcel y entonces no tendrían otra oportunidad de escapar.

Se hizo de noche y entraron a un salón de baile que estaba repleto de gente. Todos se estaban divirtiendo muy tranquilamente. A medianoche se retiraron a dormir en la casa de una amiga del movimiento. A las seis de la mañana, Garibaldi lo despertó a Mutru diciéndole que allí corrían peligro, pero su compañero prefirió seguir durmiendo. Garibaldi salió a la calle y caminó en busca de alguna señal de la revolución, pero todo seguía muy tranquilo. Al volver, pudo ver a la distancia que la policía salía de la casa llevando a Mutru detenido. Con la ayuda de varias amigas revolucionarias, Garibaldi pasó un par de días más en la cuidad. Como el puerto y los caminos estaban vigilados, vestido de campesino partió a Niza caminando a campo traviesa.

Después de diez días ya había caminado trescientos kilómetros hasta la casa de su familia, que había estado muy preocupada por él. La madre no se cansaba de repetir a sus vecinas que su pobre Pepino estaba en esa situación por causa de la mala junta que lo había cambiado desde hacía seis meses, cuando había vuelto de su último viaje en el Clorinda.

Garibaldi no se sentía seguro en el Reino de Cerdeña y partió al exilio, caminando por las colinas. Un primo y un amigo lo acompañaron los primeros ocho kilómetros hasta la frontera con Francia. Allí cruzó el río a nado y siguió caminando hasta la primera estación de policía para pedir asilo político. Esta vez, estaría ausente por 14 años y ya no volvería a ver vivo a su padre.

La Francia de Luis Felipe ya no era un lugar tan seguro para los revolucionarios con nuevas ideas. Garibaldi estaba muy equivocado. Cuando pidió asilo político lo arrestaron y lo llevaron hasta la villa de Draguignan, pero se escapó tirándose por la ventana de un primer piso, que estaba a más de tres metros de alto. Después siguió caminando en dirección a Marsella. Su situación iba de mal en peor, porque ya era un desertor de Cerdeña y un fugitivo de Francia.

Llegó a Marsella y se puso en comunicación con sus amigos de l’Italia Giovane. Cuando habían pasado unos tres meses, se enteró por “Le Peuple Souverain” que una corte marcial de Cerdeña, en ausencia lo había condenado a muerte. En la misma noticia se destacaba que todos los oficiales encarcelados habían sido perdonados y entre ellos estaba el nombre de Mutru. El único comentario de Garibaldi sobre su sentencia de muerte, fue que era la primera vez que veía su propio nombre impreso en un periódico.

Como tenía que ganarse la vida, en el puerto compró el pasaporte de un inglés llamado Joseph Pane. Se embarcó a bordo del barco francés L’Union y partió rumbo al Levante. Como en su nueva identidad ya no era un oficial diplomado, tuvo que aceptar el cargo de marinero común. Después de pasar todo el invierno nórdico ausente, retornó a Marsella el 2 de Marzo de 1835. Su próximo viaje fue a bordo del Helene, un barco recién botado que debía ser entregado a la armada de Túnez. Retornó a Marsella a bordo de un barco de la Marina Turca. Finalmente, en septiembre de 1835 se embarcó rumbo a Sudamérica a bordo del Nautonnier.

  El exilio en Brasil

Cuando nació Garibaldi en 1807, el rey de España gobernaba una colonia en América, que abarcaba desde el Cabo de Hornos hasta Oregón. Cuando Garibaldi llegó a Brasil era un joven de 28 años y la colonia española ya se había dividido en más o menos 16 territorios independientes, no muy bien delimitados entre sí. La mayoría estaba en guerra con sus vecinos, en plena guerra civil interna o ambas al mismo tiempo.

Una historia muy diferente tuvo la colonia portuguesa de Brasil, que abarcaba todo el noroeste de Sudamérica. Había mantenido la unidad de un territorio casi tan grande como el continente europeo, incluyendo Rusia hasta los Urales.

Durante la invasión napoleónica a Portugal, el rey había trasladado su corte desde Lisboa hasta Río de Janeiro y permaneció allí hasta que terminó la guerra. Don Pedro, el hijo y heredero del rey de Portugal, en 1822 proclamó la independencia de la colonia americana y se nombró a sí mismo Emperador de Brasil. En 1831 los conservadores le exigieron que abdique en favor de su hijo, que fue coronado como Emperador Pedro II cuando sólo tenía cinco años de edad y nombraron Regente a Antonio de Feijó.

Cuando Garibaldi llegó en 1837 a Río de Janeiro, con 170.000 habitantes era la ciudad más grande del continente Sudamericano. La población de Brasil llegaba a cuatro millones, más de la mitad eran esclavos de raza negra.

Al poco tiempo de su arribo, Garibaldi estaba caminando cerca de los muelles y en la Plaza del Palacio cree ver a una persona conocida. Cuando le habló, se dio cuenta que estaba confundido. Era un periodista italiano llamado Luigi Rossetti, que resultó ser amigo de Mazzini. El 26 de enero de1836 Rossetti le escribió una carta a Mazzini, donde le contaba la forma en que había conocido a Garibaldi y también le decía que se habían hecho muy buenos amigos. Casi al mismo tiempo, Mazzini recibió otra carta de un revolucionario, donde le contaba que “Borel” había jurado como miembro de l’Italia Giovane de Río de Janeiro. “Borel” era el nombre de guerra que usaba Garibaldi en Europa.

El embajador de Cerdeña en Brasil, Conde Palma di Gordofranco , escribió un reporte el 1 de febrero de 1836, donde informaba que uno de sus súbditos llamado Garibaldi había escrito un artículo en contra del Rey Carlos Alberto de Cerdeña en el Paquet du Rio.

Garibaldi quería hacer algo más que escribir artículos. El 26 de enero le había escrito a Mazzini, solicitando la autorización de un barco de guerra para atacar todos los buques de Cerdeña en las costas americanas. Estimaba que serían unos 35 por año. Mazzini no autorizó el pedido, porque Garibaldi podía ser acusado de piratería bajo las leyes internacionales.

Los revolucionarios de Río tuvieron que conformarse con mucho menos. Garibaldi y Rossetti tenían un barquito llamado Mazzini para llevar macaroni hasta Cabo Frío. Otros miembros de la organización revolucionaria navegaban en el Giovine Italia y el Giovini Europa. Los tres barquitos tenían la bandera tricolor de Italia. Cuando pasaban cerca de algún navío de Cerdeña, los insultaban a los gritos, llamando la atención de toda la gente que miraba asombrada desde el puerto. El embajador Borgofranco estaba indignado. Pidió autorización a Cerdeña para cañonear a los barquitos de bandera tricolor, pero por supuesto no se lo autorizaron.

Garibaldi formó otra alianza en Río de Janeiro, que duraría toda su vida: se hizo miembro de la masonería. Las logias masónicas se crearon en Inglaterra. Al comienzo de la dinastía de los Hanover, eran organizaciones de comerciantes que se ayudaban mutuamente, haciendo votos en un ritual secreto que tenía razones históricas y sicológicas para sus miembros. En 39 artículos, adoptaban una doctrina de generalidades religiosas muy amplias, de tal manera que se sintieran cómodos los anglicanos, los librepensadores y los judíos.

A mediados de los mil setecientos, se formaron logias masónicas en Italia y Francia, que usualmente comenzaron bajo los auspicios de nobles británicos radicados en esos países. Los Papados y soberanos autocráticos se sentían muy incómodos con estas asociaciones, que en forma tan poco ortodoxa incluían librepensadores, protestantes y judíos. Las logias eran muy respetadas y respetables en Gran Bretaña, pero no pasaba lo mismo en los países católicos de Europa, donde las autoridades religiosas y de gobiernos las consideraban sospechosas. Con el advenimiento de los racionalistas y humanistas como Voltaire y Rousseau, la poco comprometida “religión” masónica fue bienvenida entre los revolucionarios de la época y casi todos ellos formaban parte de alguna logia. La masonería europea, a diferencia de la británica, se convirtió en organizaciones de avanzada. En los Estados Unidos tomaron el modelo de las logias británicas conservadoras y en Sudamérica adoptaron las del estilo revolucionario europeo.

Corsario Riograndense

Garibaldi se aburría terriblemente con su negocio de macaroni, hasta que en marzo o abril de 1837 se puso en contacto con los rebeldes de Rio Grande do Sul.

Ya hacía dos años que la revolución y guerra civil también había estallado en Brasil. De las 18 provincias, dos se habían rebelado: Pará en el norte y Río grande do Sul en el sur. Se anticipaba que inevitablemente, Brasil se dividiría en cuatro diferentes repúblicas.

General Bento Gonçalves da Silva Pilho Río Grande do Sul es geográficamente diferente del resto de Brasil. Su terreno plano es una continuación de las pampas argentinas y las llanuras de la banda oriental del Uruguay. En septiembre de 1835, cuando Garibaldi estaba viajando en algún punto intermedio entre Marsella y Río, el General Bento Gonçalves da Silva Pilho comenzaba la lucha en Porto Alegre, en favor de la independencia de Rio Grande do Sul.
El General Gonçalves era descendiente de una antigua familia aristocrática portuguesa. También era un gran terrateniente de la provincia. Tuvo una distinguida carrera en el ejército, tanto de Potugal como del Emperador. Tenía un enorme prestigio en toda la zona del Sur. Era un líder respetado por todas las clases sociales, que compartían su deseo de independencia. Uno de sus colaboradores más cercanos era el Conde Italiano Tito Livio Zambeccari, que a su vez era miembro de l’Italia Giovane.

El gobierno central de Brasil no era ni autoritario ni brutal. No fusilaba a los líderes revolucionarios ni degollaba a sus soldados, lo que era una práctica común de aquella época en el Río de la Plata y su zona de influencia. Bajo una monarquía constitucional, convivían en Brasil los conservadores realistas en el gobierno con los reformistas republicanos en la oposición.

Zambeccari se convirtió en el jefe propagandístico de los Riograndenses, cuyos slogans políticos seguían la línea republicana de Russeau y la Revolución Francesa de 1789. Como miembro de l’Italia Giovane, Zamberccari también seguía la doctrina de Mazzini, que debido a su política unificadora de Italia, era antipapista y anticatólico. A este tema religioso lo mantenía en muy bajo perfil, porque Gonçalves quería un estado independiente, donde el catolicismo fuera la religión oficial del estado. Es más, promovía que los líderes Riograndenses solamente fueran católicos, si bien respetaba la libertad de cultos.

General Bento Manoel Ribeiro Para el gobierno central de Brasil, era muy difícil sofocar a este movimiento independentista del Sur, a tantos miles de kilómetros de Río de Janeiro. Delegaron esa tarea al General Bento Manoel Ribeiro, un líder monárquico respetado en el Sur, que también era terrateniente y había hecho una brillante carrera militar. Enviaron el refuerzo de un escuadrón naval bajo el comando del capitán inglés John Pascoe Greenfel.
El 4 de octubre de 1836, Ribeiro y Greenfel derrotaron a Gonçalves. Lo enviaron prisionero a Rio de Janeiro junto con Pedro Boticário. Zamberccari y otros líderes como Onofre Pires, Alfonso Corte Real quedaron prisioneros en Santa Cruz. Cuando Ribeiro entró triunfante en Porto Alegre, las fuerzas republicanas se refugiaron en las colinas bajo el mando del General Lima.

Rossetti consiguió un permiso para visitar a su compatriota Zamberccari en la prisón de Santa Cruz. Por primera vez le habló de Garibaldi y le dijo que estaba dispuesto a ser un corsario en favor de Santa Cruz do Sul. Como los revolucionarios no tenían ninguna defensa contra la flota imperial de Brasil, a Zamberccari le encantó la idea y se comprometió a conseguir de Gonçalves una “patente de corso” para Garibaldi.

Aparte de los barcos de las marinas de guerra oficiales pertenecientes a un país, por aquella época existían muchas clases de barcos armados. Desde el comienzo de la navegación hasta el presente, siempre existieron los “Piratas”. El vocablo proviene del griego y su significado es "el que emprende" o "el que intenta fortuna". Los piratas son ladrones del mar que actúan al margen de toda ley. Sus fines no son políticos. Al ser delincuentes comunes, buscan su propio beneficio y no sirven bajo ninguna bandera.

Bucanero (Privateer) es una derivación de la palabra nativa "bucan", que en el caribe era una especie de parrilla donde se ahumaba la carne quemando madera verde. La parte occidental de La Española (actual Haití) estaba despoblada y llena de ganado salvaje. Se comenzó a llamar “bucaneros” a los franceses que cazaban ganado para vender carne ahumada. Los bucaneros vivían en la más salvaje libertad, nadie les mandaba ni reconocían ninguna autoridad. Al ser comerciantes por cuenta propia, los bucaneros frecuentemente no tenían suficientes ganancias para subsistir. Se llamó “Filibustero” (Freebooter) al que ayudaba su negocio con actos de piratería común. Proviene del holandés "Vrij Buiter" (el que va a la captura de botín).

Los Corsarios recibían ese nombre porque tenían “patente de corso” (letter of marque). Los "actos de guerra" eran iguales a las de los piratas, pero navegaban a las órdenes de un rey o gobernante de algún país del cual portaban su bandera. Solamente atacaban a los barcos de países enemigos. Los países neutrales podían permitirles reabastecerse en sus puertos. Bajo la ley internacional, los piratas comunes podían ser ahorcados, pero los corsarios tenían que ser considerados prisioneros de guerra (al menos esa era la teoría).

Los Riograndenses continuaron con la revolución independentista durante 1837. El General Gonçalves se escapó de prisión el 8 de abril. Había firmado la “patente de corso” el 14 de noviembre de 1836, pero Garibaldi recién la recibiría el 4 de mayo de 1837. El mismo día que Gonçalves escapaba de la prisión, su subordinado el General Neto, derrotó al General Manoel Ribeiro en Río grande do Sul. Las fuerzas revolucionarias controlaban todo el territorio, menos Porto Alegre y Rio Grande, que estaban defendidas por la armada imperial de Greenfell.

En secreto, Garibaldi había estado preparando a su barquito para la guerra, el Mazzini de 20 toneladas, en las propias narices de las autoridades portuarias de Río. Recaudó fondos para sus provisiones y armamentos entre la comunidad italiana. Reclutó una tripulación de 8 marineros: 6 italianos y 2 malteses. Tres días después de recibir su patente de corso, zarpó de la bahía de Rio de Janeiro rumbo al Sur, llevando al periodista Rossetti como único pasajero. Al alejarse a una distancia prudente, subieron al mástil la bandera tricolor (roja, amarilla y verde) de Río Grande so Sul. Ahora eran un buque de guerra.

Al cabo de recorrer tan sólo 30 kilómetros, ya se encontraron con el primer barco de bandera brasilera, el Luisa de 60 toneladas. Garibaldi lanzó unos cañonazos de advertencia y los brasileros se rindieron sin resistencia porque navegaban en un buque mercante desarmado. Levaban unos pocos muebles y un cargamento de café. Como los revolucionarios no tenían tripulación suficiente para los dos barcos, transfirieron toda la carga y armamento al más grande y hundieron al Mazzini.

Siguieron navegando al Sur por una semana. En una playa cerca de Itapacaroí, desembarcaron la tripulación original y a los pasajeros del Luisa. Garibaldi les ofreció la libertad a los esclavos negros si se quedaban con él y reclutó cinco nuevos marineros.

Cuando las autoridades brasileñas se enteraron de la captura del Luisa, la consideraron un acto de piratería, porque no reconocían a la autoridad independiente de una de sus propias provincias. Precisamente en eso estaban, peleando una guerra civil. Por lo tanto, la “patente de corso” del prófugo General Gonçalves no tenía ningún valor para el Imperio. Brasil ya era el segundo país que condenaba a muerte a Garibaldi.

Garibaldi necesitaba provisiones y reparar el barco. A pesar que estaba frente a las costas de su propio “país”, no estaba seguro que donde desembarcara, ese lugar estaría libre de tropas imperiales. La Laguna de los Patos y sus importantes ciudades, estaban dominadas por la armada de Greenfell. Por lo tanto Garibaldi decidió ir al Uruguay, porque era parte de un país neutral. Además, según le habían dicho sus camaradas de Río, las autoridades uruguayas simpatizaban con el movimiento independentista de los Riograndenses. Se le olvidaba que, la independencia de Río Grande do Sul todavía no había sido reconocida por ningún país del mundo.

Desde Octubre de 1830 Brasil y Argentina habían firmado el tratado de Montevideo, mediante el cual ambos países renunciaban a sus pretensiones sobre el territorio de la Banda Oriental. La República Oriental del Uruguay obtuvo su independencia y el general Fructuoso Rivera asumió la presidencia de la nación. En 1834 el general Manuel Oribe lo reemplazó como primer mandatario, pero comenzó un proceso contra Rivera por supuestos despilfarros con el dinero del estado y comenzó una guerra civil. Los partidarios de cada bando se identificaban por el color de su gorra.

  Malos tiempos en Gualeguay

El 28 de mayo de 1837, Garibaldi fondeó el Luisa en el puerto de Maldonado (Punta del Este) que está a la entrada del Estuario del Río de la Plata. La otra orilla era tierra de Juan Manuel de Rosas.

La revolución de la elite intelectual de la ciudad de Buenos Aires en 1810 había provocado la caída del Imperio español en todo el Cono Sur Sudamericano. Las desavenencias entre los revolucionarios del Río de la Plata fueron desde el principio, cuál sería la forma de gobierno que reemplazaría a la autoridad destituída del virrey español.

Los que querían conservar el mismo modelo de la dinastía de los Borbones, con una única autoridad asentada en la ciudad de Buenos Aires, se llamaban unitarios. Desde la capital porteña se querían nombrar a todos los gobernadores de las provincias, como era facultad del virrey hasta antes de la revolución. La mayor consecuencia económica de este modelo, era que los impuestos aduanales de todo el territorio quedarían en Buenos Aires.

En las ciudades del interior habían surgido líderes espontáneos llamados caudillos, que querían cierta autonomía para las provincias, como la facultad de nombrar a sus propias autoridades. Se llamaban federales y por supuesto, querían repartir los beneficios de la aduana según quién los produjera. Se desató una intrincada guerra civil, en medio de la cual se había ganado la guerra por la independencia de España en 1821.

Desde 1810 el desorden y las guerras civiles habían provocado la gran crisis de la década del veinte. Rivadavia era el líder de los liberales unitarios. Buenos Aires tenía 80.000 habitantes. En el interior había un millón de personas y doce millones de vacas. Los gauchos eran gente de a caballo que hacían las tareas propias de la ganadería. La agricultura era prácticamente inexistente. Sólo existía en las “tierras de pan llevar”, o sea para el consumo interno en los alrededores de cada población. Los productos de exportación eran los cueros y la carne vacuna salada.

Las estancias eran establecimientos de propiedad privada que abarcaban grandes extensiones de terreno. Los saladeros y las curtiembres eran la industrias de las ciudades, que se abastecían de materia prima desde las estancias.

En Buenos Aires la lucha había terminado violentamente, cuando el líder unitario Lavalle fusiló injustificadamente al líder federal Dorrego. Los unitarios cayeron en desprestigio y los federales pidieron ayuda a los gauchos de la provincia. Don Juan Manuel de Rosas había nacido en Buenos Aires pero pasó toda su vida en las pampas, como hombre de a caballo. Era un exitoso estanciero y el líder indiscutido entre los gauchos. Al final de una década desastrosa, en 1829 se hizo con el poder en Buenos Aires. Gobernaba con mano de hierro y todos los intelectuales unitarios fueron desterrados. Una gran parte de ellos estaba en la ciudad rebelde de Montevideo, al otro lado del Río de la Plata.

El gobierno de Rosas era de corte federal, pero con características muy peculiares. No era el presidente de todo el país, sino el gobernador de la provincia de Buenos Aires, que fue nombrada “la hermana mayor” de todas las provincias argentinas. Por lo tanto, Rosas no pretendía nombrar a todos los gobernadores desde Buenos Aires, sin embargo, todos los demás gobernadores debían obedecerle. Por otro lado, la provincia de Buenos Aires se quedaba con los impuestos de la aduana y Rosas también asumía la Representación Exterior de todas las demás provincias argentinas.

Cada vez que un caudillo se rebelaba a su autoridad, Rosas le ordenaba a otro gobernador leal que lo eliminara. El país se llamaba Confederación Argentina y este modelo había pacificado el territorio, o por lo menos había limitado los conflictos a la pelea entre dos caudillos solamente. Al evitarse las alianzas que generalizaban las guerras civiles de todos contra todos, la economía de la Confederación había mejorado notablemente.

Lo que actualmente se llama “libertad de expresión” no existía en Buenos Aires. El ejército privado de Rosas, llamado la mazorca por sus oponentes, aterrorizaba a la clase media de Buenos Aires y asesinaba a los críticos de Rosas durante la noche, tanto en las calles como en sus casas. Los soldados rosistas usaban una especie de gorro frigio francés de color rojo. Los domingos, recorrían las calles después de la misa, aterrorizado a las mujeres que no llevaban la obligatoria cinta roja en el pelo, que era el símbolo del federalismo. En Buenos Aires había carteles en todas partes (hasta en las iglesias) que decían “Mueran los salvajes unitarios”. A todos los adversarios políticos de Rosas, de cualquier clase que fueran, se los llamaba “unitarios”.

La imagen de Rosas en todo el mundo, al principio había sido francamente muy mala. Raramente salía de su palacio en Palermo, que estaba a las orillas del Río de la Plata y a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, tenía una hija que era encantadora. Organizaba los eventos sociales más destacados y patrocinaba todas las organizaciones de caridad. Invariablemente se ganaba la simpatía de los embajadores del cuerpo diplomático en la ciudad de Buenos Aires.

Como era habitual en aquella época, cada caudillo organizaba su aparato de propaganda y Rosas tenía el mejor. Su periódico de publicación diaria era La Gaceta Mercantil. También tenía el Archivo Americano que se publicaba trimestralmente en castellano, inglés y francés, para que circularan en Inglaterra, Francia y Estados Unidos. El British Packet de Thomas Love, seguía la misma línea de las demás publicaciones, pero con la ventaja que pretendía representar a la opinión de la comunidad inglesa en Buenos Aires.

Rosas también había formado un poderoso lobby en Londres, dirigido por Alfred Mallalieu. Sin embargo, los numerosos intelectuales unitarios en el destierro le dejaban poco terreno para mejorar su imagen. La mayoría de ellos, cuando llegó Garibaldi en 1837, estaban viviendo en Montevideo.

Los uruguayos también habían formado dos facciones políticas, los blancos y los colorados. El líder de los colorados era el General Fructuoso Ribera y era apoyado por los unitarios argentinos. El líder de los blancos era el General Manuel Oribe y era un aliado de Rosas, al estilo de todos los gobernadores argentinos. En 1837 los blancos estaban en el poder y Oribe era el presidente de Uruguay.

Los límites entre Uruguay y Rio Grande do Sul eran imprecisos, porque no tenían un río o montañas que los separen. El límite teórico era invisible para la gente de la llanura y muchas veces pasaba en el medio de sus estancias. Los habitantes del Norte del Uruguay seguían con mucho interés la lucha de independencia de los Riograndenses.

Los colorados de Ribera y los intelectuales unitarios argentinos eran partidarios de los revolucionarios independentistas de Río Grande do Sul. La posición de los blancos del presidente Oribe y los federales de Rosas, era un poco más compleja porque estaban en el poder. Ideológicamente eran contrarios a las ideas separatistas de los Riograndenses, pero estaban felices del problema que le ocasionaban al Imperio de Brasil. Por lo tanto habían adoptado una actitud de total neutralidad.

Cuando Garibaldi bajó a tierra en Maldonado, encontró que las autoridades uruguayas eran muy amistosas. Rossetti se fue por tierra a Montevideo, distante unos 120 kilómetros al Oeste. Su misión era tratar de vender el café que traían en el barco y hacer contacto con Cuneo y otros miembros de l’Italia Giovane. Garibaldi vendió parte del café a un comerciante de Maldonado. Había arribado un ballenero francés y a la noche ambas tripulaciones estuvieron de fiesta.

Cuando el embajador de Brasil en Montevideo se enteró que el Luisa estaba en Maldonado, le pidió a Oribe que lo requisara y le entregara a los piratas para enviarlos prisioneros a Brasil. El presidente estuvo de acuerdo y mandó las órdenes correspondientes a sus oficiales en Maldonado. Al conocer esta noticia, el gobierno de Brasil envió a Maldonado a su buque de guerra Imperial Pedro.

Como era habitual, la noticia de la decisión de Oribe llegó a Maldonado mucho antes que la orden de arresto oficial y el primero en enterarse fue Garibaldi. Inmediatamente fue a cobrarle el café que le había vendido al comerciante uruguayo. Como éste también se había enterado de los problemas que tenía Garibaldi, le dijo que no tenía el dinero para pagarle. No tuvo suerte. Con un revólver apuntándole a la cabeza, recorrió todas las habitaciones de la casa hasta que juntó la cantidad que le debía.

Según informó la prensa de Río, el Imperial Pedro tuvo vientos contrarios y llegó a Maldonado cuando el Luisa ya había partido. Ese “viento contrario” era el Pampero, que sopló fuerte aquel 30 de junio de 1837 y produjo una de las típicas sudestadas del Río de la Plata, que a Garibaldi le impidió salir a mar abierto. No tuvo más remedio que navegar hacia la boca del Río Paraná. Cuando aminoró el viento y como ya había comenzado el invierno, el Río de la Plata estaba cubierto de niebla y el Luisa no pudo ser divisado por los brasileros.

Gualeguay

Como Garibaldi había cobrado el café vendido en Maldonado a último momento, no tuvo tiempo de cargar provisiones. Cuando avistó un ranchito en la costa, bajaron para comprar lo que pudieron. Después se encontraron con otro barco y estaban negociando en medio del río cuando los identificó el buque de guerra uruguayo María. En el intercambio de balazos, uno de los tripulantes murió y Garibaldi tomó su posición. En ese momento recibió un tiro debajo de la oreja y la bala se le alojó en el cuello.

El Luisa se batió en retirada y el buque uruguayo, con varios heridos a bordo, decidió volver a Montevideo. En el camino encontró al Lobo que también estaba buscando a Garibaldi y más adelante al Imperial Pedro. A ambos les indicó la dirección en que huía el Luisa.

Cuando Garibaldi volvió en sí, los tripulantes estaban esperando instrucciones. En medio de un inmenso dolor, les indicó que vayan a Santa Fe, porque fue el primer nombre que vio en el mapa. El marinero Carniglia, a pesar de no tener suficiente experiencia, se hizo cargo de dirigir el barco. Estaban en un lugar desconocido, sin provisiones y dos barcos de guerra los perseguían de cerca. A Garibaldi le llevaron café, que era lo único que tenían en abundancia.

Llegaron hasta la isla Martín García, donde se cruzaron con otro barco al que le compraron vino. Después se internaron en el río Paraná. Ni los brasileros ni los uruguayos se atrevieron a seguirlos en pleno territorio argentino sin el permiso de Rosas.

Después de navegar varios días llegaron a la confluencia del Paraná con el río Gualeguay. Allí se encontraron con un barco de Buenos Aires al que le quisieron comprar provisiones. El capitán les dijo que no tenía, pero que si navegaban al Norte por ese pequeño río, encontrarían a la ciudad de Gualeguay, que el era el lugar más cercano donde podían comprar provisiones. A esa altura, a Carniglia le daba lo mismo Santa Fe que Gualeguay. Al fin y al cabo eran ciudades del mismo país.

Llegaron a Gualeguay el 27 de junio de 1837, doce días después que Garibaldi recibiera el balazo en el cuello. Era un pueblito de 2.000 habitantes. Estaba gobernado por el Mayor Leonardo Millán, un tape bastante ordinario, como la mayoría de los milicos de entonces. El pueblito estaba dentro de la Provincia de Entre Ríos, llamada así porque formaba parte de una mesopotamia dentro del continente, a la que solamente se podía llegar navegando en aquella época. Esa provincia tenía un inmenso territorio, casi del tamaño de Portugal, cubierto de pastos verdes y espinosos montes bajos, donde había más vacas que gente. No se podía andar más de una legua sin tener que cruzar algún arroyo. En toda la provincia había 7 pueblitos. El más grande era Paraná con 5.000 habitantes. El resto de la población vivía en estancias, pero la mayor parte del centro de la provincia estaba deshabitado y servía de refugio a toda clase de fugitivos y desertores. El gobernador de Entre Ríos era el Coronel Pascual Echagüe, buen amigo y leal servidor de Rosas.

Pascual Echagüe Por casualidad, cuando el Luisa llegó a Gualeguay, el gobernador Echagüe estaba de visita en la ciudad. La bala en el cuello de Garibaldi fue el problema más urgente que tuvieron que solucionar. El gobernador envió a su propio médico personal para que atendiera al herido. El joven médico Ramón del Arco, primero lo alojó en la casa de un comerciante catalán, Don Jacinto Abreu. Allí le extrajo la bala en una operación (lógicamente sin anestesia) que duró media hora. Sus enfermeros fueron Carniglia y la señora de Abreu. Después de unos pocos meses, Garibaldi estaba completamente recuperado.

Garibaldi le pidió asilo político a Echagüe. Por tratarse de un asunto de política exterior, el gobernador le pasó el pedido a Rosas. La solicitud estaba fechada el mismo día que llegó a Gualeguay. La tuvo que dictar cuando todavía tenía la bala en el cuello. Eso no le impidió expresar ampliamente sus sentimientos sobre la libertad e independencia de Río Grande do Sul de la tiranía del Imperio. Recapitulaba además una detallada descripción de todos los acontecimientos desde que había partido de Río de Janeiro.

La decisión de Rosas fue devolver el barco y su carga a los brasileros y liberar a toda la tripulación, menos a Garibaldi que quedaría retenido en Gualeguay bajo palabra que no se escaparía. La tripulación partió a Montevideo en el primer barco que tuvo ese destino, menos Carniglia que se quedó para cuidar a Garibaldi hasta que su herida estuviera completamente sana. Todos los italianos volvieron a Río Grande do Sul y se reincorporaron a las tropas repubicanas. Nunca más se supo de los dos malteses y los cinco negros.

Una tripulación brasilera llegó a Gualeguay para llevarse al Luisa intacto y con toda su carga. Sin embargo, el precio del café nunca estuvo tan barato en esa parte de Entre Ríos como en el año 1837. El ancla del barco y el telescopio de Garibaldi, actualmente están en el museo de Gualeguay.

Durante su permanencia de seis meses en Gualeguay, Garibaldi se alojó en la casa de los Abreu. Su encantadora personalidad, le abrió las puertas de casi todas las familias del pueblo. Además, durante este tiempo aprendió dos cosas que serían muy importantes para el resto de su vida: comenzó a hablar fluidamente el castellano y aprendió a andar a caballo como un experto jinete.

Con avidez leía los diarios de Francia con cuatro meses de atraso y escribió numerosas cartas. Hubiera sido feliz en Gualeguay si hubiera tenido un temperamento más tranquilo. Los eventos que siguieron fueron causa de trágicos malentendidos por mucho tiempo. Todos los oficiales de los distintos ejércitos europeos, consideraban que quebrar la palabra empeñada era causa de deshonor y una acción imperdonable. Tanto Rossetti como Cuneo se habían ofrecido para ayudarlo a escapar de Gualeguay. Garibaldi se había negado, por razones de honor.

Los amigos de Gualeguay le explicaron a Garibaldi que en estas tierras existían otros códigos. Las autoridades le habían dado la libertad bajo palabra porque querían que se escapara. Si no se fugaba sería un tonto por no aprovechar la oportunidad que se le presentaba y además, le estaba creando un problema a las autoridades argentinas por no hacer lo que se esperaba de él.

Aunque Garibaldi lo negaría siempre, los locales afirmaban que Abreu le proveyó un caballo y una pistola. Bernardo Gallo y Gregorio Correa le planificaron la fuga. Le pagaron a Juan Pérez, un baqueano conocedor de la zona, para que lo guíe en su viaje hacia el Oeste hasta encontrar el río Paraná, donde podía embarcarse rumbo al extranjero.

Garibaldi y Juan Pérez partieron cuando ya había oscurecido y viajaron toda la noche, gran parte al galope, bajo la lluvia y fuertes vientos. Estaban a fines de 1837 y era pleno verano. Tenían planificado llegar hasta la estancia de un inglés. Cuando amaneció, el baqueano le dice a Garibaldi que ya llegaron y que espere escondido entre los árboles mientras él iría a verificar que no había peligro en la estancia. Exhausto por haber cabalgado toda la noche, Garibaldi se tiró a dormir en el suelo. No había pasado mucho tiempo, cuando se despertó rodeado por una partida de soldados.

Los soldados ataron las manos de Garibaldi, lo subieron al caballo y le ataron los pies por debajo del caballo. Al poco tiempo, ya habían llegado a Gualeguay, porque Juan Pérez lo había hecho cabalgar en círculos durante toda la noche. Cuando entraron a la comandancia, Millán lo cruzó de un fustazo en la cara, como se estilaba entonces. Lo comenzó a interrogar sobre quiénes lo habían ayudado y proveído para la fuga. Garibaldi no decía nada y Millán le seguía pegando con una fusta en la cara, hasta que le quedó roja como un tomate. Finalmente Millan se canso del silencio de su prisionero y ordenó que lo torturen hasta que confiese.

Garibaldi torturado en Gualeguay Lo llevaron a un edificio separado de la comandancia. Allí le ataron las manos por las muñecas con dos sogas que pasaron por encima de una viga del techo. Entró Millán y se le paró enfrente haciendo la misma pregunta y Garibaldi lo escupió. Entonces Millán enfurecido, ordenó que lo cuelguen y lo dejaran en esa posición. El dolor de estar colgado por las muñecas era intenso y permaneció así por dos horas, hasta que se desvaneció. Cuando despertó estaba en el suelo, encadenado a otro prisionero.

Toda la gente de Gualeguay estaba consternada porque en su corta estancia, Garibaldi había hecho muchos amigos, que ahora eran todos sospechosos para Millán y estaban aterrados. La señora Rosa Sanabria de Alemán, fue la única que se atrevió a visitarlo en al cárcel y le llevó todo el confort que le fue permitido.

Al cabo de unos pocos días, Garibaldi fue trasladado a una cárcel provincial en Paraná. Allí se curó de los efectos de las torturas de Millán, aunque le quedarían algunas secuelas para el resto de su vida. Después de dos meses, fue puesto en libertad sin restricciones, para que vaya donde quiera. Se embarcó en el primer barco que salió rumbo a Montevideo.

  La Revolução Farroupilha en Rio Grande do Sul

Un poco antes de cumplir 30 años, Garibaldi llegó a Montevideo y se alojó en la casa de Angelo Pesante, con quien 13 años antes había navegado en su primer viaje de Niza a Odessa. Tuvo que permanecer oculto, porque las autoridades uruguayas todavía no habían olvidado que se resistió al arresto, dejando heridos a varios oficiales navales del María, uno de ellos de gravedad. Lo fueron a visitar Cuneo (que conoció en Rusia) y al periodista Rossetti que había llegado con Garibaldi en el Luisa.

Un mes después de haber llegado, Garibaldi partió hacia Río Grande do Sul con Rossetti. Recorrieron 500 kilómetros a caballo hasta la frontera. Desde allí siguieron a la villa de Piratiní, donde los revolucionarios habían establecido su capital. Estaba ubicada en los terrenos altos al Oeste de Pelotas. Fueron recibidos por el Ministro de Finanzas Almeida. El Presidente Gonçalves estaba ausente, en campaña militar contra las fuerzas imperialistas.

Los europeos no tomaban en serio a las guerras sudamericanas. No las consideraban verdaderas campañas militares, sino gestas más bien románticas. Había pocos heridos y pocos muertos, porque eran pocos los que peleaban. Los ejércitos eran pequeños, porque la población era escasa. Los visitantes extranjeros se asombraban porque la mayoría de la gente que vivía en los territorios en conflicto continuaba con su vida normal.

El enorme territorio de Río Grande do Sul tenía solamente 160.000 habitantes y el ejército de los rebeldes era de 6.000 efectivos. En ningún momento el ejército imperial pudo mandar al Sur los 10.000 efectivos necesarios para sofocar la rebelión. El mayor problema militar era buscar al enemigo en esas vastas extensiones de terreno. Frecuentemente los adversarios no se encontraban durante varios meses.

Con un ejército más numeroso, Gonçalves había puesto en fuga a las tropas realistas que se retiraron desde Pelotas con rumbo a Río Grande. Después de la batalla, el presidente se encontró con Garibaldi, que había llegado desde Piratiní. Le dio una cálida bienvenida y lo invitó a compartir su cena, que era muy simple porque el ejército revolucionario tenía una sola cocina para soldados y oficiales. Era la primera vez que se encontraban personalmente. A Garibaldi le pareció un general medio tibio.

Al día siguiente salieron en persecución de las tropas imperiales. Finalmente los Riograndenses tuvieron una gran victoria en el Río Pardo y los imperiales perdieron un millar de soldados. Gonçalves quedó en control de toda la provincia, menos las poblaciones de Porto Alegre, Río Grande y São José do Norte. Las tres localidades estaban a orillas de la Lagoa dos Patos y eran fuertemente defendidas por la armada imperial. La única entrada desde el océano a la laguna, estaba entre Río Grande y São José do Norte y desde allí las tropas imperiales dominaban el estrecho.

Rio Grande do Sul

La situación era un verdadero empate. Los republicanos dominaban el territorio, pero no tenían salida al mar, porque las naves imperiales dominaban y abastecían a sus tres poblaciones costeras. La armada de Brasil tenía 67 barcos, 2.830 marineros, 350 cañones y era la más grande del territorio Sudamericano. Los Riograndenses no tenían ningún barco.

John Grigg era un joven ciudadano norteamericano que pertenecía a una familia muy rica de Estados Unidos. Había llegado con afán de aventuras y se unió al movimiento republicano porque simpatizaba con esa causa. Como era de esperar, cuando Garibaldi lo conoció se hicieron grandes amigos.

Seival Gonçalves consiguió dos barquitos, uno para Garibaldi y otro para Grigg. El de Grigg era el Seival de 12 toneladas y lo llamó Republicano. El de Garibaldi era un poco más grande y con gran sentido del humor lo llamó Farroupilha (ladrón de mar, en portugués) porque así lo llamaban sus enemigos. Después lo convencieron que le cambiara ese nombre y entonces lo llamó Río Pardo en honor a la última victoria del ejército republicano. Grigg quedó bajo las órdenes de Garibaldi, que recibió el título de Comandante de las Fuerzas Navales de la República.

La tripulación de la Armada Republicana eran 60 hombres en total. Siete de ellos eran antiguos camaradas de Garibaldi como Mutru, Carniglia y los que lo acompañaron en el Mazzini hasta Gualeguay. La mayoría eran negros esclavos a los que se le había prometido la libertad al enrolarse. El resto de los hombres habían sido piratas o contrabandistas, que estaban felices de servir en una armada oficial.

Los barcos de Garibaldi estaban en la Lagoa dos Patos, que tiene unos 300 kilómetros desde el fondo hasta la desmbocadura, con un promedio de 50 kilómetros de ancho. El ancho del estrecho de salida es de unos 800 metros y estaba fuertemente custodiado por las fuerzas imperiales.

Al principio los brasileros se reían de la “armada” de Garibaldi, pero a mediados de 1838 comenzaron a asaltar una gran cantidad de barcos mercantes con bandera de Brasil, que eran llevados a la playa frente a Camaqua, donde los descargaban y le entregaban la carga a las fuerzas republicanas. El 4 de setiembre de 1838, Grigg y Garibaldi atacaron a un enorme barco mercante, el Mineira, pero la tripulación brasilera lo hundió antes de entregarlo. Los Riograndenses no pudieron salvar el barco, pero recuperaron casi toda la carga y la entregaron a los republicanos en las playas de Camaqua. La “armada” de Garibaldi ya no les daba risa a las autoridades imperiales. Empezaba a ser un gran dolor de cabeza y las naves de guerra tuvieron que comenzar a escoltar todos los barcos mercantes.

En el verano a fines de 1838 no había enfrentamientos armados. Garibaldi no podía atacar a los poderosos barcos de guerra de Brasil y las tropas imperiales no eran suficientes para atacar a Gonçalves tierra adentro. Entonces los revolucionarios comenzaron a desarrollar toda clase de actividades pacíficas, como organizar las instituciones del gobierno, cobrar los impuestos y organizar las elecciones para formar un parlamento. Se dictaron las primeras leyes y se organizaba la vida en común. Florecían las actividades sociales y Garibaldi se sentía feliz en ese ambiente, según cuenta en sus memorias.

Gonçalves tenía dos hermanas, Doña Ana y Doña Antonia. Esta última tenía una estancia en Camaqua, que lindaba con la Lagoa dos Patos. A unos 15 kilómetros de la casa principal, había un gran galpón cerca de la costa que se usaba para almacenar la yerba mate cosechada en la estancia. Ese galpón se había convertido en el centro de operaciones de Garibaldi. Allí construían y reparaban los barcos.

El 17 de Abril de 1839 había amanecido con una típica niebla otoñal que cubría la costa y los campos cercanos. Toda la gente estaba trabajando en los alrededores y Garibaldi estaba tomando mate con una docena de personas frente al galpón. Hacía casi un año que no veían tropas realistas en tierra, por eso todos habían dejado sus armas en el galpón y la vigilancia se había relajado.

De pronto aparecieron al galope 150 jinetes realistas al mando de Moringe. Quizás comenzaron a disparar muy pronto, porque Garibaldi y sus acompañantes alcanzaron a refugiarse adentro del galpón. El resto corrió y se dispersó en distintas direcciones, perdiéndose en la neblina. Tomaron un solo prisionero desarmado y lo degollaron inmediatamente. Los jinetes comenzaron a recibir balazos desde el galpón y concentraron el ataque en los refugiados. Ya estaban hasta en el techo para prenderle fuego, cuando por suerte un negro llamado Procopio, de un balazo le rompió el brazo a Moringue y al sentirse herido ordenó la retirada. Los realistas dejaron seis muertos en el terreno. Garibaldi sólo tuvo la pérdida del hombre degollado y algunos heridos.

El gobierno republicano estaba planificando una ambiciosa ofensiva. Río Grande do Sul limita al norte con Santa Catarina, un enorme territorio del tamaño de Escocia que tenía 66.000 habitantes. La capital era Desterro (Forianápolis). Había allí un movimiento radical que simpatizaba con la república, pero en general, la población era leal al Imperio.

Gonçalves había hecho contacto con los revolucionarios locales para promover la creación de la República de Santa Catarina. La estrategia se basaba en tomar posesión de Laguna y le pidieron a Garibaldi que de alguna manera coordine con el ejército un ataque por mar. Los barcos de Garibaldi estaban en Lagoa dos Patos y la única salida por el estrecho estaba fuertemente custodiada por las tropas imperiales. Entonces decidió sacarlos por tierra.

Lagoa dos Patos La parte más angosta para sacar los barcos al Atlántico era una lengua de tierra de 15 kilómetros de ancho, pero el terreno arenoso en forma de médanos era muy blando para transportar una carga tan pesada. Finalmente decidió sacarlos por el norte, entre la bahía de Capibarí y Tramandai, donde el terreno era duro pero la distancia al océano aumentaba a 80 kilómetros.
Le habían dicho a Garibaldi que en la zona había un ingeniero muy inteligente llamado Abreu. Lo mandó a llamar y le planteó el problema. El hombre se puso a trabajar y los aparatos que diseñó están actualmente en el museo de Porto Alegre. Son dos armazones de madera muy dura, cada una con cuatro ruedas de carro de tres metros de alto. Estas estructuras se metían en el agua debajo de los barcos, que una vez asegurados se tiraban rodando a tierra firme. Del otro lado se repetía la operación a la inversa. Se usaron 200 bueyes para trasladar al Río Pardo y al Seival. Después de tres días de viaje, los reflotaron en el Atlántico el 14 de julio de 1839.

Extravagancias como ésta, ya lo estaban haciendo famoso a Garibaldi. Su amigo Rossetti se encargaba de enviar estas noticias que fascinaban a los lectores de todo el mundo. Ese hombre que luchaba por sus ideales en tierras tan remotas, provocaba el mismo efecto que el Sandokan de Emilio Salgari, pero con la ventaja que Garibaldi era un hombre de carne y hueso. La hermosa pintura de Lucilo de Albuquerque, mostraba a esforzados hombres empujando para ayudar a los bueyes, mientras Garibaldi los alentaba desde el caballo, agitando su sombrero en el aire. La verdad era que tantos bueyes nunca necesitaron ayuda.

Los dos barcos, tan pronto estuvieron de nuevo en el agua, hincharon sus velas y partieron hacia el Norte. Garibaldi llevaba 30 hombres en el Río Pardo, la mayoría de ellos eran soldados que nunca habían navegado en el océano y muy pronto estaban todos descompuestos. Al día siguiente los alcanzó un huracán y el barquito se hundió. Se ahogaron todos los mejores amigos de Garibaldi, entre los que estaban Carniglia, que lo acompañó en Gualeguay y Mutru, su camarada en la frustrada revolución de Génova. De los siete italianos sólo se salvó Garibaldi. Hasta se ahogó el negro Procopio, que con su tiro de suerte había salvado la vida de todos en el galpón de Camaqua. Sólo se salvaron 14 personas, incluyendo los inexpertos soldados que llegaron a la orilla agarrados a un tablón.

El Seival sobrevivió a la tormenta sin perder hombres ni carga. John Gregg tuvo más suerte o era mejor marino. Capturó el Itaparica y se lo entregó a Garibaldi. Una semana después de la tormenta llegaron a Laguna. Atacaron a la ciudad simultáneamente con las fuerzas de tierra. En el parte de guerra los republicanos informaron que habían capturado 77 prisioneros, 4 barcos de guerra y 14 mercantes, 463 carabinas y 36.620 rondas de munición. Obviamente, los imperiales no esperaban ningún ataque en Santa Catarina y mucho menos por mar.

Los Riograndenses siguieron su lucha y conquistaron otras localidades, pero fracasaron al atacar la capital Desterro, por la enérgica defensa que dispuso el gobernador.

  Historia de un Amor en Laguna

Laguna cambiaría la vida de Garibaldi. Con que sólo hubieran sido ciertas la mitad de las historias de amor que se le atribuyeron, serían suficientes para romper el récord de todos los donjuanes de todas las épocas. Sin embargo hasta los 32 años, nunca había tenido una compañera.

Podemos imaginar el estado de ánimo de Garibaldi, a pocos días de haber perdido de golpe a sus seis mejores amigos. Las batallas habían terminado y mientras estaban llegando al puerto de Laguna él estaba en la cubierta del Itaparica, solo con sus pensamientos. Según él mismo cuenta en sus memorias, en ese momento decidió buscar a una mujer para mitigar su soledad.

Levantó el telescopio y se puso a mirar a las casitas de la Barra, que es una colina detrás de la ciudad. De pronto vio a una mujer que le llamó la atención. Cuando barco llegó al muelle, inmediatamente bajó a buscarla pero ya no la encontró. Laguna era un pueblito de 4.000 habitantes y tarde o temprano la vería de nuevo. El encuentro ocurrió cuando lo invitaron a una casa a tomar café y allí estaba ella. Muchísimo tiempo después, Garibaldi escribió en sus memorias:

Nos quedamos estáticos y silenciosos los dos, mirándonos como dos personas que no se ven por primera vez. Finalmente la saludé y le dije: ‘Usted debe ser mía".

Anita Garibaldi Esta no fue la versión que conoció el mundo, sino otras como la del libro de Giuseppe Bandi. Dwight, que era amigo de Garibaldi, en 1859 publicó en Nueva York que después de verla por el telescopio, sabía cuál era su casa, pero no se atrevía a hablarle porque no conocía a nadie que se la presentara. Ese cuento estaba mucho más acorde con las buenas costumbres de la época, pero no encajaba con la verdadera personalidad de Garibaldi. El problema era que esa mujer ya estaba casada y no se podía alienar a los admiradores de Garibaldi. La biografía que publicó Alejandro Dumas en francés, explicaba en una forma extremadamente romántica de aquel encuentro:

Mi corazón estaba palpitando agitadamente, pero no aplacaba mi resolución. Un hombre me pidió que pasara; yo hubiera entrado aunque me lo hubieran prohibido. Había visto antes a este hombre. Vi a la niña y le dije: “Virgen, tú serás mía”. A través de estas palabras formé un lazo que sólo la muerte podría romper. Había encontrado un tesoro prohibido ¡pero qué tesoro no tiene su precio! Si un error se cometía, el error era mío y de nadie más. Era mi error si por juntar dos corazones se desgarraba el alma de una persona inocente.

De un plumazo Dumas arreglaba todo. Garibaldi era el culpable de romper un matrimonio con grandes remordimientos, pero no lo podía evitar debido a sus incontrolables sentimientos que lo comprometían para toda la vida. El marido era una persona inocente con el alma desgarrada y se refería a Anita con los términos de “niña” y “virgen”.

Ana Maria de Jesus Ribeiro Antunes Ana Maria de Jesus Ribeiro Antunes era hija de Bento Ribeiro da Silva y Maria Antonia de Jesus Antunes. El 20 de octubre de 1839 conoció a Garibaldi, ella tenía 19 años y hacía cuatro que estaba casada con el zapatero Manuel Duarte. ¿Era éste hombre borrachín y violento? ¿Estaba ausente reclutado por el ejército imperial? ¿Ella se casó obligada por su madre? ¿Fue Anita la que decidió fugarse? ¿Fue Garibaldi quien la raptó? Lo cierto es que se fueron a vivir su luna de miel en el Itaparica y desde entonces no se separaron. Anita simplemente había entrado a la Historia y Alejandro Dumas, entre otros, la haría tan famosa como a Dartagnan en "Los Tres Mosqueteros". Pero Anita era real.

A Garibaldi le ordenaron que ataque los buques mercantes imperiales en las costas de Santa Catarina. La flota enemiga estaba cuidando la salida de la bahía, pero los republicanos salieron de noche sin ser vistos. Eran tres barcos, Garibaldi en el Itaparica al que había rebautizado Río Pardo, el pequeño Seival que habían transportado los bueyes y el Caçapava de Grigg. Anita estaba abandonando Laguna para siempre y éste sería su bautismo de fuego.

Gregg se perdió en la noche y se separó de los otros dos barcos. Garibaldi capturó tres embarcaciones, incluyendo un enorme buque mercante cargado de arroz. Cuando estaban volviendo se encontraron con una enorme flota imperial. Garibaldi consiguió escapar, pero perdió todos los barcos que había capturado. Navegó hasta Imbituba, a unos treinta kilómetros al norte de Laguna. Desembarcó el único cañón que tenía, lo armó en tierra y posicionó a sus barcos para el combate.

Anita Garibaldi en el Rio Pardo La flota imperial llegó al día siguiente. Era una fuerza muy superior, pero Garibaldi consiguió defenderse por cinco horas, aunque tuvo muchas bajas. Anita estaba disparando desde la cubierta, cuando recibieron un impacto de cañón y a su lado fueron destrozados dos marineros pero ella salió ilesa. Garibaldi le ordenó que se fuera bajo cubierta. Ella le obedeció, pero para aparecer con otros dos marineros que se habían ocultado por miedo. Vaya uno a saber cómo los habrá convencido. De pronto, la flota imperial se retiró para gran sorpresa de Garibaldi. Después se enteraron que el comandante brasilero había muerto de un disparo. Pudieron zarpar hasta Laguna, donde se encontraron con Grigg.
Los revolucionarios del Sur disfrutaban de su mejor momento y el gobierno de Río estaba consternado. El General Andrea pudo reprimir la revolución de Pará en el Norte y ahora estaba disponible con todas sus tropas para reforzar el ataque a Santa Catarina. El Imperio comenzó la batalla en dos frentes: el militar y el político.

Los imperiales ya contaban con la simpatía de la mayor parte de Santa Catarina. El terreno de Río Grande do Sul es una continuación de la pampa argentina y la planicie uruguaya. Su mayor producción era el ganado, pero Brasil importaba grandes cantidades de carne salada desde el Río de la Plata para alimentar a sus esclavos, que era la mitad de la población del Imperio. Las autoridades de Río de Janeiro decretaron un impuesto del 25 % a la importación de carne salada. Si bien la gente de Río Grande do Sul también quería un poco de autonomía, esta inteligente maniobra del Imperio debilitó a muchas voluntades revolucionarias.

Los separatistas republicanos, por el contrario, cuando comenzaron a encontrar población hostil a las ideas revolucionarias en Santa Catarina, los empezaron a considerar “enemigos” y a tratarlos como tal. Garibaldi estaba a punto de experimentar una gran enseñanza, que le sería de gran utilidad en el futuro.

Degollar a los prisioneros y fusilar a los oficiales era una práctica bastante común en el Río de la Plata. En Brasil ocurría sólo ocasionalmente. Después de una batalla, las tropas de Garibaldi pusieron a veinte prisioneros en fila para degollarlos. Cuando ya habían matado a cuatro, llegó él y con gran enojo paró las ejecuciones (esta historia fue ampliamente difundida por el quinto prisionero que estuvo a punto de ser degollado). Durante todo el tiempo que Garibaldi estuvo en Sudamérica, la prensa de sus enemigos lo acusaba de toda clase de crímenes y salvajadas, pero nunca mencionaron que hubiera matado personalmente a civiles o prisioneros desarmados.

Garibaldi tuvo dos grandes defectos en Sudamérica. El primero era que sus soldados locales carecían de disciplina. Los marineros se le ocultaban en la bodega de los barcos durante los combates. Frecuentemente los tenía que hacer obedecer pegándoles por la espalda con la parte plana de su largo sable. Esa práctica le encantó a los milicos (nombre que se les daba a los soldados o policías reclutados entre las clases bajas y sin instrucción militar, ni de ninguna otra clase). Se llamaba sobar el lomo a planazos. Hasta fines del siglo XX los policías la seguían utilizando con presos, borrachos y otros delincuentes a los que no querían matar.

Aunque los europeos no lo crean, el segundo defecto del joven Garibaldi en Sudamérica, era que a sus tropas les permitía el saqueo de la población civil. Fue mucho más tarde cuando supo que la guerra se ganaba en el aspecto militar y con la simpatía de la población local. Cuando aprendió la lección, en Europa llegó a pegarle un tiro en la cabeza a uno de sus hombres por haber robado una manzana.

Garibaldi nunca tomó conciencia que estaba peleando en guerras civiles sudamericanas. Desde que había llegado, consideraba que se había enrolado en las fuerzas de “La República de Río Grande do Sul”, un país al que nadie había reconocido como independiente en todo el planeta. Por eso Garibaldi nunca atacó a las naves brasileras antes de tener la “patente de corso” del “presidente” Gonçalves. De la misma manera formal, consideraba como “propia” a la población de Río Grande do Sul que simpatizaba con las ideas republicanas. Peleaba en su nombre y jamás hubiera dejado que la tropa destruyera sus propiedades. En cambio, consideraba como “enemiga” a la población de Santa Catarina que simpatizara con el Imperio y por lo tanto les permitía el saqueo a sus hombres. Es más, sus propios jefes se lo ordenaban y él obedecía sin resistencia. Veamos un ejemplo de lo dicho.

El poblado de pescadores de Imaurí estaba al Norte de la bahía, a 15 kilómetros de Laguna. Se habían levantado en contra de las autoridades republicanas y le ordenaron a Garibaldi que pusiera fin la rebelión saqueando a la población. La gente de Imaurí había dispuesto sus defensas sobre la costa esperando el ataque por mar. Garibaldi desembarcó sus hombres a una distancia prudente e inesperadamente los atacó por tierra. Fue una victoria fácil y Garibaldi ordenó el saqueo.

Lo primero que hicieron los soldados fue asaltar a la pulpería y ponerse a tomar vino en grandes cantidades. En un santiamén estaban borrachos, destrozaron el pueblito y la gente aterrada corría en todas direcciones. Primero Garibaldi les ordenó que pongan fin al saqueo. Después les mintió a los gritos que las tropas enemigas estaban atacando. Los únicos sobrios eran Garibaldi y sus oficiales, que finalmente tuvieron que sobarle el lomo a planazos a su propia tropa. Así “por las buenas” entendieron y se retiraron caminando a los tumbos hasta donde habían dejado los barcos. El 15 de noviembre de 1839, apareció frente a Laguna una flota de 22 barcos de guerra brasileros, llenos de soldados bien armados. Los republicanos ordenaron la retirada de Laguna.

Luís Alves de Lima Duque de Caxias La revolución de Rio Grande do Sul se debilitaba. En Julio de 1840 hubo un golpe de estado en Río de Janeiro y se depuso el impopular gobierno conservador del Regente Araújo Lima. El príncipe heredero del Imperio, con sólo 14 años, fue declarado mayor de edad y Andrade Machachado se constituyó en la cabeza del gobierno liberal de Brasil. Las nuevas autoridades eran partidarias de resolver el problema de Rio Grande do Sul por medio de negociaciones y anmistías para los revolucionarios, pero Gonçalves rechazaba las ofertas.
El gobierno de Brasil enfrentaba a la guerra civil de una manera mucho más eficiente. Enviaron un ejército a Porto Alegre bajo el mando de Luís Alves de Lima Duque de Caxias, el mejor general de ambos bandos, quien constantemente ofrecía paz y amnistías a los revolucionarios, muchos de los cuales las aceptaban.

El 16 de Setiembre de 1840, Juanita y Garibaldi tuvieron un hijo al que llamaron Menotti. Cuando el niño tenía sólo 12 días de edad, Garibaldi estaba ausente en su campaña militar y Juanita se tuvo que escapar a caballo bajo la inclemencia de la lluvia para evitar el ataque de las tropas imperiales. Estas noticias corrían como pólvora alrededor de todo el mundo, que ahora tenía una nueva heroína digna de acompañar a Garibaldi. El monumento ecuestre en honor a Anita en Roma inmortalizó este momento en el bronce, mostrándola sobre un brioso corcel, sosteniendo a su hijo en un brazo y con el arma en la otra mano.

Anita Garibaldi y su hijo Menotti

El General Caixas forzó el retiro de las tropas Riograndenses hacia los terrenos altos del Oeste. Garibaldi, Anita y Menotti siguieron los pasos del ejértcito rebelde. Los marineros se unieron a las tropas de Canabarro, quien lideraba la retirada. Gonçalves dirigía la retaguardia, que era constantemente atacada por las guerrillas de Moringue. Durante este período Garibaldi perdió varios amigos, como Riossetti, Mutru y Carniglia. En San Gabriel se encontró por primera vez con un inmigrante italiano llamado Francisco Anzani, quien se convirtió en su cercano colega y amigo.

Después de permanecer varios meses tierra adentro en San Gabriel, Garibaldi le pidió a Gonçalves que lo relevara de sus deberes con Rio Grande do Sul. Tras recibir la autorización, se retiró con Anita y su hijo a Montevideo. Los revolucionarios siguieron luchando por cuatro años más, pero finalmente se tuvieron que rendir a las tropas imperiales. Gonçalves fue fusilado. Estos hechos no tuvieron ninguna repercusión en el resto del mundo, porque para ese entonces el mediático Garibaldi ya estaba peleando otras guerras.

  Refugio en Montevideo

La situación en Uruguay había cambiado muchísimo desde la huída de Garibaldi hasta Gualeguay. En Junio de 1838 se había librado la batalla decisiva del Palmar, donde los "colorados" tuvieron una rotunda victoria derrocando a Oribe de la presidencia Uruguaya y la suma del poder quedó nuevamente en manos de Fructuoso Ribera. Ya nadie buscaba a Garibaldi por el delito de resistirse a la autoridad hiriendo a varios marineros uruguayos, uno de ellos de gravedad.

Gonçalves le dió a Garibaldi 900 vacunos para que solventara sus gastos durante el viaje y en los primeros tiempos de su estadía en Montevideo. Durante el arreo, perdieron casi todo el ganado en el cruce del Rio Negro y tras recorrer 600 kilómetros llegó a Montevideo con solamente 300 cueros.

Viaje de Garibaldi Montevideo

El 17 de Junio de 1841 se registró ante la policía uruguaya con el nombre de José Garibaldi. Se alojó con su familia por un tiempo en la casa del italiano Napoleone Castellini. Finalmente se trasladó a su propia casa en la calle Portón, que después cambiaría su nombre por 25 de Mayo. Garibaldi vivió allí por siete años. Hoy la casa es un museo y se ve bastante confortable. Sin embargo la familia Garibaldi ocupaba solamente una pequeña habitación. Era un conventillo en el que vivian varias familias y todos utilizaban la terraza como lugar común. Al fondo a la derecha, Anita compartía una pequeña cocina con el resto de las mujeres.

La casa de Garibaldi en Montevideo

Montevideo tenía 40.000 habitantes. Estaba en una especie de península rodeada por agua con una sola salida por tierra hacia el Este. Se protegía desde una fortaleza llamada el Cerro, que estaba ubicada en una cuchilla hacia el Oeste. Durante los primeros tiempos, Garibaldi tuvo que trabajar como agente marítimo y profesor particular de matemáticas.

Cuando Menotti tenía un año y medio, Garibaldi se casó con Anita en Montevideo. La ceremonia tuvo lugar el 26 de Marzo de 1842 en la iglesia San Francisco de Asís, que estaba a una cuadra de la casa de los Garibaldi. Los padrinos fueron Don Pablo Semidei y Doña Feliciana García Villagra.

La Guerra Grande entre Uruguay y Argentina

En la Confederación Argentina había comenzado una guerra civil que se unió a la uruguaya. En Diciembre de 1838 se rebeló la provincia de Corrientes en contra de Rosas y el gobernador Ferré firmó un tratado de alianza con el Uruguay. Oribe le pidió ayuda al gobierno liberal del general Rosas para derrocar al gobierno del unitario Rivera. La llamada Guerra Grande entre Uruguay y Argentina fue declarada en Diciembre de 1838. Rivera envió un ejército para invadir Argentina bajo el mando del general Lavalle. Ferré desde Corrientes, se unió a Lavalle e invadió Entre Ríos. En Marzo de 1839 el gobernador Echagüe de Entre Ríos derrotó a los correntinos en Pago Largo y la lucha en el litoral le resultó favorable a Rosas.

Los uruguayos estaban aliados con Francia, que tenía una deuda impaga de Rosas. La marina francesa bloqueaba el puerto de Buenos Aires, lo que favorecía localmente la popularidad de Rosas. En Montevideo había una gran cantidad de refugiados políticos unitarios de Argentina que apoyaban a Ribera.

La Armada Uruguaya estaba al mando del marino norteamericano John Coe y a la Armada Argentina la encabezaba William Brown. Se enfrentaron en Noviembre de 1841 y Brown destruyó completamente a la Armada de Coe.

William Brown había nacido en Foxford, Irlanda, en el año 1777. Cuando tenía nueve años, sus padres emigraron a los Estados Unidos, donde más tarde se alistó en la marina mercante. Durante la guerra de independencia de los Estados Unidos, fue apresado en alta mar por la marina inglesa y se alistó con los británicos durante la guerras napoleónicas. Por su servicio distinguido fue ascendido a oficial, pero lo apresaron los franceses. Se escapó a San Petersburgo y desde allí volvió a Inglaterra. A los 32 años abandonó la Marina Británica y se fue a Buenos Aires. Fue nombrado Comandante en Jefe de la Armada Revolucionaria Argentina en 1809 para luchar contra los españoles. Ganó tal reputación en su servicio, que es considerado el segundo héroe nacional argentino, después del General San Martín. A los 64 años de de edad se reincorporó al servicio de Rosas para luchar en la Guerra Grande.

Después que Brown destruyera la armada uruguaya de Coe, el gobierno de Rivera le pidió ayuda a Garibaldi para reconstruir la flota nacional. Bento Gonçalves y Rivera tenían una muy buena relación de amistad personal y el Riograndense le había recomendado con entusiasmo a Garibaldi, destacando su desempeño durante la guerra civil brasilera. En enero de 1842, Garibaldi fue nombrado Coronel de la Marina Uruguaya. Hay que recordar que en aquella época, los marinos todavía recibían grados del ejército. Brown, por ejemplo, siempre es nombrado como “Almirante” en la historia, pero oficialmente tenía el grado de Brigadier General. Coe también tenía el grado de Coronel, que era el tercero en importancia en el orden jerárquico de las Fuerzas Armadas del Uruguay.

De pronto, Garibaldi fue aliado de los colorados uruguayos y los unitarios argentinos, para luchar en contra de los blancos de Oribe y los federales de Rosas. Según el mismo Garibaldi dice en sus memorias, le dieron un cargo tan alto en esa guerra, porque no había otro dispuesto a luchar contra un caudillo tan importante como Rosas. Muchos años después se preguntaba: ¿Cómo es posible que me haya puesto en contra de enemigos tan formidables? y después se contestaba a sí mismo: "es un misterio que nunca pude resolver".

  El Combate de Costa Brava

La primera misión que le encomendaron a Garibaldi, fue llevar la flota uruguaya con provisiones y soldados hasta la ciudad de Corrientes. El plan era tan audaz, que cuando zarparon, sólo Garibaldi sabía el destino y su recorrido.

Costa Brava

La forma natural de unir Corrientes con Montevideo, era subir por el río Uruguay hasta donde fuera navegable y desde allí seguir por tierra atravesando toda la provincia. Sin embargo, a Garibaldi le pidieron que entrara con su flota en pleno territorio dominado por Rosas, navegando aguas arriba por el río Paraná hasta llegar a la ciudad de Corrientes. Quitarle a Rosas su dominio exclusivo sobre la navegación del río Paraná era un plan muy audaz, pero era la estratégica vía de salida para el comercio de los correntinos y la nación neutral del Pagaguay.

En Montevideo vivían muchos partidarios de Oribe, que le informaban al gobierno de Rosas sobre todo lo que pasaba en la ciudad. Se sabía que Garibaldi estaba preparando una flota para zarpar con provisiones para el gobernador correntino. A propósito, Garibaldi hizo público que necesitaba contratar a todos los baqueanos disponibles que conocieran la navegación del Río Uruguay. Finalmente partieron el 23 de Junio de 1842 y cuando estaban bien alejados de Montevideo, Garibaldi recién le informó a su tripulación que recorrerían el Río Paraná hasta la misma ciudad de Corrientes.

Garibaldi navegaba en en buque insignia Constitución, que era el más grande y portaba 18 cañones. Lo acompañaban el Pereyra con dos cañones y el Prócida que era un buque de carga desarmado. A éste ultimo lo habían rebautizado Libertad. Anclaron en Colonia el mismo día que habían partido de Montevideo. El 26 de Junio partieron nuevamente y a las 10:15 de la mañana los tres barcos que llevaban 510 hombres, navegaron entre la Isla Martín García y la costa uruguaya, salvándose del fuego de la artillería argentina. El diario “El Nacional” de Montevideo publicó que los barcos no fueron atacados porque los confundieron con barcos argentinos. En realidad no era cierto. Garibaldi mandó dos barcos pequeños que navegaran cerca de la isla Martín García y taparan la visual del Constitución y sus escoltas, que navegaban más recostados hacia la costa uruguaya. Recibieron fuego, pero sufieron pocos daños. Sin embargo, Garibaldi tuvo la pérdida fatal de su amigo el oficial Pocaroba, que sufrió un impacto directo a bordo del buque insignia.

Casi en seguida de pasar la isla Martín García, el Constitución quedó varado en un banco de arena. Había solamente un metro de profundidad y la marea estaba bajando. Tardaron 24 horas en reflotarlo. Estaban a sólo ocho kilómetros de distancia de la isla Martín García y para alivianar el barco tuvieron que desmantelar y transferir los 18 cañones al Pereyra.

Cuando casi estaban terminando de reflotar el buque insignia uruguayo, en el horizonte aparecieron siete barcos argentinos de la flota de Brown, armados con 73 cañones en total. Habían partido desde Buenos Aires en busca de Garibaldi, al que encontraban con un barco varado y en el otro solamente tenía los dos cañones del Pereyra en condiciones de ser disparados.

Al pasar frente a Martín García los soldados argentinos saludaban a los gritos desde la costa a la flota de Brown, presagiando un triunfo fácil. Sin embargo, el buque insignia General Belgrano encalló en otro banco de arena. lo que desorganizó y demoró a la flota argentina. Cuando resolvieron el problema, Garibaldi tuvo tiempo para terminar de reflotar al Constitución y escapar a salvo.

La flota de Brown comenzó a perseguir a los barcos uruguayos, pero como estaban en pleno invierno apareció un enorme banco de niebla y los perdieron de vista. Garibaldi se metió en el Paraná y Brown siguió aguas arriba por el Uruguay.

El invierno de 1842 había sido uno de los más secos de aquella época. Todos los ríos estaban bajos. Brown no pensó jamás que Garibaldi iba a tartar de llegar a Corrientes navegando por el Paraná con unos barcos tan grandes. La profundidad del río se lo impediría a mitad de camino. Por eso lo persiguió navegando al Norte por el río Uruguay. Cuando mucho más tarde Brown se enteró de la verdadera ruta seguida por su enemigo no lo podia creer.

Garibaldi, mientras tanto se encontraba en problemas para encontrar baqueanos que supieran cómo navegar por el río Paraná. Ostentosamente había contratado solamente pilotos para el río Uruguay. Ahora entre la población local, toda la gente se resistía a ayudarlo, ya sea por razones patrióticas o por temor a las represalias de Rosas. Mucho después Garibaldi escribiría en su diario, que consiguió pilotos "gracias a la fuerza de su sable", sin dar más detalles. Durante todo el recorrido por territorio enemigo, Garibaldi tenía que conseguir alimento y provisiones de la población costera a la fuerza. “No teníamos otra solución” escribiría en sus memorias.

La primera población agentina en la que desembarcaron fue San Nicolás. Tomaron de rehenes a varios habitantes hasta encontrar a un voluntario baqueano del río Paraná. Finalmente apareció un austíaco que se ofreció a ayudarlos. Para conseguir provisiones, tuvo que amenazar a la población con un saqueo. Más adelante, en la progresista y comercial ciudad de Rosario, la población estaba más interesada en no recibir daños a la propiedad, por lo que consiguió todas las vituallas e informaciones que necesitaba. Probablemene la población de Rosario era realmente antirosista porque colaboraron con entusiasmo.

El 19 de Julio Garibaldi llegó a la ciudad de Paraná. Conocía muy bien a esta ciudad, donde había pasados dos meses en la cárcel, después de haber sido torturado por Millán en Villaguay. El Mayor Seguí estaba a cargo de la defensa de la ciudad con baterías en las barrancas de la costa y un pequeño escuadrón de seis barquitos: el Vigilante, el Argentinaa, el Libertad, el Federal, el Santafesino y el Camila. Era la única flota argentina que Garibaldi encontraría en su camino a Corrientes, pero con escaso poder de fuego y no era un adversario peligroso.

Seguí y Garibaldi intercambiaron fuego desde las 10:30 hasta las 12:30. Seguí le escribió a Oribe que no pudo enfrentarse a Garibaldi porque tenía 20 cañones en el Constitución, 10 cañones en el Pereyra y 5 cañones en el Prócida. Después de esta exageración le decía que Garibaldi tenía 500 hombres y él solo 275, lo cual era cierto. En definitiva, Garibaldi pasó la ciudad de Paraná sin inconvenientes.

A las seis de la mañana del 29 de julio, Garibaldi desembarcó en la isla Cerrito, sobre la margen izquierda del río, a solo treinta kilómetros aguas arriba de Paraná. Allí tomaron por la fuerza unos cuantos barcos mercantes y unos pocos prisioneros. También se apoderaron del yate Joven Esteban de propiedad de Esteban Rams, un conocido comerciante de Paraná que estaba a bordo con su familia. Durante toda esta expedición invasora de Garibaldi, no se registró la muerte de ningún civil ni la violación de ninguna mujer, a pesar de todo lo que falsamente informaba la prensa de Buenos Aires.

El 6 de Agosto la escuadra de Garibaldi llegó a La Paz, ubicada 50 kilómetros al sur del río Guayquiraró. Este poblado había nacido como un puerto natural en la desembocadura del río Cabayú Cuatiá. Los primeros habitantes fueron viajeros que acomopañaban a Garay en su viaje a Asunción del Paraguay, luego de la segunda fundación de Buenos Aires. Posteriormente llegaron los Jesuitas y finalmente los inmigrantes que comenzaron con la explotación de las canteras de yeso. El atracadero de Cabayú Cuatiá se había convertido en Villa siete años antes de la llegada de Garibaldi, durante la gobernación de Pascual Echagüe en 1835.

Garibaldi se reunió con cuatro embarcaciones correntinas. Tres estaban armadas y la cuarta era de transporte. Estaban comandadas por el Teniente Alberto Villegas, secretario del gobernador Ferré. Después de la alegría del encuentro, Garibaldi se enteró por primera vez que no podría pasar con barcos tan grandes. A unos pocos kilómetros al norte de La Paz, en la llamada Costa Brava encontró el límite hasta donde podía llegar con el calado de sus tres barcos. Allí el río sólo tenía seis metros de profundidad. Faltaban 400 kilómetros para llegar a la ciudad de Corrientes. A Villegas le había tomado 17 días de navegación aguas abajo para llegar hasta la Costa Brava.

Para ese entonces Garibaldi ya se imaginaba que Brown venía en su busca y no tenía escapatoria. Por lo tanto empezó a ubicar sus barcos para presentar batalla. Encontró como lugar más conveniente para la defensa a la desembocadura del río San Juan, cinco kilómetros al norte de la Costa Brava, donde hoy es el límite entre las provincias de Corrientes y Entre Ríos. Ubicó sus barcos en el flanco izquierdo del Paraná y cerca de la costa para que no fueran rodeados por la flota más numerosa de Brown.

Garibaldi puso al frente el Constitución con sus 18 cañones. A su lado emplazó el Pereyra en ángulo recto a la costa con sus dos cañones. El yate Joven Esteban fue convertido en nave de combate con artillería menor recibida de los barcos correntinos. El Prócida fue anclado detrás para utilizarse como buque hospital, junto a los pequeños barcos correntinos que tenían armas de corto alcance para el inicio del combate, pero que pensaba utilizar en las fases finales de la batalla.

Brown para ese entonces ya venía navegando a sólo ocho días detrás de Garibaldi. Había subido por el río Uruguay hasta el norte de Gualeguaychú antes de darse cuenta que la flota uruguaya había tomado otro rumbo. Como conocía el río Paraná mucho mejor que Garibaldi, no subió con el General Belgrano, a pesar que tenía un metro menos de calado que el Constitución. La flota argentina quedó reducida a cinco barcos: el Echagüe, el Americano, el Republicano, el Chacabuco y el 9 de Julio, que a pesar de ser el más pequeño, Brown lo adoptó como buque insignia.

A medida que remontaban el Paraná iban recogiendo noticias de Garibaldi en Baradero, San Nicolás, San Lorenzo, Rosario, Paraná, Hernandarias… la población local se quejaba de actos de piratería y la tripulación argentina iba tomando ganas de presentar batalla. Eran un total de 693 hombres y tenían 57 cañones. En Paraná se les unió Seguí con tres pequeños barcos.

Se sabe que la batalla de Costa Brava duró dos días, pero como dato curioso, Brown le reportó a Rosas que pelearon el 15 y 16 de agosto, pero Garibaldi le informó a Ferré que los combates fueron el 16 y el 17. Esta diferencia fue discutida por años entre los historiadores argentinos y uruguayos con vehemencia sorprendente. El reporte de Brown esta fechado el 17 de agosto y Garibaldi lo envió desde Esquina el día 20 del mismo mes.

Según Brown, llegó a Costa Brava el día 14 de Agosto, pero tenía vientos contrarios así que esperó hasta el día siguiente para atacar. Al acercarse, pudo observar que sus propios cañones tenían más alcance que los uruayos y además los barcos de Garibaldi estaban anclados. Entonces Brown se posicionó a la distancia adecuada para disparar sobre los barcos uruguayos, sin que sus enemigos lo puedan alcanzar con su artillería.

Al cabo de varias horas de bombardeo el Constitución quedó fuera de combate. Garibaldi tuvo numerosas bajas, incluyendo la muerte de su amigo el Teniente Borzone. Los demás barcos uruguayos casi no tuvieron daños de consideración. Al llegar la noche, se reunió con Villegas, quien le sugirió abandonar los restos del Constitución y navegar aguas arriba con los barcos menores. Garibaldi se opuso a abandonar la lucha, entonces Villegas tomó sus tres barquitos y se alejó hacia el norte, navegando hasta la ciudad de Corrientes. Garibaldi estaba indignado con su actitud. Escribió en sus memorias que ante la certeza de la derrota igual decidió pelear hasta el final.

El capitán del Pereyra, Arana Urioste y 50 hombres atacaron los barcos de Brrown en una excursión por tierra, pero fueron rechazados y Arana resultó muerto. Garibaldi mandó botes con fuego hacia los barcos argentinos, pero fueron fácilmente anulados. A las cuatro de la mañana, Garibaldi hizo un tercer intento para atacar la flota de Brown, mandando botes cargados de pólvora cerca del 9 de Julio, pero los argentinos apagaron las mechas antes que hicieran explosión. El mismo Brown y hasta un muchachito de once años intervinieron en esta peligrosa misión.

Al amanecer la situación de Garibaldi era desesperada. El Constitución estaba fuera de combate y el Prócida lleno de heridos que gritaban de dolor. Muchos hombres habían desertado durante la noche y otros habían caído prisioneros y le estaban dando información a Brown sobre la situación de los uruguayos.

Al clarear, Brown le ordenó al joven Teniente Mariano Cordero atacar a los barcos uruguayos por tierra, quienes se defendieron tan bien que los argentinos perdieron la tercera parte de los hombres, pero las fuerzas de Garibaldi agotaron sus municiones y al atardecer ya había perdido casi 300 hombres entre muertos y heridos. El Pereyra que no había sufrido daños el día anterior, ahora ya estaba seriamente averiado.

Antes de terminar el día, Garibaldi distribuyó toda la pólvora que le quedaba en los barcos grandes y los hizo explotar. Algunos restos del Constitución cayeron hasta en la otra orilla a un kilómetro y medio de distancia. Del resto de los barcos, sólo quedó a flote el Joven Esteban, pero totalmente en llamas, que se perdió a pesar de los esfuerzos de Brown para salvarlo.

Los heridos uruguayos más graves quedaron en el Prócida y los que estaban en condiciones de caminar se alejaron con Garibaldi en dirección a Esquina. Rosas le había ordenado a Brown capturar vivo a Garibaldi para ahorcarlo en un acto público. Los historiadores no se ponen de acuerdo si Brown lo dejó escapar o realmente no pudo tomarlo prisionero. En una carta dirigida a su esposa, Brown le decía que los hombres de Garibaldi “pelearon como tigres”, pero que su comportamiento era más de piratas que de marinos civilizados.

En la noche del 18 de Agosto, Garibaldi llegaba a Esquina luego de una penosa marcha. De los quinientos hombres con que había partido de Montevideo, solamente le quedaban 160 y muchos de ellos estaban heridos. No tenían caballos y debían racionar sus alimentos. A la semana siguiente continuó su viaje hasta Goya, situada150 kilómetros más al norte. Allí encontró un barco que mandó Ferré para trasladar los heridos a Corrientes, recibieron comida y algunos caballos. Garibaldi se trasladó a la vecina Santa Lucía donde permaneció dos meses. Alli tuvo un romance con Lucía Esteche, la hija de un estanciero local, que luego tuvo una hija a la que llamaron Margarita Garibaldi.

El 9 de setiembre la flota de Brown arribó a Buenos Aires, donde tuvieron un tumultuoso recibimiento. Desembarcaron cerca de la actual Plaza Colón, donde Brown tiene su monumento. La banda militar del teatro Victoria les dio la bienvenida. Brown, su esposa y Manuelita Rosas recorrieron las embanderadas calles de Buenos Aires en un carruaje abierto. En la Alameda (Avenida Libertador) la gente quemaba efigies de Garibaldi y por toda la ciudad se comían asados populares.

A fines de octubre Garibaldi recibió nuevas instrucciones y se fue por tierra atravesando la provincia de Corrientes rumbo al río Uruguay. Se unió a la armada de Rivera en San Francisco, cerca de Paysandú, pero llegaba muy tarde para participar en una de las batallas más decisivas de la guerra.

  El sitio de Montevideo

El 6 de diciembre de 1842 se libró la Batalla de Arroyo Grande en Entre Ríos. El ejército de Rivera fue derrotado por las tropas de Oribe, que en su mayoría eran hombres enviados por Rosas. Según Jorge Luis Borges, cuyo abuelo participó en esta batalla con las tropas unitarias, murieron 1500 soldados y otros 1000 fueron tomados prisioneros y pasados a degüello por las tropas rosistas.

Cuando Garibaldi llegó a Visillac, cerca de San Francisco, encontró el poblado casi desierto. Le informaron que las tropas habían cruzado el río Uruguay para enfrentar el ejército de Oribe. Garibaldi salió con sus hombres en búsqueda del ejército uruguayo, pero sólo llegó a 40 kilómetros de la batalla. El ejército de Rivera ya huía en desbandada de vuelta al territorio uruguayo. Los perseguían las tropas entrerrianas que estaban al mando del general Justo José de Urquiza.

Las tropas de Oribe se dirigieron a Montevideo y Urquiza se fue a enfrentar a los rebeldes correntinos. Las tropas entrerrianas vencieron a Ferré, a quien le negaron asilo político en Paraguay y se tuvo que refugiar con los rebeldes de Río Grande do Sul. La provincia de Corrientes volvió a quedar bajo control de Rosas. A Garibaldi le dieron la flota sobre el río Uruguay para que dificultara las operaciones de Oribe. Antes de que encontrara fuerzas enemigas recibió nuevas instrucciones y le ordenaron quemar sus propios barcos y que después se dirija por tierra a Montevideo.

Oribe tomó Salto, Paysandú y Colonia, pero avanzó muy lentamente hacia Montevideo. Cuando estaba a sesenta kilómetros de la capital uruguaya, el 2 de Febrero de 1843 llegaron cinco barcos de Brown al puerto de Montevideo para respaldar a las tropas de Oribe cuando tomaran la ciudad. Uno de los barquitos argentinos con tres cañones y carga encalló en Punta Yaguas a la entrada del puerto de Montevideo. Garibaldi se apoderó de todas las armas y municiones, con las que contestó desde la costa el ataque del Palmar que tenía un armamento muy superior. A las cuatro de la tarde del 16 de febrero, Oribe acampaba sus tropas en Cerrito, a la entrada de la ciudad. Desde allí saludaron a la flota de Brown con una salva de cañones, que fue contestada desde los barcos. ¿Qué podía salir mal?

Oribe conquistó 500 kilómetros de territorio uruguayo en 51 días, pero tardó 9 años en avanzar los últimos 6 kilómetros hasta la ciudad de Montevideo.

Para el 16 de febrero de 1843, cuando Uribe llegó con sus tropas a Cerrito, en Montevideo todavía no habían terminado de construir sus defensas, no tenían ejército organizado ni ningún barco en la armada que resista al sitio que Brown les imponía por mar. Montevideo contaba con 5397 hombres en infantería y 140 en caballería y 23 cañones. Oribe tenía 3500 en infantería, 9000 en caballería y 30 cañones. A pesar que el Jefe de Policía de la ciudad y el prominente general Nuñez habían desertado para unirse a Oribe, la moral en la capital uruguaya estaba muy alta. Vidal apenas había sobrevivido un voto de censura del parlamentto después de la desastroza excursión al Paraná y fue sucedido por Vazquez como Primer Ministro.

La defensa de Montevideo quedó a cargo del General Paz, quien más tarde diría que si Oribe atacaba Montevideo inmediatamente, la ciudad hubiera caído. Garibaldi afirmó lo mismo en sus memorias. Al llegar a Cerrito, Oribe esperaba que Montevideo cayera sin luchar, sin derramar sangre ni destruir propiedades. Pero en la ciudad estaban exilados muchos unitarios argentinos que temían a los degolladores de Rosas. Los uruguayos por su parte, no consideraban que el conflicto entre Oribe y Rivera fuera una guerra civil, sino un enfrentamiento entre uruguayos contra los argentinos de Rosas. Para el mes de marzo, las fortificaciones de la ciudad fueron terminadas y la cantidad de cañones para la defensa aumentaron de 23 a 170.

A comienzos de 1843 Montevideo tenía 42,000 habitantes, incluyendo 21,854 inmigrantes, de los cuales 10,000 habían llegado en los últimos cuatro años. Había 6,376 italianos y 3,000 españoles. Para Octubre del mismo año la población total se redujo a 31,189 y un año después había caído a 20,000 habitantes.

Para evitar la bancarrota, el gobierno de Montevideo recibió un crédito del inmigrante inglés Samuel Lafone, a quien le cedió los derechos de cobrar impuestos de aduana por varios años.

Los colorados uruguayos necesitaban reclutar soldados entre la numerosa población inmigrante para hacer efectiva la defensa de la ciudad. En el bando opuesto de los blancos, Oribe comunicó que todos los extranjeros serían considerados neutrales en esta guerra, pero si tomaban armas a favor de los “unitarios” (exilados argentinos) entonces serían considerados enemigos, es decir, se los entregarían a los degolladores de Rosas.

Muchos extranjeros se enlistaron entusiastamente, especialmente los franceses. No recibían ningún pago por este servicio, solamente se les garantizaba la ración diaria de alimentos. Para el 13 de mayo ya se habían enlistado 2,904 franceses al comando de Thiebaut, de una población total de 5,300. En contraste, Garibaldi pudo formar la Legión Italiana con solamente 400 hombres voluntarios de una población de 4,200.

El gobierno francés se escandalizó porque ponía en duda la neutralidad de esa nación en la Gerra Grande, por lo tanto le ordenó a sus ciudadanos que depusieran armas. Para Montevideo era un problema enorme, porque los franceses eran casi la mitad de los voluntarios para la defensa de la ciudad. Entonces “nacionalizaron” toda la legión y los convirtieron formalmente en ciudadanos uruguayos.

Una comisión compuesta por Garibaldi, Frugoni y Castellini estaba a cargo de la Legión Italiana del ejército. Nombraron Comandante de la Legión a Manzini con el grado de Coronel y sus colboradores eran el Teniente Coronel Anzani y el Mayor Danuzio. Anzani había escapado de la revuelta europea de 1821, combatió junto a Garibaldi en Rio Grande do Sul y lo acompañó en su periplo desde Goya hasta Paysandú. Manzini y Danuzio desertaron y se unieron a Oribe al año siguiente, produciendo una gran decepción en Garibaldi quien fue muy criticado por ingenuo y confiado.

Garibaldi fue nombrado Comandante en Jefe de la Marina del Uruguay. El mayor problema de la ciudad era el bloqueo del puerto por la flota de Brown, que impedía el ingreso de alimentos y armas a Montevideo. Las provisiones llegaban solamente de contrabando en pequeñas embarcaciones durante la noche.

Las únicas embarcaciones con que contaba Garibaldi eran el 25 de Mayo y otras cuatro de menor envergadura. Para febrero de 1844 ya tenía 17 barcos de guerra con 316 hombres de combate, la mayoría de los cuales eran desertores de varias nacionalidades y delincuentes comunes. Esta flotilla no era suficiente para enfrentar a Brown, pero entorpecía el tránsito de provisiones para Oribe en el fuerte de Buceo, ubicado seis kilómetros al este de Montevideo. A otro lado de la bahía, el fuerte de Cerro seguía ocupado por los colorados y los barcos de Garibaldi eran la única forma de comunicación con la ciudad.

Las flotas de Francia e Inglaterra estaban ancladas en el Río de la Plata cerca de Montevideo. Esta guerra estaba arruinando el comercio internacional con Argentina, Uruguay y Paraguay. Tanto unitarios como partidarios de Rosas estaban inundando la prensa internacional de propaganda a su favor. Dado que las fuerzas de Rosas y los blancos de Oribe ocupaban todo el territorio menos Montevideo, ingleses y franceses se sentían tentados a favorecer ese bando para terminar de una vez con el conflicto. Sin embargo, además de numerosos ciudadanos y comerciantes franceses, en Montevideo también había una comunidad inglesa de 600 personas.

En febrero de 1843 un escuadrón británico de marines descendió en Montevideo para proteger a los ciudadanos y comerciantes ingleses. Durante ese tiempo, el Comodoro Purvis se convirtió en un entusiasta defensor de los unitarios argentinos y colorados uruguayos, en oposición a la opinión del embajador británico en Buenos Aires, Sir John Mandeville.

El Comodoro Purvis, como la mayoría de los ingleses de esa época, favorecían las libertades constitucionales y la legalidad institucional, en oposición al poder dictatorial y absoluto de los caudillos como Rosas. Además despreciaba a todos los irlandeses, incluyendo a Brown. El 17 de febrero de 1843 Purvis le envió una carta en inglés donde comenzaba “Mr. Brown”, ignorando su título militar. En ella le decía que como súbdito británico tenía que permanecer neutral en esta guerra y renunciar inmediatamente a su cargo en la marina argentina. Mandó una copia a Inglaterra, pero en aquella época una carta tardaba tres meses en llegar y otros tres para recibir la ratificación del pedido de Purvis, lo que le daba a Brown medio año de libertad para no obedecer.

El 7 de abril Brown atacó el destacamento colorado de Isla de las Ratas” y capturó la pólvora que tenían almacenada. Garibaldi recuperó la isla esa misma noche. En la mañana del día 8 Brown mandó parte de su flota a recuperar la isla, pero Purvis se interpuso. Le pidió que devolviera la pólvora porque pertenecía a un subdito británico y que firmara una tregua con las autoridades de Montevideo. Brown devolvió la pólvora pero se negó a firmar la tregua.

Purvis le mandó otra carta dirigida al “Señor Brown, Súbdito Inglés que comanda los barcos de guerra de Buenos Aires” donde le decía “no voy a tolerar que la escuadra argentina cometa ningún acto de agresión contra la ciudad de Montevideo, poniendo en riesgo la vida de ciudadanos británicos… en caso que así ocurra lo consideraré un acto de piratería y como tal lo trataré a usted”. Brown le contestó dirigiendo la carta correctamente al “Commodore Purvis” donde acusaba recibo de su carta y le decía que la había enviado a Buenos Aires para conocimiento de sus autoridades.

Brown comenzó a atacar nuevamente la Isla de las Ratas, pero Purvis envió su buque de guerra Daphne que se interpuso entre él y Garibaldi. El 13 de abril le mandó otra carta dirigida ilógicamente al “Commodore Brown” informándole que no permitiría el bloqueo a Montevideo, a menos que el blanco Uribe retire la amenaza de considerar “enemigo” a cualquiera de los ciudadanos británicos que estaban en Montevideo. Finalmente Oribe retiró su proclama y Brown abandonó el sitio a Montevideo y ancló su flota a más de treinta kilómetros de distancia.

  El incidente Regis

El 2 de junio de 1843 Garibaldi tuvo que combatir en tierra junto a su Legión Italiana. Por primera vez la ciudad lanzó un moderado ataque a gran escala contra las fuerzas sitiadoras. La Legión de Danuzzio ocupó exitosamente la posició enemiga que le ordenaron capturar. Los otros dos batallones de la Legión se negaron a avanzar y encima huyeron con la excusa que no tenían municiones. Los Legionarios Franceses les gritaban cobardes y el asunto se volvió la comidilla de toda la ciudad. Garibaldi se sentía humillado. Evitó que las autoridades de Montevideo comenzaran una investigación oficial de los hechos y se propuso dirigir personalmente una nueva operación militar a la brevedad.

El 8 de junio la Legión Italiana lanzó un ataque frontal al Cerro bajo el mando directo de Garibaldi. Ocuparon el frente de las tropas de Oribe y mantuvieron la posición hasta la noche del día siguiente. El 10 de junio se unieron Pacheco y Obes, pero las fuerzas de Montevideo no atacaron las posiciones enemigas que eran casi iguales en número. Garibaldi vio la posibilidad de salvar el honor de sus legionarios y le pidió autorización a Pacheco para atacar un destacamento enemigo que estaba posicionado en una casa cerca del cerro. Le dieron la autorización y Garibaldi le habló brevemente a su tropa, exortándolos a reivindicar el honor de Italia. Atacaron y mataron varios enemigos, capturando 43 prisioneros mientras sufrieron solamente la baja de dos heridos graves y uno leve. Al dia siguiente, cuando retornaron a Montevideo recibieron las felicitaciones de Pacheco. Para el 2 de Julio, las Legiones Francesas e Italianas juraron fidelidad al Uruguay, codo a codo en la Plaza Constitución.

Las fuerzas de Oribe estaban bien asentadas en Cerro. Las tropas de los colorados de Montevideo no eran capaces de vencerlas, pero se peleaba una continua guerra de guerrillas en los alrededores para hostigarlas. Toda la zona entre Cerro y Montevideo estaba semipoblada con numerosas casas, donde increíblemente la gente seguía con la vida normal. Cada tanto, durante las escaramuzas se producían daños a la propiedad y algunos civiles resultaban heridos o muertos.

En estas circunstancias, a mediados de junio de 1843, Garibaldi y sus legionarios estaban atacando los sitiadores de Cerro. Por supuesto, en sus idas y venidas entraron en varias casas produciendo daños de distinta consideración a la propiedad de los civiles. En una de estas casas vivía un brasilero de apellido Regis.

El gobierno de Brasil era neutral en esta guerra. No simpatizaba para nada con Rosas y mucho menos con los colorados de Rivera porque colaboraban con los revolucionarios de Rio Grande do Sul. Desde marzo de 1843 el embajador argentino de Rosas estaba negociando un tratado de cooperación con Brasil para eliminar los revolucionarios del sur Brasil y los colorados de Rivera en una operación conjunta. La diplomacia de Montevideo contraatacaba tratando de llegar a un acuerdo con Brasil para expulsar a las tropas de Rosas del territorio uruguayo.

Dentro de este ambiente de guerra y diplomacia, el embajador de Brasil presentó una protesta al gobierno de Rivera, por los daños producidos por Garibaldi en la casa de Regis. La prensa de Montevideo decía que esos daños eran inevitables en los alrededores de Cerro, pero Regis estaba indignado porque quien lideraba esos soldados era Garibaldi, un reconocido “pirata” que tanto daño había producido al Imperio de Brasil.

Al enterarse Garibaldi, le pidió a la embajada de Brasil una reunión en persona con Regis, que era un oficial naval retirado de la Flota Imperial. Al estar frente a frente, Garibaldi retó a duelo a Regis por haberlo llamado “pirata”. El brasilero se negó aduciendo que no podía cruzar armas con un delincuente que gozaba de libertad solamente por haber sido graciosamente perdonado por el Emperador de Brasil. Garibaldi lo llamó cobarde y Regis presentó una nota formal de protesta al gobierno de Montevideo. Reclamaba que Garibaldi fuera expulsado del Uruguay o en caso contrario él mismo abandonaría el país. Este conflicto ya estaba exacerbando la relación entre Brasil y Montevideo.

El gobierno de Montevideo le contestó por escrito a Regis, pidiéndole disculpas con humildad y arrestaron a Garibaldi, pero después de cuatro horas le concedieron libertad condicional hasta que todos los incidentes fueran oficialmente esclarecidos. Cuando Regis se enteró que Garibaldi seguía en libertad, entonces abordó un barco de Brasil que estaba en el puerto de Montevideo. El ministro uruguayo Vazquez le mandó otra nota de disculpa, donde le explicaba que Garibaldi lo había retado a duelo a título individual y no como representante del Gobierno Uruguayo. Además le decía que Garibaldi había actuado mal y estaba arrepentido de su acción. Regis no aceptó las disculpas y a la mañana siguiente partió rumbo a Rio de Janeiro. Los diplomáticos de Rosas estaban encantados y la prensa de Buenos Aires inflaba este incidente tanto como podía. Llegaron a decir que Garibaldi había entrado a la fuerza a la embajada de Brasil en Montevideo y trató de matar al embajador.

El gobierno de Brasil no quería permitir que este incidente influyera en su política externa. El 17 de julio, el embajador de Montevideo en Brasil fue informado que consideraban a este incidente como “una tormenta en un vaso de agua”. Garibaldi presentó disculpas formales en la delegación de Brasil en Montevideo. La prensa local explicaba que Garibandi había actuado mal cuando “a título personal” retó a duelo al oficial brasilero. Inmediatamente el diplomático brasilero Sinimbú y el uruguayo Vazquez se pusieron a negociar una alianza en contra de Rosas.

La delegación diplomáticva Rosista en Río de Janeiro consiguió que no se ratificara el tratado de Sininbú con los uruguayos, basados en el incidente con Garibaldi. Sinimbú tuvo que renunciar al servicio diplomático de Brasil, pero años después retornó a la política y fue Ministro de Relaciones Exteriores y luego Primer Ministro de Brasil . Fue la última persona en recibir el título de Vizconde antes de la caída del Emperador en 1889.

  Traición en la Legión

El colapso de la alianza de Montevideo con Brasil en contra de Rosas fue un gran reves recibido por el gobierno colorado. Además, en octubre de 1843, el gobierno británico le ordenó a Purvis que respete el sitio de Brown a Montevideo y en marzo de 1844 le ordenaron que vuelva a Inglaterra.

El gobierno de Brasil se declaró abiertamente neutral y los franceses empezaron a ser menos amigables con los unitarios argentinos y los colorados uruguayos. La diplomacia de Rosas había triunfado en todos los frentes y Montevideo se quedaba aislado a su propia suerte.

Desde el combate de Arroyo Grande, Rivera se había hecho cargo personalmente del ejército colorado. Se estacionó sus tropas en el norte y delegó la presidencia en Joaquín Suarez. En Enero de 1843 el Coronel Melchor Pacheco y Obes había sido nombrado Ministro de Guerra y Marina. Un año después se estaba transformando en un hombre fuerte en Montevideo. Otro miembro influyente del gobierno era Andres Lamas, a cargo de las fuerzas policiales de Montevideo, que tuvo mucho éxito luchando en contra de los partidarios de Rosas y Oribe. Pacheco y Lamas tenían una gran amistad con Garibaldi.

Lorenzo Battle fue el primer miembro de una familia que sería muy conocida en el ámbito político uruguayo de los años por venir. Era muy amigo de Pacheco, a quien describió como un gran estudioso de la Revolución Francesa de 1793. Decía que Pacheco se consideraba a sí mismo el Robespierre de Uruguay. Sus ideas tan radicales producían conflictos con Rivera. Muy pronto se distanciaron ambos líderes colorados. Rivera tenía el apoyo de los Liberales moderados, los militares tradicionales y los exilados argentinos unitarios. Pacheco era apoyado por los sectores más radicalizados, las legiones Francesas, Italianas y por supuesto Garibaldi.

Por supuesto que Pacheco no instaló un reino de terror como Robespierre, pero contaba con una policia represora contra los rosistas y blancos. El 12 de febrero de 1843, emitieron un decreto por el cual los soldados argentinos serían considerados prisioneros de guerra, pero los uruguayos serían juzgados sumariamente de traidores y ejecutados con un tiro por la espalda. Los consulados Británico y Francés protestaron esta medida.

El 1 de junio el Coronel Silva atacó el Cerro y tomó 37 prisioneros. Pacheco fue personalmente a felicitar a Silva. Reconoció a dos oficiales y dos soldados como uruguayos. Ordenó ejecutarlos allí mismo y volvieron con los 33 prisioneros restantes. En el otro bando, Brown respetaba a todos como prisioneros de guerra, pero el ejército de Oribe degollaba a todos los prisioneros por igual.

Estas políticas estaban exacerbando los odios. En agosto de 1843 Brown capturó cuatro unitarios tratando de escapar del bloqueo en botes y los tomó prisioneros y los mantuvo a bordo por más de dos meses. Cuando Oribe se enteró pidió que se los mandara y Brown obedeció. Eran tres hombres y un muchachito que fueron ejecutados y castrados. Los colgaron en postes en la tierra de nadie entre Cerro y Montevideo. Los soldados de la Legión Italiana recuperaron los cuerpos y una vez identificados fueron enterrados con gran indignación en una ceremonia muy concurrida. Pacheco emitió otro decreto por el cual los oficiales argentinos prisioneros también serían ejecutados sumariamente y los soldados rasos seguirían siendo tratados como prisioneros de guerra, a menos que se los identifique como autores de crímenes de guerra.

A los pocos dias, el 7 de octubre cayó prisionero un oficial argentino, Capitán García, que fue ejecutado sumariamente. Volvieron a protestar los consulados extranjeros y además se sumaron los exilados argentinos. Esta actitud ablandó a Pacheco, que habiendo tomado prisionero a un oficial naval argentino, el Teniente Cuieli, le perdonó la vida el 30 de octubre en retribución al tratamiento que Brown le daba a sus prisioneros.

Las fuerzas de Oribe pusieron precio a la cabeza de Pacheco, que en realidad había ejecutado a tres oficiales y dos soldados. Pero el ejército blanco y los soldados de Rosas, seguían degollando a todos sus prisioneros, que ya se contaban por miles.

Garibaldi admiraba a Pacheco como líder político y lo consideraba un amigo. Sin embargo no aprobaba los decretos del 12 de febrero y 7 de octubre. En junio de 1844 Garibaldi intervino personalmente para que el presidente uruguayo perdonara la vida de un oficial uruguayo prisionero, conmutando la pena por un año de trabajos forzados en la Isla de las Ratas. A pesar de la ferocidad de los ejércitos de tierra, en las fuerzas navales se respetaban las leyes internacionales de guerra. Brown se diferenciaba notablemente de Oribe y Garibadi de Pacheco.

Los habitantes de la ciudad y los exilados argentinos no sabían que Brown se había negado a bombardear la ciudad, alegando razones humanitarias hacia la población civil y los residentes extranjeros de varias nacionalidades. Además había salvado a unos pescadores de Montevideo que naufragaron en una tormenta. Garibaldi hizo un comunicado público resaltando la conducta honorable de Brown y los periódicos de Montevideo recibieron órdenes de publicarlo.

Brown se había negado a bombardear la ciudad y Oribe no la tomaba por tierra aduciendo que no tenía tropas suficientes para vencer las defensas. Los historiadores todavía no se ponen de acuerdo para explicar por qué Rosas no le enaviaba las tropas adicionales necesarias a Oribe. La opinión más aceptada teniendo en cuenta su personalidad, era que Rosas prefería a Uruguay inmersa en una eterna guerra civil, antes que gobernada por un dictador amigo que algún día podía tornarse en su contra.

El sitio de la ciudad era ineficaz. Alimentos, armas y toda clase de mercaderías entratan de contrabando tanto por tierra como por mar. Los pescadores brasileros de Laguna dos Patos proveían abundantes pescados. Garibaldi protegía a los barquitos contrabandistas para que eviten los grande buques de guerra de Brown. También con una armada de barcos pequeños atrapaba buques de carga argentinos y hasta de países neutrales. Fue así que Garibaldi se apoderó del barco de un pobre inmigrante de Croacia, Josef Lussich, pero le prometió que el gobierno de Montevideo lo resarciría de sus daños. Este pago nunca llegó, pero Lussich se quedó en la zona y formó la compañía pesquera más grande de Sudamérica.

Cuando el sitio de Montevideo ya duraba ocho años, en 1850 Alejandro Dumas publicó su famoso libro “Montevideo, la nueva Troya”. Estaba dedicado “a los heroicos defensores de Montevideo” despertando grandes simpatías a la causa “colorada” en Francia y el resto del mundo. Dumas nunca estuvo en Montevideo y daba una detallada descripción de la vida en la ciudad sitiada que no tenía nada que ver con la realidad. Se basaba en lo publicado en 1845 por Agustín Wright, que era ampliamente favorable a Pacheco y Garibaldi. A pesar de las grandes imprecisiones del libro de Dumas, que no conocía personalmente a Garibaldi, hacía una acertada descripción de su vida tan austera en Montevideo, al punto que muchas noches no tenía velas para alumbrarse en la noche. También era cierto que una vez recibió un premio de 1000 patacones y repartió la mitad entre los pobres.

Esta pobreza no era compartida por los Legionarios Franceses e Italianos. En Mayo de 1843, la Asamblea Nacional le otorgó 60 millas cuadradas y 25,000 cabezas de ganado a cada hombre. Los críticos decían que les habían regalado todas las tierras fértiles del Uruguay, pero de todas maneras, todas esas propiedades estaban en poder el ejército de Oribe.

El 17 de noviembre de 1843, Garibaldi y sus hombres tomaron parte en la batalla de Tres Cruces en las afueras de Montevideo. Tiene importancia porque Bartolomé Mitre la describió en su artículo “Un Episodio Troyano”, donde Garibaldi tuvo un comportamiento heroico. Por aquella época Mitre era un jovencito de 22 años, uno de los tantos unitarios exilados en Montevideo y servía como Mayor en el ejército colorado. Mitre había conocido a Garibaldi en 1841 cuando recién había llegado de Río Grande do Sul, durante una fiesta de italianos en Montevideo. Garibaldi y sus camaradas habían cantado canciones patrióticas italianas, mientras Mitre observaba que Garibaldi solamente tomaba agua y comía con mucho ajo al estilo genovés. Ambos hombres se encontraron por segunda vez durante el sitio de Montevideo, cuando Garibaldi combatió a Brown. El 17 de noviembre de 1843 tuvieron un tercer encuentro en la batalla de Tres Cruces. Es extraño, pero nunca más estuvieron juntos. En el año 1904 Bartolomé Mitre inauguró la estatua de Garibaldi en Plaza Italia de Buenos Aires.

El 28 de marzo de 1844 Garibaldi participó con sus legionarios en La Boyada. Ambos bandos proclamaron la victoria. Los unitarios no consiguieron ocupar Miguelete, pero durante este encuentro murió el general Nuñez que había desertado desde Montevideo al ejército de Oribe. El 24 de Abril la Legión Italiana y Garibaldi participaron en el ataque de Paz para tratar de rodear las fuerzas de Oribe en Cerrito. Garibaldi tomó un saladero en Machado y lo mantuvo, pero las fuerzas “coloradas” y unitarias no consiguieron aislar al enemigo. Ambos bandos declararon victoria al mismo tiempo otra vez.

La flota de Garibaldi tuvo numerosos éxitos. En agosto de 1844 capturaron el buque argentino Río de La Plata con un cargamento de harina y mercancías. En la noche del 20 de agosto capturaron los mercantes argentinos Josefina y Juanita en las cercanías de Punta Carretas. También capturaron el barco español Rosario pero fue devuelto a sus propietarios. En la noche del 25 de agosto en Buceo capturó el barco argentino María Ana con gran cantidad de mercaderías. En otra ocasión capturó el barco de un comerciante de Paysandú que estaba abasteciendo a Oribe y lo incorporó a su armada rebautizándolo 28 de Marzo.

Además de todas estas exitosas excursiones nocturnas, el 18 de septiembre de 1844 tuvo lugar un combate a plena luz del día y frente a la ciudad de Montevideo. Garibaldi con una flotilla de pequeños barcos entró en combate con el Chacabuco y el Palmar de la armada argentina. Una multitud se reunió en la costanera dando gritos de aliento a su flota, gozando de un fantástico espectáculo que duró cuatro horas. Todo terminó cuando se levantó el pampero y la tormenta produjo más daños a los barcos que los cañonazos intercambiados. Los diarios de Montevideo publicaron las hazañas del valiente Coronel Garibaldi y los de Buenos Aires destacaban la heroica resistencia al ataque del pirata Garibaldi.

Aunque parezca mentira, la calidad de vida en Montevideo aumentó durante la duración del sitio. Florecía la vida cultural con la ayuda de los intelectuales argentinos exilados. Montevideo se llenó de comerciantes de distintas nacionalidades. Se estableció la ense?ñanza obligatoria para todos los niños. La atención a la salud aumentó su calidad con el establecimiento de los hospitales militares, especialmente el de la Legión Francesa. La mayoría de las actividades de la comunidad se hacían con el trabajo voluntario de la población donde, para delicia de los escritores de la época, destacaba la labor de Anita Garibaldi, que durante esta época no peleaba junto a su marido.

El otro lado de la historia que Dumas no mencionaba en su libro, es que en Montevideo vivían algunos blancos que eran secretamente partidarios de Oribe. Pacheco y el comisario Lamas trataban de invidualizarlos para anular las fuentes de información del enemigo. En Mayo de 1843 Lamas detectó que un rico comerciante uruuayo era informante de Oribe. Se llamaba Luis Baena y quiso expulsarlo de la ciudad, pero la comunidad comercial local y estranjera se opuso porque era muy apreciado entre ellos y Pacheco le permitió quedarse en la ciudad. A principios de octubre, Baena comentó a otras personas que si Oribe entraba a la ciudad todos los problemas económicos de Montevideo se solucionarían. Por supuesto que Pacheco se enteró de esos dichos y lo citó para prevenirlo "paternalmente" que no cometa traición a las autoridades de la ciudad. A pesar de esta advertencia Baena escribió una carta muy comprometida a un amigo en el territorio de Oribe y la mandó por medio de un barco que fue interceptado por la flota de Garibaldi. Cuando la carta llegó a Pacheco lo mandó a arrestar y lo condenó a muerte. La comunidad de comerciantes ofreció una gran suma de dinero para la ciudad si le conmutaban la pena, pero la oferta fue rechazada y la ejecución se llevó a cabo a las 7 de la mañana del 17 de Octubre de 1843. Fue la única ejecución por traición durante todo el curso de la guerra y causó gran consternación en la comunidad.

El mayor éxito de la containteligencia de Oribe se produjo en 1844 cuando desertaron los dos vice comandantesde la Legión Italiana, el Coronel Manzini y el Mayor Danuzio, que reportaban directamente a Garibaldi. Explicaron que abandonaban la Legión por admiración a Oribe y por no estar de acuerdo "con el estado de las cosas" en Montevideo.

El 28 de junio de 1844, Manzini y Danuzio le habían ordenado a la Legión Italiana avanzar sobre Cerro, pero la posición a ocupar parecía abandonada por el enemigo y no tuvieron oposición. En ese momento los dos oficiales arengaron a la tropa informándoles su decision de desertar y les pidieron que los acompañen. De los 600 legionarios algunos desertaron y el resto volvieron con la infausta noticia. Las versiones de los hechos y la cantidad de desertores varía mucho e ntre lo publicado por la prensa de Buenos Aires y Montevideo.

Los miembros de la Legión Francesa estaban indignados con la traición de los italianos. Thiebaut, el comandante de los franceses, inmediatamente hizo un gesto a favor de Garibaldi para suavizar las tensiones. Reunió a todos sus oficiales y fueron personalmente a la casa de Garibaldi. Le presentaron entonces un documento firmado por todos, donde le expresaban su “admiración por el valor demostrado por la Legión Italiana”. Garibldi se sintió muy conmovido y el documento se publicó convenientemente en la prensa de Montevideo. Mientras tanto en Buenos Aires, se publicaban declaraciones de Manzini y Danuzio a favor de Oribe, al mismo tiempo que defenestraban la imagen de Garibaldi.

  Nuevo incidente con Brasil

La causa de los colorados de Montevideo sufría más por sus propias divisiones internas, que por la deserción de algunos italianos. Si bien Rivera había sido el héroe de todos los colorados, debido a su completa inactividad desde la derrota de Arroyo Grande, para 1844 ya se estaba produciendo el alejamiento de los seguidores de Pacheco y Orbes.

Alentados por la prensa local, los habitantes de Montevideo estaban esperando un ataque del ejército de Rivera para liberar la ciudad del sitio de Oribe. Como ese rescate no se producía, la influencia de Pacheco era cada día más notable. En septiembre de 1844, el Primer Ministro Vásquez recibió una carta de Rivera donde directamente le ordenaba la destitución de Pacheco. La oportunidad se presentó en noviembre, cuando Garibaldi tuvo otro incidente con el gobierno de Brasil.

Brasil, al igual que Inglaterra, Francia y Estados Unidos tenían barcos de guerra estacionados en Montevideo, para defender a sus ciudadanos durante la guerra con Argentina. La flota brasilera estaba comandada por un marino inglés llamado Grenfell. Algunos de sus hombres bajaron a tierra para tener un poco de diversión. A la hora de volver a bordo, faltaron tres hombres.

Era común que marineros de todas las flotas internacionales desertaran en Montevideo para unirse a la armada de Garibaldi, que era menos estricta en su disciplina y las posibilidades de enriquecerse en un golpe de suerte eran muy promisorias.

Al enterarse que sus marineros habían desertado, Grenfell alegó que uno de ellos llamado Ravena no había desertado, sino que mientras estaba tomando en un bar fue secuestrado por el teniente Botero, uno de los oficiales de Garibaldi. Por su parte Botero alegaba que Ravena había desertado anteriormente de la armada de Montevideo para unirse a la de Brasil y lo había arrestado en territorio uruguayo.

Garibaldi estaba en su buque insignia 28 de Marzo, anclado en el puerto de Montevideo, cuando un oficial brasilero le explicó los sucesos y reclamaba que Ravena fuera devuelto a su barco. Garibaldi se negó y Grenfell le contestó que si en el plazo de una hora no le devolvia a su marinero, lo iba a bombardear allí mismo. Garibaldi se negó rotundamente, puso a todos sus hombres en posición de combate y apuntó con sus cañones a la armada brasilera. Al comenzar el incidente con Grenfell, Garibaldi había llamado al Ministro de Guerra y Marina Pacheco, quien subió a bordo con Garibaldi y lo apoyó entusiastamente. El mismo le contestó a Grenfell que había insultado a la bandera uruguaya con su amenaza.

Grenfell tuvo bastante sangre fría como para no entrar en batalla con los barcos uruguayos en el mismísimo puerto de Montevideo, pero presentó sus quejas al embajador de Brasil en la ciudad y éste las transmitió al Primer Ministro Vásquez. Esto ponía al gobierno de Montevideo en una difícil situación, porque lo último que necesitaba era una guerra con Brasil. La posición de la ciudad era tan débil, que ni siquiera podía aceptar un congelamiento de las relaciones diplomáticas. Aunque el reclamo de Grenfell con respecto a Ravena fuera falso, ambos gobiernos tenían un tratado por el que se comprometían a devolver los desertores entre ellos. Esto no se cumplía en la práctica cotidiana, pero una vez enterado oficialmente del incidente, el Primer Ministro no podía pasar por alto ese tratado.

Vasquez le contestó al embajador brasilero que, a pesar que Grenfell estuvo mal al amenazar a Garibaldi, los tres desertores serían devueltos a los barcos del comandante brasilero.

Cuando Pacheco se enteró de la resolución de su gobierno, todavía estaba en el barco de Garibaldi con toda la adrenalina corriendo por sus venas. Allí mismo redactó su renuncia, acusando a Vazquez y al Presidente Suarez de "viles cobardes y traidores" por someterse a la voluntad de los brasileros. Su renuncia fue aceptada sin hacer más comentarios. Inmediatamente fue reemplazado por el General Bauzá. El pedido que Rivera hiciera dos meses antes se cumplió casi por casualidad, sin querer y sin hacer ninguna planificación previa.

La rapidez y limpieza con que se desprendieron de Pacheco, no era tan fácil de llevarla a la práctica. Los legionarios franceses e italianos, tanto como muchos colorados de Montevideo estaban indignados. Al día siguiente el General Bauzá, Cesar Díaz, Garibaldi y cuatro coroneles fueron a pedirle a Vaaquez que lo reincorpore a Pacheco… pero era notable la ausencia de Thiebaut, el comandante de la Legión Francesa, quien informó a sus fuerzas que "a pesar de que deploraba” el alejamiento de Pacheco, lo aceptaba "en favor del bien público”. Al día siguiente se sumó Flores, enfatizando su “lealtad al gobierno”.

En la mañana del 12 de noviembre, los tres líderes de la Guardia Nacional, Muñoz, Battle y Solsona, le pidieron al presidente Suarez que restituya a Pacheco. El gobierno le ordenó a Flores, arrestar a Muñoz y Pacheco.

A Pacheco lo subieron al buque francés L’African que partió rumbo a Río de Janeiro en una supuesta "misión diplomática". No hubo más arrestos ni resistencias.

Era la mejor chance que se le presentaba a Rivera para volver victorioso a Montevideo. En marzo de 1845 presentó batalla a las fuerzas de Oribe y Rosas en India Muerta. Nuevamente lo derrotaron, tuvo muchas bajas y una gran cantidad de sus soldados cayeron prisioneros y fueron degollados.

Era el tercer año del sitio en Montevideo, sus pobladores ya no tenían ningún apoyo exterior y los dirigentes de la ciudad estaban divididos entre los seguidores de Pacheco y de Rivera. También estaban enfrentadas las legiones Italiana y Francesa. Los Rosistas y los blancos de Oribe alentaban estas dividiones.

  Brown entrega la Flota Argentina a los Británicos

En enero de 1845, Rosas decidió intensificar el sitio a Montevideo. El Almirante Brown anunció que todos los barcos de todas las baderas serían inspeccionados por su flota antes de ingresar o salir de Montevideo. Como era de esperar, el comercio internacional se vió afectado y Francia e Inglaterra decidieron coordinar acciones para intervenir en el interminable conflicto del Rio de la Plata.

William Oudesley el Barón Deffaudis le presentaron a Arana, Ministro de Relaciones exteriores de Rosas, un plan anglo-francés que proponía:

1.  

Que Rosas termine con el sitio a Montevideo y retire a sus tropas del territorio uruguayo.

2.  

Que Rosas reconozca la independencia del Uruguay.

3.  

Que en elecciones libres, el pueblo uruguayo elija su gobierno por mayoría.

4.  

Que Rosas reconozca el nuevo gobierno ya sea que ganen los blancos, los colorados o cualquier otro partido o fracción política.

Rosas reconoció la independencia del Uruguay, porque nunca había estado en disputa, pero rechazó retirar sus tropas, terminar con el bloqueo a Montevideo y que los uruguayos tuvieran elecciones libres. Oudesley y el Barón Deffaudis argumentaron que la posición de Rosas era un absurdo, porque si reconocía la independencia del Uruguay, lo demás era una consecuencia de respetar la soberanía del pueblo uruguayo.

El Embajador Norteamericano Brent intervino como mediador, pero luego de varias reuniones, se rompió el diálogo. Oudesley y el Barón Deffaudis se trasladaron a Montevideo. Brent hizo una declaración pública culpando a los ingleses y franceses por abandonar las negociaciones. La prensa de Estados Unidos acusaba a Inglaterra y Francia por violar a la "Doctrina Monroe"
(1)

Los comandantes navales Inglefield de los ingleses y Lainé de los franceses, conminaron a Oribe para que termine el sitio. El caudillo blanco les contestó indignadamente que no abandonaría las hostilidades contra Montevideo.

Los ingleses le ordenaron a todos los integrantes de la flota de Buenos Aires que fueran de origen británico, que abandonen sus puestos. Esta orden incluía al Almirante Brown, quien decidió retirarse del servicio activo en la Armada Argentina.

El retiro de Brown permitió que la flota anglo-francesa se apoderara sin lucha de los barcos San Martín, General Echague y Maipú, que con todo su armamento y pertrechos fueron entregados a Garibaldi. En el resto de los barcos, mandaron toda la tripulación argentina a Buenos Aires. Al mismo tiempo Brasil se puso del lado anglo-francés y mandó su flota al Río de la Plata, para que se pusiera al mando de los almirantes Inglefield y Lainé.

De pronto, los habitantes de Montevideo estaban sólidamente defendidos. Sus direncias internas ya no importaban tanto, porque podían elegir por mayoría a su propio gobierno, sin importar que fueran de cualquier grupo o partido político. Además quedaban liberados del control argentino sobre su comercio exterior, porque terminó el largo bloqueo marítimo.

Garibaldi contaba con los mejores barcos de la misma flota argentina que lo había vencido en Costa Brava. Los británicos tenían 10 barcos con 1310 hombres y 138 cañones. Los franceses estaban con otros 10 barcos, 2230 hombres y 282 cañones. Los brasileros, aunque nunca entraron en combate, sumaban 8 barcos, 1150 hombres y 146 cañones. Una flota anglo-francesa de diez barcos ocupó el Río Paraná y tomó prisionero un barco argentino para demostrarle a Rosas que dominaban todo el litoral marítimo.

El 20 de noviembre de 1845, en un lugar llamado "Vuelta de Obligado" al sur de Gualeguay y sobre la costa de Buenos Aires, fuerzas terrestres argentinas lucharon contra los barcos invasores. La flota anglo-francesa ganó la batalla y desde entonces controlaron todo el tránsito fluvial, pero como las tropas argentinas pelearon valientemente, cada año se festeja esa fecha como "el día de la soberanía nacional".

Por el otro lado, Rosas tenía mayor número de fuerzas terrestres. Su ejército contaba con 9000 hombres en Uruguay , 12000 en Buenos Aires y otros 3000 en Entre Ríos. El conflicto seguía sin vencidos ni vencedores, por lo tanto sin solución.

La Expedición al Río Uruguay

Montevideo organizó gran expedición al Río Uruguay para recuperar las poblaciones costeras uruguayas que permanecían en poder de las tropas de Oribe. Estaba encabezada por 17 barcos de Garibaldi, apoyados por 5 barcos británicos y otros 5 franceses. La flota uruguaya transportaba 750 soldados de tierra, de los cuales 250 pertenecían a la Legión Italiana y el resto eran ciudadanos uruguayos.

Por primera vez los legionarios italianos usaron una especie de "poncho" primitivo hecho con tela colorada, que se ataba a nivel de la cintura. Ese fue el origen de los legendarios camisas rojas que tanta notoriedad tendrían en Europa. El Almirnte británico Winnington-Ingran describió detalladamente este acontecimiento.

Cuenta el almirante inglés que la Legión Italiana quería diferenciarse del resto de las tropas de tierra, pero el gobierno de Montevideo no tenía suficiente dinero para porveerles un uniforme. Encontraron varios rollos de tela manufacturada localmente para ser exportada a Buenos Aires. El cliente quería hacer los delantales para el matadero de Ensenada y los habían pedido en color rojo para disimular la sangre de los animales sacrificados. Debido al bloqueo y la guerra con Argentina, el negocio no se realizó y las telas quedaron arrumbadas en los depósitos de la fábrica. Era lo único que el gobierno podía ofrecerle a Garibaldi, quien se las ingenió para hacer los famosos "ponchos" al estilo local, pero atados a la cintura.

Jessie White Mario escribió que la Legión Italiana usó por primera vez su "uniforme" rojo el 2 de julio de 1843 durante el desfile en Montevideo que conmemoraba la batalla de Cerro. El color rojo representaba en Europa el socialismo de izquierda. En Buenos Aires era el "color federal" que las damas de Montevideo se negaban a usar. También era el color de las gorras que usaban los simpatizantes del partido colorado uruguayo. Los legionarios de Garibaldi serían conocidos comos "los camisas rojas" en todo el mundo, sin que tuvieran ninguna connotación política ni ideológica. Simplemente era "lo que había" en el momento de su creación.

El 30 de agosto de 1845, Inglefield y Lainé tomaron posición frente a Colonia, a la espera de los barcos de Garibaldi, que arribaron esa misma noche. Colonia era una encantadora ciudad rodeada de agua por dos lados, con bellas casas blancas de estilo colonial español y portugués. En tiempos de paz era el puerto uruguayo desde donde se comerciaba con la ciudad de Buenos Aires. Estaba en poder de las tropas de Oribe desde enero de 1843.

Colonia estaba en poder de los hombres de Oribe desde enero de 1843. El coronel Montero estaba a cargo de la guarnición y se negó a rendirse a Garibaldi. Entonces todos los buques de la flota anglo-francesa más los que había traído Garibaldi comenzaron a bombardear intensamente a la ciudad desde las 7 de la mañana hasta las 10, del 31 de agosto de 1845. La población civil y la mayoría de los soldados abandonaron la ciudad tierra adentro. Algunos, incendiaban sus casas antes de abandonarlas. Otros salieron acarreando algunos muebles y sus posesiones más valiosas.

Los Blancos, dijeron que la propia población destruyó la población antes de abandonarla. Los unitarios acusaron a Garibaldi de saquearla. Los ingleses y franceses casi no participaban de las peleas en tierra. Garibaldi escribió en sus memorias que le pidió a su gente no destruir las propiedades de Colonia. Dumas publicó que los legionarios le obedecieron a Garibaldi, pero éste terminó reconociendo que “un poco de saqueo” ocurrió en la ciudad. La prensa de Argentina publicaba indignados editoriales que Dumas se encargaba de desmentir cuando las noticias llegaban a Europa. Sin embargo, en 1846 hubo un acalorado debate en el parlamento francés. En Portugal se publicaban todos los destrozos que la gente de Garibaldi hizo en la preciosa iglesia de Colonia.

El coronel Lorenzo Batlle quedó a cargo de mantener el sitio de Colonia y la flota de la triple alianza zarpo hacia Martín García. El comandante argentino, coronel Crispo, abandonó la isla y el 5 de setiembre y se retiró hasta San Nicolás con sus escasas tropas, abandonando 19 soldados heridos, que el buque ingles Dolphin llevó hasta Buenos Aires. El 7 de setiembre Garibaldi tomó posesión de la isla.

Garibaldi dejó una dotación de sólo 14 hombres en Martín García y zarpó internándose en el Río Uruguay. El 6 de diciembre llego a la isla Vizcaíno y se apoderó de cinco pequeños barcos argentinos. Mando parte de sus barcos a Montevideo y de dirigió al Norte con el Manuelita y el Juan Isabel y en Yaguarí se encuentra con los hombres de Juan de la Cruz Ledesma que habían sido batidos en India Muerta. Estos soldados le contaron a Garibaldi que las tropas donde participaba Urquiza habían saqueado pacíficos colonos ingleses en Entre Ríos y esta denuncia fue transmitida a Bauzá. Garibaldi salio en persecución de unos veinte soldados y 18 jinetes que tierra adentro estaban escoltando a civiles extranjeros. Los alcanzó y mató a 24 soldados, tomando 8 heridos y 14 prisioneros.

Curiosamente, Garibaldi consideraba amiga a la población en la margen oriental del Uruguay y enemigos a los que habitaban la costa de Entre Ríos. Por lo tanto asaltaba la costa occidental para arrasar caseríos o abastecerse de ganado y otros alimentos.

La sangrienta expedición de Garibaldi en 1845 es recordada por los entrerrianos hasta en la actualidad. No solo se apoderaba de ganado y otros abastecimientos, sino que saqueaba y destruía todas las estancias y caseríos que encontraba a su paso. Garibaldi después negaba que sus hombres saquearan, aunque admitía “algunos excesos”. Es sabido que tomaban todos los vacunos y cabras que necesitaban y rompían los cercos y alambrados, desparramando en los montes a todos los animales que no se podían llevar.

El 17 de septiembre, Garibaldi llegó a la población oriental de Soriano. El día 19 arribó a Fray Bentos, frente a la población entrerriana de Gualeguaychú. Allí se unió al unitario Bernardino Gomes, que tenia 250 soldados.

Al llegar la noche del 19 de setiembre de 1845, Bernardino Gómez guió a Garibaldi y su tropa hacia la ciudad de Gualeguaychú. Llegaron a la medianoche y atacaron a la ciudad dormida, que fue tomada totalmente por sorpresa. Solamente nueve soldados estaban despiertos y fueron reducidos tras una corta pelea. Tres guardianes quedaron heridos, uno de ellos de gravedad y el resto fue hecho prisionero. El comandante Villagra fue capturado en su cama y se lo llevaron en calzoncillos a Garibaldi, que había tomado posesión de la casa de Don Juan González de Cossio por ser mas linda del pueblo y la convirtió en su cuartel central. Todos los hombres adultos fueron hechos prisioneros antes del amanecer.

Garibaldi permaneció 36 horas en Gualeguaychú. Para sus habitantes fueron 36 horas de terror, acerca de las cuales hablan sus descendientes hasta el día de hoy. La familia Lapalma era la más rica del pueblo. Su casa fue tomada para ser usada como “hospital” de los heridos del ejército de Garibaldi. Nadie se explica como nueve soldados entrerrianos pudieron haber producido tantos heridos que ocupaban todas las habitaciones de la inmensa casa, que finalmente fue saqueada sin excusas.

Los hombres de Garibaldi saquearon Gualeguaychú desde el amanecer del 20 de setiembre de 1845 hasta las 3 de la tarde del día siguiente, cuando los invasores abandonaron la ciudad. Comerciantes extranjeros rogaron y finalmente evitaron que Villagra y sus soldados fueran degollados. Cuando se enteraron los unitarios de Montevideo, se disgustaron muchísimo con Garibaldi, porque en aquella época ningún bando dejaba prisioneros vivos. Finalmente se supo que la magnanimidad de Gabibaldi había sido comprada con 400 onzas de oro que le dieron los comerciantes. Años después, en 1851, Urquiza se encontró con Villagra por primera vez en Gualeguaychú. Desde arriba de su caballo le dijo: “Usted no merece mi amistad por haber sido vencido por Garibaldi”. Villagra le contestó: “¡No merezco su amistad! Pero yo estoy peleando por mi país desde que Su Excelencia era amamantado por su madre”… y finalmente ambos hombres se reconciliaron.

El 30 de setiembre Garibaldi arribo a Paysandú, pero sus barcos fueron recibidos con intenso fuego de la artillería de Uribe. Seis de sus hombres murieron y tres resultaron heridos. Garibaldi opto por seguir navegando al norte con sus 19 barcos, 16 de guerra y 3 de transporte. La escuadra de Garibaldi tomo control del tráfico entre Salto y Concordia.

Salto que estaba ocupada por tropas de Oribe. Garibaldi hizo tierra sobre la margen oriental en Hervidero, unos treinta kilómetros al Sur de de Salto y avanzando a pie finalmente entró a la ciudad el 3 de noviembre y procedió a fortificarla. El 23 de noviembre salió con 100 hombres y 200 jinetes para atacar a Lavalleja, que tenía un centenar de jinetes más que Garibaldi. Los Legionarios vencieron y tomaron gran cantidad de prisioneros y un gran botín de armamento y municiones para Garibaldi, que sólo tuvo dos soldados muertos y cinco heridos. Después de esta “batalla”, todos los civiles que acompañaban a Lavalleja volvieron a Salto.

Urquiza terminaba de vencer a Rivera en India Muerta y cuando se dirigía al norte recibió órdenes de ir a sofocar una revuelta en Corrientes. Antes de obedecer, decidió atacar a Garibaldi en Salto. La batalla comenzo el 6 de diciembre con intercambio de artilleria. Urquiza, sin lanzar un ataque total, envio varias partidas para probar las defensas de Garibaldi, que finalmente se encontraron con el ganado del enemigo y lo dispersaron, dejando a Garibaldi sin alimentos, aunque se podia abastecer por el rio, donde tenia el control total con sus barcos.

Las fuerzas de Urquiza sitiaron Salto por tierra durante 18 dias. Finalmente cruzo el rio y se fue a sofocar la revuelta en Corrientes. Sin embargo dejo una fuerza de 700 hombres para continuar el sitio. En la noche del 9 de enero las fuerzas de Garibaldi atacaron por sorpresa a los sitiadores y los vencieron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Continúa...








  Epílogo

Plaza Italia Garibaldi fue un enemigo de la Confederación Argentina que durante la Guerra Grande luchó contra el Almirante Brown bajo bandera uruguaya. Desde el espantoso saqueo a la ciudad de Gualeguaychú, en Entre Ríos quedó el dicho de "Viva Garibaldi Pum" porque su tropa era de gatillo fácil y eso fue lo último que escucharon muchos entrerrianos antes de morir asesinados.

A pesar de todos estos hechos, la ciudad de Buenos Aires le erigió un monumento en Plaza Italia, inaugurado el 19 de junio de 1904.

Por ubicación y tamaño, el monumento a Garibaldi es mucho más importante que cualquier otro levantado en memoria del Almirante Brown, lo cual demuestra hasta que punto los argentinos ignoramos a nuestra propia Historia. El representante de Salta, Indalecio Gómez, en la sesión de la Cámara de Diputados del 13 de agosto de 1897 se opuso en contra del despacho de la mayoría con un largo alegato que terminaba apoyando la idea del doctor O'Farrell:

Navegó hasta Costa Brava, donde libró con Brown un combate, en que nuestro almirante salió vencedor, combate que se registra en los anales de la marina argentina con palabras que no honran a Garibaldi [...] No se podía convenir en la tolerancia excesiva que el coronel Garibaldi dispensaba a sus soldados, quienes se entregaban a toda clase de desórdenes.
Señores: no se puede desconocer la influencia docente de los monumentos públicos y de las estatuas [...] si lo que queréis es demostrar la simpatía de todos los argentinos por los italianos, y por Italia [...] tomad uno, cualquiera, de los grandes hombres que personifican el egregio genio italiano y erigidle una estatua; será la bienvenida, y al pasar por delante de ella todos saludaremos, ¡todos aclamaremos a Italia!
(Ver Documento)

 

[Capítulo 9] [Capítulo 11]



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La Doctrina Monroe había sido aprobada por Estados Unidos en 1823. (Ver Documento) Estaba destinada a impedir que las potencias europeas recuperaran las colonias perdidas en el "nuevo mundo". El slogan del presidente Monroe era "América para los Americanos" y por mucho tiempo justificaba las intervenciones militares norteamericanas en todo el continente. Si bien teóricamente todavía está en vigencia, quedó desacreditada para ser invocada internacionalmente después de la Guerra de Malvinas en 1982. [Volver al Texto]

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Durante toda la Edad media, Italia estuvo dividida por los conflictos militares y políticos entre güelfos (partidarios de la autoridad papal) y gibelinos (que apoyaban al emperador). El desarrollo económico de las ciudades del norte dio lugar a un florecimiento cultural que culminó en el Renacimiento. España, Francia y Austria dominaron temporalmente algunas regiones italianas; Napoleón, incluso, se hizo coronar rey de Italia en 1810. El sentimiento nacionalista se extendió entre los italianos. Garibaldi, Mazzini y Cavour lideraron los movimientos independentistas y en 1861, tras muchos enfrentamientos con Austria y el papado, todas las regiones excepto Venecia y Roma, formaron el Reino de Italia. Diez años más tarde, como consecuencia de la guerra Franco-Prusiana y la Guerra Austro-Prusiana, Roma y Venecia se integraron en el reino. [Volver al Texto]